Este mundo de lava pierde una masa equivalente al Everest cada 30 horas y su cola de polvo mide 9 millones de kilómetros.

Los planetas rocosos, como la Tierra o Mercurio, están hechos principalmente de silicatos y metales. Al estar demasiado cerca de su estrella, pueden calentarse tanto que su superficie se funde en lava. Si su gravedad es débil, este material puede evaporarse al espacio, formando una “cola” parecida a la de los cometas. Estos planetas desintegrándose son rarísimos, y ofrecen pistas únicas sobre la composición interna de mundos lejanos.

Astrónomos del MIT han detectado un planeta que literalmente se está deshaciendo en tiempo real. Situado a unos 140 años luz de la Tierra, este mundo rocoso y abrasador —bautizado como BD+05 4868 Ab— está perdiendo masa a un ritmo tan extremo que genera una cola de polvo similar a la de un cometa, que se extiende hasta 9 millones de kilómetros. Y todo esto sucede mientras completa una órbita cada 30,5 horas, en un recorrido tan pegado a su estrella que lo convierte en uno de los mundos más extremos conocidos.

“Nos hemos topado con este planeta en pleno proceso de evaporación. Literalmente lo estamos viendo morir”, comenta Avi Shporer, científico del Instituto Kavli del MIT y parte del equipo detrás del descubrimiento. “Es como si estuviésemos presenciando su último aliento”.

El planeta fue identificado gracias a datos del satélite TESS (Transiting Exoplanet Survey Satellite), una misión dirigida por el MIT que observa estrellas cercanas en busca de pequeñas variaciones en su brillo causadas por el tránsito de planetas. Pero este caso era distinto: la luz de su estrella no descendía de forma regular, sino que mostraba fluctuaciones que no cuadraban con la señal típica de un exoplaneta. Lo que vieron fue una señal cada 30,5 horas, pero con un oscurecimiento de la luz que tardaba más de lo normal en volver a la normalidad. Además, la forma de esa señal cambiaba cada vez, como si lo que pasara delante de la estrella no tuviera siempre la misma forma.

“El perfil del tránsito era más parecido al de un cometa, con una cola muy larga”, explica Marc Hon, investigador posdoctoral del MIT. “Pero no se trata de hielo o gas, como en los cometas de nuestro sistema solar. Estamos hablando de polvo mineral que se desprende de la superficie del planeta debido al calor brutal que recibe de su estrella.”

De hecho, los investigadores calculan que la temperatura en su superficie ronda los 1.600 grados Celsius, suficiente para fundir minerales y permitir que se evaporen, escapando al espacio y formando una cola de polvo visible desde la Tierra. Esta cola, al estar compuesta por granos minerales, persiste el tiempo suficiente como para interferir con la luz de la estrella en cada tránsito.

Con una masa estimada entre la de Mercurio y la de nuestra Luna, BD+05 4868 Ab tiene una gravedad muy débil. Eso significa que le cuesta retener cualquier material que se evapore, lo que da lugar a un ciclo de destrucción acelerada: cuanto más pierde, menos gravedad tiene para contener su propia materia, y más rápido se desintegra. A este ritmo, los astrónomos estiman que el planeta podría desaparecer por completo en uno o dos millones de años, lo cual es un abrir y cerrar de ojos en términos cósmicos.

Hasta ahora, los científicos solo conocían tres otros planetas en pleno proceso de desintegración, todos descubiertos hace más de una década con el telescopio espacial Kepler. Pero BD+05 4868 Ab supera a todos ellos: tiene la cola más larga y provoca las señales de tránsito más profundas, lo que sugiere una evaporación mucho más violenta.

Lo más prometedor es que este planeta orbita una estrella relativamente brillante, lo que lo convierte en un objetivo ideal para observaciones con el telescopio espacial James Webb (JWST). Este verano, Marc Hon y el estudiante de doctorado Nicholas Tusay, de la Universidad Estatal de Pensilvania, liderarán una campaña de observación con el JWST para analizar la composición del polvo del planeta.

“Es una oportunidad única para estudiar directamente el interior de un planeta rocoso”, dice Hon. “Podría decirnos mucho sobre la diversidad y la posible habitabilidad de mundos fuera de nuestro sistema solar”.

Y el equipo no piensa detenerse aquí. Ya están explorando los datos de TESS en busca de otros candidatos a planetas que se estén desintegrando. Según Shporer, “estos objetos son extraños, y su señal cambia con el tiempo, lo que los hace difíciles de detectar. Pero es precisamente lo que ahora nos interesa buscar”.

Así que, mientras este pequeño mundo se deshace al ritmo de una montaña por día, los astrónomos se frotan las manos con las posibilidades científicas que ofrece su trágico final.

REFERENCIA

A Disintegrating Rocky Planet with Prominent Comet-like Tails Around a Bright Star

Imagen: Un planeta en desintegración orbita alrededor de una estrella gigante. «La extensión de la cola es gigantesca, de hasta 9 millones de kilómetros», explica Marc Hon, investigador postdoctoral del Instituto Kavli de Astrofísica e Investigación Espacial del MIT. Crédito: José-Luis Olivares, MIT