La sed de sangre humana aumenta en los mosquitos por la pérdida de biodiversidad en todo el planeta
Cuando el bosque pierde fauna, los mosquitos cambian de menú. Un estudio en la Mata Atlántica brasileña muestra que se están dando más “banquetes” humanos al crepúsculo, con un aumento de las enfermedades que transmiten como dengue, zika y fiebre amarilla.
Los mosquitos son vectores de virus, bacterias y parásitos que afectan a millones de personas. En ecosistemas diversos, estos chupasangres suelen repartirse entre muchos anfitriones y diluir el riesgo. Pero cuando la biodiversidad se reduce por deforestación y expansión humana, su abanico de presas se estrecha y nosotros nos convertimos en el plato principal. Esta combinación de pérdida de hábitat y cercanía multiplica las picaduras y, con ellas, las opciones de transmisión de enfermedades.
La sed de sangre de los mosquitos y las enfermedades
El nuevo trabajo se centra en dos reservas del estado de Río de Janeiro, la Guapiaçu y Sítio Recanto Preservar, dos reductos de la Mata Atlántica que solo conserva hoy alrededor de un tercio de su extensión original. El equipo capturó mosquitos con trampas de luz durante el periodo crepuscular, separó las hembras con el abdomen lleno y analizó su comida de sangre en laboratorio. Extrajeron ADN, concretamente el gen citocromo b, que funciona como un “código de barras” para identificar vertebrados, y compararon esas secuencias con una base de datos de referencia. El objetivo, saber a quién estaban picando de verdad.
En total recolectaron 1.714 mosquitos de 52 especies y, de ellos, 145 hembras estaban repletas de sangre, cerca del 7%. Se logró identificar el origen de 24 comidas y la gran mayoría contenía sangre humana: 18 procedían de personas, frente a una sola de anfibio, seis de aves, una de cánido y una de ratón. También aparecieron menús mixtos, por ejemplo una Cq. venezuelensis con mezcla de humano y anfibio, o Cq. fasciolata con combinaciones de roedor y ave, y de ave y humano. Ese patrón señala una preferencia clara por nosotros en un entorno que, en teoría, ofrece muchos vertebrados alternativos.
A falta de roedores buenos son humanos
Los autores no descartan varios motores para ese sesgo. La disponibilidad manda y la proximidad humana puede pesar más que las preferencias innatas de cada especie. “Aquí mostramos que las especies de mosquitos que capturamos en remanentes de la Mata Atlántica tienen una clara preferencia por alimentarse de humanos”, afirma el autor sénior, Jeronimo Alencar. “Esto es crucial porque, en un entorno como la Mata Atlántica, con gran diversidad de posibles anfitriones vertebrados, una preferencia por humanos incrementa de forma significativa el riesgo de transmisión de patógenos”, añade el coautor Sergio Machado.
La salud pública entra en juego de inmediato. En la región, los mosquitos transmiten virus como fiebre amarilla, dengue, zika, mayaro, sabiá y chikunguña. Más picaduras a humanos implican más oportunidades de contagio y peores resultados a medio y largo plazo. Entender qué comen los mosquitos y cuándo lo hacen permite ajustar vigilancia, prever brotes y dirigir medidas de control donde de verdad importan. Si un área muestra apetito por sangre humana, conviene elevar la alerta y reforzar la prevención en esas comunidades.
El estudio también pide cautela metodológica. La fracción de hembras con sangre fue baja y solo se identificó el origen en un 38% de los casos, lo que reclama mejoras técnicas, sobre todo para detectar mezclas de sangre en una misma muestra. Aun así, los autores subrayan que estos datos ya ayudan a diseñar estrategias más finas contra vectores y, a largo plazo, a plantear controles que tengan en cuenta el equilibrio del ecosistema, porque conservar fauna no solo es bueno para la naturaleza, también diluye los riesgos para nosotros.
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