El tabaco es malo para la salud no solo para quien fuma, o quien está a su lado, sino para quienes sufren el olor a tabaco pegado a paredes y tejidos, que persiste durante días

Fumar no solo afecta a quien enciende el cigarrillo ni a quien respira a su lado. Desde hace años los científicos describen el “humo de tercera mano”, el rastro químico que el tabaco deja en superficies y tejidos después de disiparse el humo visible. Ese residuo puede volver al aire y reaccionar con otros compuestos. Los estudios previos lo han relacionado con un mayor riesgo para la salud de niños y adultos. Ahora, investigadores del Instituto de Física Atmosférica de la Academia China de Ciencias han seguido, en tiempo real, cómo evoluciona ese residuo dentro de casa y cómo convierte un salón aparentemente tranquilo en una fuente continua de contaminación.

El equipo, liderado por el profesor Yele Sun, expuso superficies textiles y otros materiales a humo de tabaco y monitorizó el aire interior con instrumentación de alta resolución. Registró al mismo tiempo partículas microscópicas y gases invisibles, y analizó su “huella dactilar” química. La comparación con el humo de segunda mano, el que inhalamos directamente cuando otro fuma, fue clara. Las partículas del humo de segunda mano caen rápido. El de tercera mano, en cambio, mantiene una presencia estable y queda oculto en el ambiente durante largos periodos.

El humo del tabaco que se pega a las paredes y a la ropa

Los investigadores observaron que el residuo no se queda quieto. Cambia con el tiempo. Su composición se vuelve más rica en nitrógeno, una señal de que reaccionan compuestos como la nicotina con oxidantes típicos del interior, como el ozono. Esa transformación genera derivados potencialmente más irritantes. Para el lector no especialista, la idea clave es sencilla. Aunque nadie fume, el “olor a tabaco” no es solo olor. Es química activa que entra y sale del aire.

La casa tampoco ayuda. Los materiales porosos, como alfombras de lana, sofás con tapicería o cortinas, actúan como esponjas profundas. Absorben los compuestos del tabaco y los guardan en sus fibras. Abrir las ventanas reduce el olor, pero no vacía el depósito. Esos “reservorios” liberan lentamente contaminantes de vuelta al aire, y lo hacen durante horas o días. Los autores describen un patrón en tres etapas. Primero, un pico breve de gases recién adsorbidos. Después, varias horas de emisiones constantes de compuestos relacionados con la nicotina. Por último, una fase larga y más lenta en la que siguen saliendo otras sustancias.

El tabaco es malo para la salud incluso cuando el fumador ya se marchó

Si alguien fumó en una habitación, el episodio no termina al apagar el cigarrillo. Como resume el propio Sun, “la sesión de fumar puede acabar, pero la liberación de compuestos peligrosos continúa, exponiendo a las personas a niveles bajos de toxinas mucho después”. Los niños pequeños, que tocan y chupan superficies, y las personas con asma u otras enfermedades respiratorias podrían notar más estos efectos. La exposición es crónica, de baja dosis, y difícil de percibir.

El trabajo identifica marcadores químicos que delatan la presencia de humo de tercera mano incluso cuando nadie fuma. Con ellos, los responsables de salud pública pueden mejorar las guías de calidad del aire en interiores y las políticas de control del tabaco. No basta con prohibir fumar. Conviene evaluar la limpieza de superficies y textiles, renovar materiales muy contaminados y considerar la ventilación en conjunto con la eliminación de los reservorios.

Fumar fuera de casa reduce al mínimo la carga química en paredes y tejidos. Lavar o sustituir textiles muy expuestos ayuda. La ventilación es útil, pero no resuelve por sí sola el problema si quedan “esponjas” porosas saturadas. Esta investigación no pretende alarmar. Aporta, con mediciones reales, la razón de por qué ese olor que parecía inofensivo refleja un proceso que sigue en marcha cuando ya no hay humo a la vista. Actuar sobre los materiales es tan importante como abrir la ventana.

REFERENCIA

Dynamic evolution of organic aerosols and gaseous compounds from thirdhand smoke