Un estudio con menores que viven el conflicto de Israel y Palestina muestra que la violencia del entorno se transmite al interior de la familia, y pasa de una generación a otra, incluso después de que termina la guerra

El conflicto entre Israel y Palestina es una gran tragedia que abarca décadas, pero también nos está dando a entender cómo afecta la violencia y el trauma a las familias que lo sufren. Al estar expuestos a la violencia constante y vivir situaciones de gran estrés, hay más posibilidades de que el trauma que ha sufrido la familia se empiece a transformar en actos violentos dentro del núcleo familiar.  Los niños que crecen en estas familias no solo viven la violencia política de un estado, sino también la de su familia, aun después de que haya terminado el conflicto.

Vivir un alto nivel de violencia política causa un trauma en las personas que suele derivar a actitudes duras y agresivas

Esta agresividad se transmite a través de la familia, es decir, si los adultos toman esta actitud los niños aprenderán estos mismos actos y seguirán el mismo camino. Estar expuestos a un conflicto de esta intensidad provoca un alto nivel de estrés que con el tiempo se acaba transformando en agresividad entre los padres. Pueden ser actos verbales como gritar o violencia física como golpear. Además, también se vuelven más estrictos y disciplinados, lo que provoca en los niños una tendencia a comportarse de forma agresiva.

El conflicto de Israel y Palestina como entorno de violencia

El investigador Paul Boxer, del Instituto de Investigación Social de la Universidad de Michigan, estudió a más de 1.000 jóvenes israelíes y palestinos de 8, 11 y 14 años, entre 2007 y 2015. Así pudo demostrar que los altos niveles de estrés provocados por el conflicto político pueden extenderse en la familia y finalmente afectar el desarrollo de los más pequeños.

En otros estudios se había analizado cómo la violencia afectaba a las familias y a los niños, pero no se había estudiado cómo afectaba la violencia constante en un hogar a causa de un conflicto armado. Las guerras, incluso cuando ya han terminado hace años, se quedan en los hogares de las familias. La violencia impacta la psicología de las familias y eso repercute en sus actos. Un entorno más violento influye en la forma en la que los adultos se comportan entre ellos y, a su vez, la relación que tienen con sus hijos.

La violencia afecta a todas las áreas de la vida de un niño

Cuando se realizó este estudio, se registraron un total de 200.000 personas muertas en conflictos armados en todo el mundo. El conflicto israelí-palestino registró un total de 5.500 personas fallecidas de las cuales un 21% eran menores de edad. La violencia política afecta de cerca a todas las áreas de la vida de un niño.

La violencia y sus efectos sobre la salud física y mental

Esta nueva investigación también demuestra que cuando las familias carecen de una buena alimentación y de empleo a causa de la guerra, esto añade un nuevo nivel de estrés. A pesar de haber realizado este estudio 10 años antes del actual conflicto en Gaza, se prevé que las familias afectadas en el pasado sufrirán una intensificación del estrés por la situación actual.

Estos resultados demuestran la urgente necesidad de encontrar un programa que ayude a los padres a mejorar y fortalecer su salud mental para, de este modo, reducir las agrersiones dentro del ámbito familiar y promover la resolución de problemas sin violencia. Así, con el tiempo, se ayudará a resolver estos conflictos dentro de la familia y a romper el círculo de trauma y violencia que va pasando de generación en generación.

Según los investigadores, el programa de ayuda para estas familias podría incluir actividades y enfoques que ayuden a mejorar la relación entre padres e hijos y la educación de los más pequeños. Estas ayudas deberían incluir a grupos de familias enteras, no solo a niños, para poder solucionar los conflictos de raíz.

REFERENCIA

Political violence exposure and youth aggression in the context of the social ecological systems and family stress models: A four-wave prospective study of Israeli and Palestinian youth