Ver televisión encoge el cerebro, sobre todo si eres de esta generación
Un seguimiento de más de mil setecientas personas durante décadas asocia el hábito de ver televisión con frecuencia hacia los cuarenta años con menos volumen cerebral en la vejez.
No todas las formas de estar sentado son iguales para el cerebro. Esa es la conclusión principal de un estudio liderado por Natalia Feter y publicado en la revista Alzheimer's & Dementia, que ha analizado datos del estudio ARIC (siglas en inglés de Riesgo de Aterosclerosis en Comunidades), uno de los seguimientos de salud poblacional más largos de Estados Unidos. Los investigadores compararon los hábitos sedentarios que casi mil setecientas personas declararon tener entre 1987 y 1989, cuando rondaban la mediana edad, con los resultados de resonancias magnéticas cerebrales que se les realizaron entre 2011 y 2013, ya en una edad más avanzada.
No todo el sedentarismo pesa igual
Durante años, buena parte de la investigación sobre sedentarismo y salud se ha centrado en cuánto tiempo pasan las personas sentadas, sin distinguir demasiado qué hacían durante ese tiempo. Este estudio da un paso más allá y compara distintos tipos de comportamiento sedentario entre sí: ver la televisión, permanecer sentado por motivos laborales sin pantallas de por medio, y otras formas de inactividad. El resultado desmonta la idea de que todo el sedentarismo es intercambiable.
Las personas que declararon ver la televisión muy a menudo durante la mediana edad presentaron, décadas más tarde, un menor volumen en los lóbulos frontal y occipital del cerebro, regiones asociadas respectivamente a funciones ejecutivas y al procesamiento visual. También mostraron menor volumen en regiones cerebrales que suelen verse afectadas en las primeras fases del alzhéimer, así como más lesiones de sustancia blanca, unas marcas visibles en la resonancia magnética que se asocian al envejecimiento cerebral, al riesgo de ictus y al deterioro cognitivo.
El dato que sorprendió a los propios investigadores: la tele es peor
Lo más llamativo del estudio es que estar sentado por otros motivos, como el trabajo de oficina sin pantallas, no mostró esa misma asociación con el deterioro cerebral. Según los propios autores, esto sugiere que lo relevante no es tanto la cantidad de tiempo que una persona pasa sentada, sino qué actividad concreta realiza mientras permanece inactiva. Ver la televisión implica un tipo de atención pasiva, poco exigente desde el punto de vista cognitivo, muy distinta de otras formas de sedentarismo que pueden implicar cierto grado de estimulación mental, conversación o concentración.
Este matiz cambia la manera de entender el problema. Durante mucho tiempo, las recomendaciones de salud pública se han centrado casi exclusivamente en reducir el tiempo total sentado, sin distinguir según la actividad. Este estudio apunta a que sustituir la televisión por actividades sedentarias más exigentes cognitivamente, como la lectura o aprender una nueva habilidad, podría marcar una diferencia real para la salud del cerebro a largo plazo, aunque el tiempo total de inactividad física sea similar.
Décadas de distancia entre la causa y el efecto
Una de las fortalezas del estudio es precisamente la distancia temporal entre la medición del hábito (a finales de los años ochenta) y la evaluación del cerebro mediante resonancia magnética (más de dos décadas después). Este diseño permite observar asociaciones a muy largo plazo que resultan casi imposibles de detectar en estudios más cortos, donde apenas ha transcurrido tiempo suficiente para que el deterioro cerebral se manifieste de forma medible.
Con todo, los propios autores recuerdan que se trata de un estudio observacional, lo que significa que no puede demostrar que ver mucha televisión sea, por sí solo, la causa directa de los cambios cerebrales detectados. Es posible que otros factores relacionados con el estilo de vida de las personas que veían más televisión (patrones de sueño, alimentación, nivel de actividad física global) contribuyan también a explicar parte de la asociación observada.
Qué se puede hacer con esta información
Los investigadores sugieren que sustituir el tiempo dedicado a ver la televisión por actividades sedentarias pero cognitivamente más exigentes podría ser beneficioso para la salud cerebral a largo plazo, sin necesidad de eliminar por completo el tiempo de descanso o inactividad física, algo que en la práctica resulta poco realista para la mayoría de las personas.
El mensaje de fondo no es que sentarse sea perjudicial en sí mismo, sino que el contenido de esa inactividad importa tanto como su duración. Frente a la recomendación genérica de moverse más, este estudio añade una capa de matiz: moverse más ayuda, pero también ayuda elegir con criterio qué se hace mientras se está quieto.
Referencia
Feter, N. et al., Associations of distinct sedentary behaviors with cortical, subcortical, and white matter hyperintensity volumes: Evidence from the ARIC study, Alzheimer's & Dementia (2026)
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