¿Quién lleva mejor las infidelidades, los hombres o las mujeres?
Una encuesta encuentra que la insatisfacción de pareja se traduce en una actitud más permisiva hacia el sexo casual con otras personas, sobre todo en los hombres
Parece lógico. Cuando una relación romántica deja de ser satisfactoria, se mira fuera. Lo que no estaba tan claro es por qué unas personas insatisfechas acaban justificando la infidelidad y otras, igual de descontentas, ni se lo plantean. Una encuesta reciente apunta a que la diferencia depende en buena medida de un rasgo de personalidad previo, la comodidad de cada cual con el sexo sin compromiso, y ofrece de paso un pequeño matiz según el género.
De la insatisfacción a tolerar el engaño
El punto de partida encaja con lo que los psicólogos llaman el modelo de inversión del compromiso, según el cual la fidelidad depende del equilibrio entre la satisfacción con la relación, el atractivo de las alternativas y todo lo que hemos invertido en la pareja. Cuando la calidad de la relación baja, ese equilibrio se tambalea. El primer resultado de la encuesta confirma justamente eso: las personas menos satisfechas con su pareja veían la infidelidad con bastante más indulgencia que quienes estaban a gusto. Ahora bien, los propios autores subrayan que no toda persona infeliz termina aprobando el engaño, así que buscaron la pieza que inclina la balanza en unos casos y no en otros.
La pieza que faltaba era la sociosexualidad
Esa pieza tiene nombre técnico: orientación sociosexual. Describe hasta qué punto alguien se siente cómodo con la intimidad física sin un vínculo emocional de por medio. Las personas con una orientación no restringida disfrutan del sexo ocasional sin necesidad de amor o compromiso, mientras que las de orientación restringida necesitan un lazo afectivo profundo antes de la intimidad.
El análisis mostró que la insatisfacción opera a través de este rasgo en lugar de saltar directamente a la aprobación del engaño: una relación pobre se asociaba con una visión más abierta del sexo casual en general, y esa apertura era la que después predecía una actitud más tolerante hacia la infidelidad en concreto. Los investigadores lo llaman una vía mediada, y añaden un factor de nuestro tiempo, las aplicaciones de citas, que mantienen a la vista un catálogo constante de alternativas para quien ya está descontento.
El matiz de género y sus dos lecturas
El género modulaba la fuerza de esa cadena. Según los datos, los hombres partían de una sociosexualidad de media menos restringida que las mujeres, y cuando la calidad de la relación caía se mostraban más proclives que ellas a ver con buenos ojos una aventura fuera. Aquí conviene ser cuidadoso, porque el propio estudio ofrece dos explicaciones distintas y no incompatibles.
La primera es evolutiva y se apoya en la teoría de las estrategias sexuales, que sostiene que hombres y mujeres desarrollaron tácticas de emparejamiento diferentes por sus distintas cargas reproductivas; es una hipótesis influyente, aunque también muy discutida dentro de la propia psicología.
La segunda es puramente sociológica: en muchas sociedades las mujeres afrontan un estigma y unos riesgos sociales y físicos mucho mayores por una relación extramatrimonial, lo que bastaría para explicar una actitud más cauta al margen de cualquier herencia biológica. El estudio mide una diferencia, no su causa última.
Por qué conviene tomárselo con pinzas
Antes de sacar grandes conclusiones sobre la naturaleza humana, toca leer la letra pequeña. La encuesta se hizo en un único momento, de modo que no puede demostrar qué causa qué: es igual de posible que un interés alto por el sexo casual erosione la relación como al revés. Además, mide actitudes y no conductas, y hay un trecho enorme entre justificar una infidelidad en un cuestionario y cometerla, un salto que muchas personas nunca dan por sus valores o por simples circunstancias. La limitación más importante para un lector de aquí es la muestra: 303 adultos de la región de Delhi, en India, la mayoría de entre 18 y 24 años. Las dinámicas de estigma que describe el estudio son muy dependientes del contexto cultural, así que trasladar sus conclusiones sin más a España sería un error.
Con todas esas reservas, queda una lectura útil y nada moralizante. El hallazgo sugiere que la tolerancia al engaño surge de un encaje entre las circunstancias de la pareja y la forma de ser previa de cada persona. La recomendación que extraen los autores apunta menos a vigilar al otro y más a cuidar la relación: atender pronto la insatisfacción y mantener abiertos los canales de comunicación, antes de que el descontento se enquiste. Al final, la fidelidad se parece menos a un rasgo fijo de carácter y más a algo que se cultiva, o se descuida, cada día.
REFERENCIA
- The entwined nature of infidelity and relationship quality: parallels in theory and practice through a moderated mediation analysis (Pandey, Tiwari, Duggal y Khusboo K, Sexual and Relationship Therapy, 2026. DOI: 10.1080/14681994.2026.2651359)
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