Un amplio análisis de un total de 35.000 personas adultas que tienen éxito en algún ámbito como el deporte, la música o la ciencia, demuestra que no fueron niños prodigio

Según un nuevo estudio, los niños que son prodigios en algún ámbito como el deporte o la música no suelen serlo en la edad adulta. A su vez, las personas adultas reconocidas en algún ámbito, no suelen destacar desde pequeños. Cuando los expertos realizaron el análisis, solo observaron un 10% de coincidencia entre los niños de alto rendimiento y los adultos de élite.

Arne Güllich, profesor de ciencias del deporte en la RPTU Kaiserslautern en Alemania y coautor del estudio, indica que sí existen niños prodigio que a la edad adulta se convierten en deportistas de élite, pero son una excepción.

El equipo de investigadores indicaron que los años de mayor éxito en los adultos son entre los 20 y los 30 años para los deportes y el ajedrez, y entre los 40 y 50 años para las ciencias y la música. Para el análisis utilizaron datos de casi 35.000 adultos en unas dos docenas de estudios que ya se publicaron.

Este nuevo análisis desafía la idea de que el nivel de élite se alcanza dedicando muchas horas desde una edad temprana a una especialización. Existen muchos negocios para niños especializados con programas competitivos, en los que pueden practicar deportes y otras actividades. Estos programas impulsan a los padres a apuntar a sus hijos para que se especialicen temprano.

Los niños prodigio no alcanzan la maestría con 10.000 horas de práctica

Hay una idea del autor Malcolm Gladwell que se popularizó, que decía que una persona necesita 10.000 horas de práctica para alcanzar la maestría. Esta regla se hizo famosa entre muchos padres, entrenadores y atletas. Ellos se dejan guiar por estas ideas iniciando a sus hijos desde pequeños en un deporte o instrumento musical con tal de convertirles en la próxima estrella, comentó Brooke Macnamara, investigadora de rendimiento humano en la Universidad de Purdue y coautora del estudio.

El análisis también reveló que los adultos de élite a nivel mundial realizaban una variedad de actividades cuando eran pequeños. Además, se especificó que practicaban menos horas en su disciplina específica y más tiempo en otras actividades.

La conclusión, según Güllich, es que hay que animar a los niños a hacer diversas actividades en vez de especializarse solo en una tan temprano. Los resultados de este estudio afirman que realizar dos actividades más, además de la de su disciplina, es lo ideal.

No se trata de probar mil deportes diferentes, ni todos los instrumentos musicales, pero probar diferentes actividades durante la infancia puede hacer que un niño se convierta en un estudiante que se adapte mejor a todo cuando sea mayor.

REFERENCIA

Recent discoveries on the acquisition of the highest levels of human performance