Un estudio analiza las consecuencias de tener poco sexo, definido como menos de una vez por semana, y encuentra un mayor riesgo de morir por cualquier causa, especialmente cuando hay depresión.

Ya quedan pocas dudas de que el sexo frecuente mejora la salud mental y física. Desde hace décadas los estudios sobre han encontrado relaciones entre la vida sexual y marcadores de bienestar, desde mejor estado de ánimo hasta marcadores cardiovasculares más favorables. También han surgido resultados contradictorios, sobre todo por los sesgos a la hora de recordar cuánta actividad sexual tiene la gente. Puede haber mala memoria, pero también vergüenza o, al contrario, ganas de fanfarronear. Por eso es difícil encontrar relaciones sólidas entre tanto ruido, y es lo que este estudio, con una muestra grande y representativa, de más de 14.000 adultos en EE.UU., ha intentado resulver.

El equipo analizó datos de la encuesta NHANES, que en inglés significa National Health and Nutrition Examination Survey, y que combina entrevistas y exámenes físicos de la población en EE UU. Incluyeron a personas de 20 a 59 años y las siguieron durante años a través de registros de mortalidad.

La variable clave fue cuántas veces mantuvieron relaciones en el último año. Los autores utilizaron distintos modelos para estimar el riesgo relativo de morir, y ajustaron por edad, nivel educativo, consumo de tabaco, consumo de alcohol, actividad física y otros factores determinantes de la salud.

Las mujeres sufren más las consecuencias de tener poco sexo

El resultado que más llama la atención aparece en mujeres. Quienes reportaron menos actividad, por debajo de una vez por semana, mostraron un aumento del 70% en el riesgo de muerte por cualquier causa en comparación con quienes tenían sexo al menos semanalmente. La relación siguió un patrón dosis-respuesta, es decir, a menor frecuencia mayor riesgo. En hombres no observaron el mismo efecto global, una asimetría que el estudio no puede explicar del todo y que obliga a interpretarlo con cautela.

El trabajo también exploró cómo interactúa la depresión. Para medirla usaron un cuestionario validado de síntomas. En el conjunto de participantes con depresión, tener pocas relaciones, menos de 52 al año, se asoció a un riesgo de muerte casi tres veces mayor que en quienes mantenían una frecuencia igual o superior. El número impresiona y sugiere que la actividad sexual podría amortiguar parte del impacto negativo de la depresión sobre la salud general, aunque el estudio no demuestra mecanismos biológicos.

¿Por qué podría suceder esto? La literatura previa propone varias vías. La actividad sexual suele acompañarse de picos de oxitocina y endorfinas que reducen el estrés y mejoran el sueño. También incrementa el gasto energético y, en parejas estables, puede correlacionarse con hábitos más saludables. En mujeres, algunos trabajos apuntan a efectos protectores cardiovasculares y sobre marcadores inflamatorios. Son hipótesis razonables, no pruebas definitivas. Este trabajo no midió hormonas ni inflamación, por lo que no puede confirmarlas.

El problema de medir la intimidad

La frecuencia sexual se recoge por autoinforme, y todos tendemos a recordar regular cuando hablamos de intimidad. Además, se trata de un estudio observacional. Eso significa que encuentra asociaciones, pero no puede afirmar que aumentar el sexo reduzca el riesgo de morir. Puede haber factores no medidos que expliquen la relación. Aun así, el análisis controló por variables demográficas y clínicas relevantes, y los autores replicaron el hallazgo en varios modelos, lo que le da consistencia estadística.

También es clave evitar extrapolaciones simplistas. El estudio no recomienda una cifra mágica universal. Tampoco sugiere que más siempre sea mejor para los hombres. De hecho, en algunos análisis secundarios, una actividad muy elevada se relacionó con peores resultados en varones, quizá por perfiles de riesgo distintos o por condiciones de salud subyacentes.

¿Qué nos llevamos entonces? La sexualidad forma parte de la salud. Preguntar por la vida sexual en la consulta del médico tiene sentido, igual que preguntar por el sueño o el ejercicio. En mujeres, sobre todo si existe depresión, mantener una vida sexual activa podría asociarse a mejores resultados a largo plazo. Falta saber cuánto influye la intimidad en sí y cuánto corresponde a las personas que tienen un estilo de vida más saludable.

REFERENCIA

Connection Between Depression, Sexual Frequency, and All-cause Mortality: Findings from a Nationally Representative Study