Un nuevo estudio indica que el aspartamo es dañino, reduce la grasa pero empeora el estado fisiológico del corazón y del cerebro de los ratones

El aspartamo es un edulcorante que se emplea en muchos alimentos en todo el mundo y es entre 150 y 200 veces más dulce que el azúcar. Se descubrió en 1965 por James M. Schlatter de manera accidental mientras trabajaba en una droga contra las úlceras.

El aspartamo ha sido declarado seguro para su consumo, y la FDA (Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos) lo describe como uno de los aditivos más estudiados de la historia. Aun así, persiste la polémica, ya que algunos estudios han indicado que consumirlo en grandes cantidades aumenta en ratones la sensibilidad a drogas que inducen epilepsia.

En 2005 y en 2010, se publicaron estudios que relacionaban el aspartamo con posibles efectos cancerígenos. Sin embargo, estos fueron evaluados por la EFSA y la FDA y se descartaron por errores metodológicos, concluyendo que no existía una relación causal con el cáncer.

El aspartamo, un posible carcinógeno

En 2013, la EFSA (Autoridad Europea para la Seguridad Alimentaria) reafirmó que la ingesta diaria admisible de 40mg/kg al día es segura para la población en general y concluyó que no daña el cerebro, ni el sistema nervioso, ni afecta al comportamiento o la función cognitiva, descartando también efectos cancerígenos o genéticos.

En julio de 2023 la OMS (Organización Mundial de la Salud) indicó que el CIIC (Centro Internacional de Investigaciones sobre el Cáncer) ha clasificado el aspartamo como posible carcinógeno debido a evidencia limitada, pero reafirmó que la ingesta diaria admisible es de 40mg/kg de peso corporal y que las investigaciones no son concluyentes. Por ejemplo, para una persona de 70kg, eso son 2,8 gramos al día, es decir casi cinco litros de Coca-Cola Light diarios.

Después del debate que se generó sobre el consumo del aspartamo, han surgido nuevos estudios que siguen explorando sus posibles efectos en el cuerpo. Ahora, una nueva investigación analiza cómo la ingesta de aspartamo durante un largo tiempo puede afectar el cerebro y el corazón, aportando más datos al contexto anteriormente mencionado.

Un consumo prolongado daña el corazón y el cerebro

El nuevo estudio, realizado por el CIC biomaGUNE (España) y el Instituto de Investigación Sanitaria Biogipuzkoa, analizó durante un año los efectos del aspartamo en el cuerpo usando dosis muy por debajo de los límites considerados seguros. Se expuso a ratones a una dosis baja de aspartamo durante un año y se observó los efectos en sus órganos como el cerebro y el corazón. La dosis fue de 7mg/kg, en equivalente humano, durante un año, en 18 ratones, frente a otro grupo de 14 sin dosis.

Los científicos, después de unos meses de consumo, observaron que los ratones mostraron cambios en cómo el cerebro usa la glucosa. Al principio aumentó, pero luego cayó de forma significativa, eso indicaría que puede interferir con funciones cerebrales. Este cambio también sugiere que el cerebro pasó de quemar más energía a un estado de bajo consumo, un cambio que está relacionado con el estrés metabólico. La glucosa se redujo un 50% en comparación con el grupo de control. El aspartamo parecía estar privando al órgano de lo que necesita para funcionar correctamente.

En el experimento, en las pruebas de aprendizaje y memoria, los ratones tardaron más y demostraron más dificultades para resolver tareas complejas. Los científicos también observaron que el corazón de los ratones funcionaba peor, no bombeaba sangre con eficacia y eso afectaba el suministro de oxígeno a los órganos, incluido el cerebro.

Los investigadores concluyeron que, aunque los ratones con aspartamo tuvieron menos grasa corporal, no implicó mejor salud, ya que la grasa se redistribuyó de forma menos saludable y hubo menos masa muscular. El aspartamo puede reducir depósitos de grasa, pero lo hace con cambios fisiológicos negativos para el corazón y el cerebro de los ratones. Falta saber si estos efectos se producen también en humanos.

REFERENCIA

Aspartame decreases fat deposits in mice at a cost of mild cardiac hypertrophy and reduced cognitive performance