Tu estómago decide qué recuerdos conserva tu cerebro, y este nervio tiene la clave

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Un estudio con ratas muestra que las señales que viajan del intestino al cerebro tras una comida nutritiva refuerzan la memoria, mientras que una dieta rica en grasa y azúcar debilita esa conexión con el paso del tiempo.

Comer no solo alimenta al cuerpo, también parece influir en qué momentos del día terminan grabados con más fuerza en la memoria. Un equipo de la Universidad del Sur de California ha identificado una vía de comunicación muy concreta entre el estómago y el cerebro que ayuda a decidir qué experiencias, especialmente las relacionadas con la comida, se convierten en recuerdos duraderos.

Índice
  1. El nervio vago como mensajero de la comida
  2. Una dieta poco saludable deja huella a largo plazo
  3. Qué significa para la alimentación humana

El nervio vago como mensajero de la comida

El equipo, dirigido por Scott Kanoski y publicado en Nature Communications, se centró en el nervio vago, la principal vía de comunicación entre el sistema digestivo y el cerebro. En experimentos con ratas, los investigadores observaron que comer alimentos nutritivos disparaba la liberación de acetilcolina, un neurotransmisor imprescindible para el aprendizaje y la memoria, en neuronas conectadas directamente con el hipocampo, la región cerebral encargada de formar recuerdos.

Curiosamente, beber líquidos dulces con poco o ningún valor nutricional no producía el mismo efecto, lo que sugiere que la señal no depende simplemente del sabor o del placer inmediato de comer, sino de la información real sobre el contenido nutritivo que el estómago envía al cerebro a través del nervio vago.

Una dieta poco saludable deja huella a largo plazo

El hallazgo más preocupante del estudio llegó al analizar qué ocurría con ratas que habían consumido, desde edades tempranas, una dieta rica en grasas y azúcares. Aunque este tipo de comida también activaba con fuerza la respuesta de memoria a corto plazo, la exposición prolongada acababa debilitando la comunicación entre el intestino y el hipocampo.

Lo más llamativo es que ese deterioro no se revertía simplemente volviendo a una alimentación más saludable. Los animales que habían pasado por ese periodo de dieta poco saludable en las primeras etapas de la vida seguían mostrando, más adelante, una respuesta cerebral más débil ante la comida y peores resultados en pruebas de memoria relacionadas con la localización de alimentos, incluso después de corregir sus hábitos alimentarios.

Qué significa para la alimentación humana

Aunque el trabajo se realizó en ratas, la conexión entre el intestino y el hipocampo a través del nervio vago existe también en el ser humano, por lo que los autores plantean que una alimentación pobre en nutrientes durante la infancia o la adolescencia, periodos clave para el desarrollo del hipocampo, podría dejar una huella similar y duradera en la capacidad de formar recuerdos.

El hallazgo añade una pieza más a la creciente evidencia de que el eje intestino-cerebro no solo regula el apetito o el estado de ánimo, sino que participa activamente en procesos cognitivos tan centrales como la memoria, y sugiere que proteger la calidad de la dieta en las primeras etapas de la vida podría tener consecuencias que van mucho más allá del peso corporal o la salud metabólica.

Para llegar a estas conclusiones, el equipo de Kanoski utilizó técnicas de manipulación genética capaces de silenciar de forma selectiva las neuronas del nervio vago implicadas en esta vía de comunicación, sin afectar al resto del sistema nervioso del animal. Cuando esas neuronas se desactivaban, el efecto positivo de la comida nutritiva sobre la memoria desaparecía casi por completo, lo que confirma que la señal vagal, y no otro mecanismo paralelo, es la responsable directa del refuerzo observado en el hipocampo.

Los investigadores destacan que este circuito podría explicar, al menos en parte, por qué los recuerdos relacionados con la comida (dónde y cuándo se encontró un alimento concreto) suelen ser particularmente vívidos y duraderos en la mayoría de los animales, incluidos los seres humanos, ya que reforzar ese tipo de memoria tendría un valor evolutivo claro para localizar fuentes de alimento en el futuro.

Referencia

The vagus nerve promotes memory in rats via nutrient-induced septo-hippocampal acetylcholine signaling

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