De las 300 millones de toneladas métricas de plástico que se usan cada año, solo se recicla el 3%, una cantidad muy similar a la que termina en los océanos del planeta. El resto tarda unos 250 años en desaparecer.

Si tenemos en cuenta que la mitad del plástico que consumimos (con un peso equivalente a 25 millones de elefantes) es de un solo uso, es más que obvio que hay que comenzar a reciclar. Y las grandes empresas tecnológicas, no deberían ser ajenas a ello.

En este sector, uno de los más comprometidos en desarrollar un producto sostenible, ha sido HP. El Elite Dragonfly, por ejemplo, es el primer ordenador portátil del mundo que incorpora en su fabricación plásticos recuperados del océano. Más allá de sus prestaciones (acordes con la gama alta de la mayoría de los fabricantes, un peso de menos de un kilo y una batería que aseguran dura más de 24 horas), el Elite Dragonfly, es uno de los tres primeros pasos que ha dado HP con la intención de crear un portátil lo más sostenible posible.

Hasta la fecha, HP ha recuperado más de 35 millones de botellas de plástico, más de 450 toneladas, que terminaría en los océanos, de las playas de Haití. Las tareas de recogida comenzaron en marzo de 2017 y lo reciclado comenzó a usarse en 16 componentes de la pantalla Elite. El objetivo de HP es incluir el plástico reciclado en todos los nuevos ordenadores de sobremesa y portátiles HP Elite y HP Pro que se lanzarán en 2020, de modo que se utilice 30% de plásticos reciclados en todos los productos en 2025, en lugar del 7% actual.

Este no es el único intento de HP de lanzar un producto que solo sea metal y plástico. Allí están el HP Envy Wood, un portátil con acabados en madera de nogal y el Specter Folio 13, un convertible (tablet y portátil) con acabado de cuero.

 

Pero no solo se trata de desarrollar un producto final más sostenible. También debe ser más duradero (tanto en el aspecto tecnológico, mediante módulos o actualizaciones remotas, como en lo que a resistencia respecta), más fácil de reciclar y todas las etapas de fabricación deben estar implicadas, algo que crea un impacto más positivo que hacer un edificio de oficinas “verde”. Y es que según el informe del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente titulado Delitos de desperdicio, en 2017 se tiraron a la basura más de 50 millones de toneladas de desechos electrónicos, principalmente ordenadores y teléfonos.

Algunas marcas son consientes de ello. La misma HP tiene como objetivo el reciclaje de 1,2 millones de toneladas de hardware y suministros para 2025 y ya han llegado a las 395.200 toneladas en dos años. Lenovo también tiene un programa similar que les ha permitido reciclar hasta el 91% de las más de 30.000 toneladas recibidas.

Queda mucho por hacer, tanto en el uso de materiales peligrosos, como en la eficiencia de las baterías, pero la intención de usar procesos más sostenibles en la tecnología, ha comenzado.