La decisión podría eliminar los únicos satélites federales diseñados para medir gases de efecto invernadero. Científicos califican la medida como absurda y peligrosa para la lucha climática.
En una decisión que ha generado indignación entre científicos y legisladores, la Casa Blanca ha ordenado a la NASA destruir dos satélites que han sido fundamentales para monitorear el cambio climático. Según informó NPR, se trata de los Orbiting Carbon Observatories (OCO), los únicos satélites federales específicamente diseñados para medir los niveles globales de dióxido de carbono y evaluar la salud de los cultivos.
Estos satélites, cuyo desarrollo y operación han costado millones de dólares, proporcionan datos esenciales no solo para la comunidad científica, sino también para agricultores y empresas del sector energético. La información que generan ha sido catalogada como de “calidad excepcional” en una revisión oficial de 2023, que recomendó mantener la misión al menos tres años más.
Sin embargo, a pesar de su valor científico y económico, el gobierno de Donald Trump ha solicitado a la agencia espacial que prepare un “plan de terminación” para ambas misiones. Una de ellas es un satélite autónomo que, de seguir la orden, sería redirigido a desintegrarse en la atmósfera terrestre. La otra está acoplada a la Estación Espacial Internacional.
David Crisp, el científico de la NASA que diseñó los instrumentos de medición y lideró la misión hasta su jubilación en 2022, confirmó que ha recibido consultas “muy específicas” por parte de personal que trabaja en la planificación de su desactivación. “No podían decirme directamente que se trataba de una orden, pero las preguntas que me hacían solo tienen sentido si alguien les pidió que planificaran cómo acabar con la misión”, afirmó Crisp en declaraciones a NPR.
Para Crisp, la decisión no tiene sentido alguno: “No es económicamente razonable cancelar misiones de la NASA que están proporcionando datos increíblemente valiosos”. Según el científico, el mantenimiento de ambas misiones cuesta unos 15 millones de dólares al año, una cifra mínima comparada con el presupuesto total de la agencia, que asciende a 25.400 millones de dólares.
La medida ha sido interpretada por muchos como un nuevo intento de la administración Trump por debilitar las políticas y herramientas de vigilancia climática. Durante su primer mandato, Trump retiró a Estados Unidos del Acuerdo de París y recortó sistemáticamente los fondos para programas ambientales. Ahora, su vuelta al poder parece seguir el mismo patrón, con un presupuesto propuesto que eliminaría múltiples proyectos de observación terrestre.
“Eliminar los fondos o reducir las operaciones de satélites que observan la Tierra sería catastrófico”, advirtió la congresista Zoe Lofgren, miembro destacado del Comité de Ciencia, Espacio y Tecnología de la Cámara de Representantes. “Eso perjudicaría gravemente nuestra capacidad para prever, gestionar y responder a desastres climáticos y meteorológicos”.
El senador Chris Van Hollen también criticó la propuesta presupuestaria del Ejecutivo, señalando que el Congreso ya había rechazado recortes que “habrían devastado la ciencia de la NASA en un 47% y terminado con 55 misiones en operación o planificación”.
Mientras tanto, la comunidad científica se muestra alarmada. La eliminación de estos satélites dejaría a Estados Unidos sin herramientas precisas para rastrear la evolución del CO₂ atmosférico, justo cuando los efectos del cambio climático se vuelven más visibles y devastadores. “Estamos hablando de perder nuestra capacidad de liderazgo en la ciencia del clima desde el espacio”, concluyó Crisp.
Por ahora, no está claro si la NASA acatará la orden o si el Congreso logrará bloquearla. Lo que sí es evidente es que la eliminación de estas misiones sería un golpe muy duro al conocimiento científico y a la lucha contra el cambio climático.