Un estudio con más de 10.000 participantes adventistas encuentra que el consumo habitual de huevos (al menos cinco por semana) se asocia con una reducción del 27% en el riesgo de alzhéimer
El huevo ha tenido una relación tormentosa con la medicina preventiva en las últimas décadas. Prohibido por el colesterol en los años 80 y 90, rehabilitado a partir de los 2000, su reputación nutricional está ahora firmemente en territorio positivo. Un nuevo estudio de la Universidad de Loma Linda publicado en The Journal of Nutrition añade un capítulo importante a esa rehabilitación: el consumo habitual de huevos en personas mayores de 65 años se asocia con una reducción del 27% en el riesgo de desarrollar alzhéimer. La asociación es consistente incluso con frecuencias de consumo modestas y se mantiene al controlar por múltiples factores de confusión incluyendo la dieta global, el nivel de actividad física y el estatus socioeconómico.
La cohorte del estudio: adventistas con décadas de seguimiento
El estudio aprovechó los datos del Adventist Health Study-2, una de las cohortes de salud más ricas y longevas disponibles en la investigación nutricional. Los adventistas del séptimo día tienden a llevar dietas más saludables que la población general (muchos son vegetarianos, la mayoría no consumen alcohol ni tabaco) y han sido seguidos sistemáticamente durante décadas, lo que permite analizar cómo los patrones dietéticos a lo largo del tiempo se asocian con enfermedades de larga latencia como el alzhéimer.
El equipo liderado por Joan Sabaté y Jisoo Oh cruzó los datos de consumo alimentario de más de 10.000 participantes mayores de 65 años con sus registros de diagnóstico de alzhéimer vinculados a Medicare (el sistema de salud federal estadounidense para mayores). El análisis comparó la tasa de diagnóstico de alzhéimer entre cuatro grupos según la frecuencia de consumo de huevos: nunca, 1-3 veces al mes, 2-4 veces a la semana y 5 o más veces a la semana (al menos uno al día).
Los resultados y lo que pueden explicarlos
El grupo con mayor consumo (cinco o más huevos a la semana) mostró un 27% menos de diagnósticos de alzhéimer respecto al grupo que nunca comía huevos, un efecto estadísticamente significativo y clínicamente relevante. Pero la asociación no era solo del grupo de máximo consumo: quienes comían huevos 1-3 veces al mes tenían un 17% menos de riesgo, y los que los consumían 2-4 veces a la semana un 20% menos. La curva dosis-respuesta (más huevos, menor riesgo) refuerza la plausibilidad de la asociación.
El análisis de mediación que el equipo realizó identificó que la colina explica aproximadamente el 39% del efecto protector asociado al consumo de huevos. La colina es un nutriente esencial (que el cuerpo produce en cantidades insuficientes y debe obtener de la dieta) fundamental para la síntesis de acetilcolina, el neurotransmisor más implicado en la memoria y el aprendizaje, y cuya deficiencia es uno de los marcadores más consistentes de la enfermedad de Alzheimer.
Los huevos son la fuente más concentrada de colina disponible en la dieta occidental. El 61% del efecto restante se atribuye a otros nutrientes del huevo: ácidos grasos omega-3, luteína (un carotenoide con propiedades neuroprotectoras), vitamina B12 y proteína de alta calidad. «Los huevos contienen muchos otros nutrientes además de la colina que pueden ayudar a mantener la función cerebral», señaló Mei Chung, una de las autoras.
Las limitaciones que hay que conocer
Los autores son explícitos sobre las limitaciones del estudio. El diseño es observacional: mide una asociación, no una relación causal. Que los consumidores habituales de huevos tengan menos alzhéimer no prueba que los huevos prevengan el alzhéimer; podría ser que quienes comen huevos regularmente comparten otros hábitos de vida no medidos que son los verdaderos protectores. La financiación parcial por parte del American Egg Board (un organismo de la industria avícola) es otro aspecto que los autores declaran con transparencia y que el lector debe tener en cuenta al valorar los resultados.
En España, donde el consumo de huevos es históricamente alto (los españoles consumen de media entre tres y cuatro huevos a la semana), si la asociación es causal, parte de la protección frente al alzhéimer podría estar ya incorporada en los patrones alimentarios tradicionales.
REFERENCIA