Un hongo negro de Chernóbil prospera donde casi nada más sobrevive convirtiendo la radiación en energía útil para crecer

Es el gran desastre nuclear de los años 80, pero, desde los años noventa, Chernóbil es también un laboratorio abierto sobre cómo la vida resiste a la radiación. Allí, varios equipos han dscubierto hongos muy melanizados que no solo toleran dosis altas de radioactividad, sino que también crecen orientándose hacia el grafito y la partículas radiactivas, un comportamiento llamado radiotropismo.

Igual que el fototropismo hace que las plantas crezcan en dirección a la luz, el radiotropismo hace a este hongo buscar la radiación. Los estudios posteriores proponen que la melanina, el pigmento que también oscurece nuestra piel, podría transformar parte de esa radiación en energía química aprovechable, una idea bautizada como radiosíntesis, en lugar de fotosíntesis. La idea no es descabellada: la luz también es radiación electromagnética, aunque de menor intensidad.

Cómo aguanta el hongo negro de Chernóbil la radiación

En 1997, durante las primeras incursiones al edificio del reactor, la microbióloga ucraniana Nelli Zhdánova encontró techos ennegrecidos por mohos que no solo soportaban los altos niveles de radiación, sino que estaban prosperando. En las muestras del suelo del área ya había visto que algunas hifas crecían hacia fuentes emisoras de radiactividad. Ese giro activo hacia la radiación se confirmó con placas y contadores que descartaban el carbono del grafito como cebo nutritivo.

En 2007 un grupo del Albert Einstein College of Medicine demostró que la melanina cambia sus propiedades electrónicas cuando recibe radiación ionizante. En laboratorio, hongos “negros” como Cryptococcus neoformans, Wangiella dermatitidis y Cladosporium sphaerospermum mostraron un aumento de actividad metabólica y más biomasa bajo radiación, siempre con nutrientes muy limitados. La hipótesis es que la melanina facilita transferencias de electrones y, con ello, parte del metabolismo se «alimenta» de la radiación.

Proteger a los astronautas de la radiación con hongos

En la Estación Espacial Internacional, una fina capa de Cladosporium sphaerospermum atenuó la dosis medida de radiación alrededor de un 2,4% al final del ensayo, frente al control. Es poco, pero demuestra capacidad real de blindaje por unidad de espesor, que aumentaría con capas más gruesas o combinadas con regolito marciano. Esto permitiría proteger a los astronautas de la radiación durante los viajes o estancias en el espacio, o en las futuras colonias de Marte. Además, el material «crece solo» y se regenera, algo útil en misiones largas.

¿Los hongos «comen radiación» sin más? No exactamente. Algunos experimentos no vieron aumentos de tasa de crecimiento en especies y condiciones concretas, aunque sí cambios de pigmentación, un recordatorio de que decir «hongos» abarca una diversidad enorme y que no todos sirven. La radiosíntesis no sustituye a los nutrientes de toda la vida, sino que añade una vía de energía que podría marcar la diferencia cuando la comida escasea, como ocurre en los rincones más irradiados de Chernóbil.

La melanina, por su parte, ha mostrado aplicaciones más allá del escudo viviente para los viajes espaciales. En 2025, un estudio en PNAS observó que incorporar melanina fúngica a ciertos polímeros aumentaba su estabilidad estructural y capacidad de protección frente a radiación, una pista para diseñar recubrimientos o materiales híbridos con funciones de blindaje. Esta línea conecta con otra promesa recurrente: la biorremediación de zonas contaminadas, donde comunidades fúngicas podrían inmovilizar radionúclidos y reducir riesgos, aunque trasladar el fenómeno del tubo de ensayo al terreno exige años de seguimiento y control ambiental.

También conviene separar titulares de hechos. Nadie ha demostrado que estos hongos aceleren la desintegración radiactiva ni que vivan solo de radiación. Lo que sí sabemos es que ciertos melanizados orientan su crecimiento hacia fuentes emisoras y que, bajo radiación, su melanina facilita reacciones de transferencia electrónica que pueden traducirse en más metabolismo y algo más de biomasa, sobre todo cuando los nutrientes son escasos. En un lugar devastado como Chernóbil, ese plus de energía puede explicar su éxito relativo. La naturaleza, otra vez, convierte lo hostil en oportunidad.

REFERENCIA

Ionizing Radiation Changes the Electronic Properties of Melanin and Enhances the Growth of Melanized Fungi