Las alcantarillas, esa parte invisible de la ciudad, son un factor de riesgo para el cambio climático mucho más importante de lo que se pensaba hasta ahora

Cuando caminamos por las calles de cualquier ciudad no solemos detenernos a pensar qué es lo que ocurre bajo las pesadas tapas de metal de las alcantarillas. Un nuevo estudio internacional, liderado por la Universidad de la Ciudad de Hong Kong (CityUHK), ha revelado que estas redes de transporte de residuos han estado ocultando un gran problema para el cambio climático.

Los organismos internacionales de referencia, como el IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), llevan años asumiendo que las alcantarillas apenas emiten metano, asignándoles “cero emisiones” en los inventarios oficiales, una idea basada en que el agua residual pasa relativamente poco tiempo en la red, y apoyada por la dificultad de medir lo que ocurre bajo tierra, suponiendo que las alcantarillas eran una fuente casi nula de gases de efecto invernadero.

Este nuevo estudio, publicado en Nature Water, ha cuestionado esta idea, basándose en que las aguas residuales contienen mucha materia orgánica biodegradable y que dentro de las tuberías hay ambientes sin oxígeno, es decir, poca luz, poco oxígeno y mucha materia orgánica, los ingredientes perfectos para que los microorganismos produzcan metano. Según su análisis, las alcantarillas de todo el mundo emiten entre 1,18 y 1,95 millones de toneladas de metano al año, una cifra que las convierte en un peligro climático mucho más importante de lo que se pensaba.

20 años de investigación subterránea: un modelo de medición global

El equipo dirigido por el profesor Yuan Zhiguo ha dedicado dos décadas a desentrañar este misterio. Los investigadores desarrollaron la primera herramienta aplicable a escala global para estimar emisiones de metano en redes de alcantarillado, partiendo de un modelo previo, SeweX, que simula procesos físicos, químicos y biológicos dentro de las tuberías, incluyendo la formación de sulfuro de hidrógeno, causante del mal olor y la corrosión, y el metano.

A partir de ahí, recopilaron datos de redes reales en Australia para calibrar el modelo y después simularon casi 3.000 escenarios distintos de tuberías, pendientes y caudales, además validaron los datos obtenidos con esta herramienta en 21 ciudades de Australia, Estados Unidos, China y Bélgica.

Descubrieron que las emisiones no son aleatorias, sino que dependen de factores fáciles de medir como el tamaño de la tubería, su pendiente, la temperatura del agua y el flujo de los residuos, creando como resultado un modelo simplificado de medición basado en estos parámetros, lo que significa que ya no hace falta empezar de cero para estimar cuánto metano puede escapar de una red urbana.

El metano acelera el cambio climático

El metano es el segundo gas de efecto invernadero más importante, después del CO2, y es el responsable de casi el 45% del calentamiento neto actual producido por actividades humanas, aunque permanece menos tiempo en la atmósfera que el dióxido de carbono, tiene una gran capacidad para absorber el calor, por es importante reducir sus emisiones y que una infraestructura tan común y extendida como el alcantarillado contribuya de forma significativa al cambio climático supone un grave riesgo para el medio ambiente.

La estimación de este estudio de entre 1,18 y 1,95 millones de toneladas de metano cada año generadas por los alcantarillados en todo el mundo supone entre un 16% y un 38% añadido a la huella de carbono total de la gestión de aguas residuales, lo que representa hasta un 3,3% de todo el metano producido por el sector de los residuos.

A medida que las ciudades crecen, también lo hacen sus redes de alcantarillado y crece el problema, el primer paso ha sido identificar el problema, el siguiente sería combatirlo, a través de la integración de esta herramienta en las directrices internacionales para conocer la magnitud del problema y empezar a controlarlo, buscando alcanzar un informe de “cero emisiones” real.

REFERENCIA

Estimating methane emissions from global sewer networks