Las flechas envenenadas no son un invento reciente: un puñado de diminutas puntas de flecha halladas en Sudáfrica revela el uso más antiguo conocido de venenos para cazar.
¿Cuándo empezaron a usar los humanos el arco y las flechas? Los descubrimientos indican que los primeros arcos y flechas aparecen en el Paleolítico Superior (hace 60,000-70,000 años). Los hallazgos de puntas de flecha óseas en la Cueva de Sibudu, Sudáfrica, sugieren su uso en esta época para cazar. Pero un animal herido por una flecha todavía puede escapar… a no ser que la flecha esté envenenada. Entonces ¿cuándo aparecieron las flechas envenenadas? No mucho más tarde.
Se conocían indicios de hace unos miles de años e hipótesis anteriores basadas en utensilios o restos de resinas. Ahora, un análisis químico directo de puntas de cuarzo de la Edad de Piedra media, recuperadas en el refugio rocoso de uMhlatuzana, en KwaZulu-Natal, Sudáfrica, ofrece la prueba más antigua de flechas envenenadas, con una antigüedad de unos 60.000 años. El hallazgo no solo cuenta una historia de caza, también habla de planificación, conocimiento botánico y capacidad de combinar procesos complejos.
El equipo que firma el trabajo examinó microscópicamente varias microlascas de cuarzo con fracturas de impacto y adherencias orgánicas. Esas adherencias, que se habían conservado como manchas rojizas o marrones, se sometieron a cromatografía y espectrometría para detectar compuestos característicos. Los investigadores hallaron trazas de alcaloides tóxicos obtenidos de plantas locales, como la conocida gifbol, Boophone disticha, que hoy emplean cazadores tradicionales por su potente efecto. La identificación no se apoyó en una única señal, sino en un patrón de marcadores moleculares, y se reforzó comparando residuos de flechas etnográficas recientes con los de las puntas paleolíticas.
Los residuos adhesivos rojizos y venenosos revelaron la presencia de alcaloides procedentes de una planta tóxica. Marlize Lombard/Universidad de Johannesburgo
Las flechas envenenadas más antiguas
La fecha, 60.000 años, empuja hacia atrás el uso confirmado de venenos en la caza en más de 50.000 años. Para lograrlo, aquellas personas tuvieron que conocer las plantas adecuadas, recolectarlas en el momento correcto, extraer su jugo y concentrarlo, y después aplicarlo a puntas minúsculas sin perder eficacia. También debieron dominar el arco y la flecha, una tecnología que exige ramas rectas y ligeras, materiales rígidos como propulsores y el uso de colas de unión fiables. Nada de eso se improvisa, así que el hallazgo sugiere que existían redes de aprendizaje y transmisión cultural de generación a generación.
Las flechas envenenadas cambian el juego de la caza. Incluso una flecha con poco impulso basta si la carga tóxica hace su trabajo. El animal herido huye y el cazador lo sigue durante horas, a veces días, hasta que cae. Esto exige otra habilidad clave, el rastreo, y una organización del grupo que permita dedicar tiempo y energía a una persecución larga. Todo esto encaja con lo que hoy practican poblaciones cazadoras del sur de África, que combinan arcos ligeros con mezclas tóxicas potentes extraídas de vegetales y, sobre todo, una paciencia inacabable.
Puntas de flecha y adhesivos
Los arqueólogos encontraron además señales de enmangue, es decir, del proceso de fijar las puntas a astiles mediante adhesivos. Las resinas y ceras actúan como pegamento, y, a veces, como matriz donde se integra el veneno. La química cotidiana de la prehistoria requería calor moderado, proporciones correctas y largos tiempos. Si una mezcla se calienta de más, pierde propiedades, y si se calienta de menos, no agarra bien. Quien lo hace bien, repite y lo enseña a alguien más.
El descubrimiento corresponde a un paisaje concreto y un momento climático riguroso, cuando planificar podía marcar la diferencia entre comer o pasar hambre. También pone en valor las microlascas, esas puntas diminutas que a simple vista parecen poco más que esquirlas de piedra y que, bajo el microscopio, revelan una gran sofisticación técnica.
En conjunto, el trabajo encaja piezas dispersas de la arqueología africana y ofrece como conclusión que, mucho antes de lo que pensábamos, nuestros antepasados ya cazaban con arco y flechas y sabían sacar provecho de la química de las plantas. Mezclaban venenos, pegaban con colas y rastreaban a los animales. Todo eso requiere ciencia, o en otras palabras, más maña que fuerza.
REFERENCIA
Direct evidence for poison use on microlithic arrowheads in Southern Africa at 60,000 years ago
Imagen principal: Los científicos han detectado restos de toxinas vegetales en puntas de flecha de la Edad de Piedra que fueron utilizadas por cazadores-recolectores en Sudáfrica hace unos 60 000 años. Marlize Lombard/Universidad de Johannesburgo