¿Qué pasa cuando se elimina el flúor del agua potable? Más caries infantiles, más tratamientos invasivos y un claro retroceso en salud pública. Calgary (Canadá) y Juneau (EE. UU.) son dos ciudades que lo comprobaron en carne propia.

Durante años, el flúor en el agua ha sido una de las estrategias más eficaces y económicas para prevenir la caries dental en países como EE.UU., Argentina, Francia, Gabón, Libia, México, Sri Lanka, Tanzania y Zimbabue. En España, solo cuatro comunidades autónomas añaden flúor al agua y, en el caso de Euskadi, se está evaluando dejar de hacerlo.

En EE.UU. la cuestión también es local, y depende de los estados y las ciudades. No todos los municipios lo han mantenido. Algunas ciudades decidieron eliminarlo, y ahora los investigadores tienen la oportunidad de medir las consecuencias.

En Calgary (Canadá), la fluoración se suspendió en 2011. En Juneau (Alaska), se eliminó en 2007. Años después, estudios independientes han mostrado un aumento significativo de caries en niños, con más tratamientos dentales, más procedimientos invasivos e incluso más anestesias generales en el dentista. Para quienes defienden el fin del flúor, estos datos son incómodos. Para los dentistas y profesionales de la salud pública, son una confirmación de lo que temían.

Más caries, más intervenciones, más coste

El dentista pediátrico Warren Loeppky lleva 20 años trabajando en Calgary. En la última década, ha visto un aumento en la gravedad de las caries infantiles. Algunos niños llegan a necesitar anestesia general para poder tratarse. «Es devastador ver a un niño pequeño sufrir por algo que es tan fácil de prevenir», afirma.

La investigadora Lindsay McLaren, de la Universidad de Calgary, comparó la salud dental de niños de segundo grado en Calgary y en Edmonton, una ciudad similar donde sí se mantiene la fluoración. ¿El resultado? En Calgary, el 65 % de los niños tenía caries. En Edmonton, el 55 %. Parece una diferencia pequeña, pero es estadísticamente significativa y, según McLaren, “bastante grande” a nivel de población.

Y no solo eso. Otro estudio de 2024 reveló que en Calgary se realizan más intervenciones con anestesia general por caries que en Edmonton: 32 frente a 17 por cada 10.000 niños. Para los dentistas, como el periodoncista Bruce Yaholnitsky, estos datos no fueron una sorpresa: “La diferencia se ve en consulta cada día”.

En el caso de Juneau, el análisis lo dirigió Jennifer Meyer, investigadora en salud pública de la Universidad de Alaska. Tras revisar los datos de Medicaid, su equipo detectó que, tras la interrupción de la fluoración, el número medio de tratamientos dentales por niño menor de seis años subió de 1,5 a 2,5 en solo una década. El gasto por niño también se disparó. Para Meyer, esto equivale a “un impuesto oculto” que recae sobre toda la comunidad.

Una polémica que continúa, pese a la evidencia

El flúor lleva décadas generando debate. Hay quien lo ve como una intervención sanitaria efectiva. Otros lo consideran una “medicación forzada”. En los últimos años, se han publicado estudios que asocian niveles muy altos de flúor (más de 1,5 mg/L) con posibles efectos neurológicos. Pero las concentraciones recomendadas por los CDC (centros de control de enfermedades de EE.UU.) de 0,7 mg/L, están muy por debajo de esos niveles.

Aun así, la presión política ha crecido. Utah prohibió recientemente la fluoración. En EE. UU., muchos municipios están reabriendo el debate, influenciados por la desinformación o por interpretaciones distorsionadas de los estudios. Pero en Canadá, al menos en Calgary, la ciencia ha tenido peso: en 2021, el 62 % de los votantes aprobó volver a añadir flúor al agua.

“Más personas votaron por el flúor que por el alcalde”, bromea Meyer. “Eso ya es un dato”.

REFERENCIA

NTP monograph on the state of the science concerning fluoride exposure and neurodevelopment and cognition: a systematic review.