Los antiguos romanos tenían una obsesión con una planta que prometía ser un afrodisíaco natural y controlar la natalidad, el silfio o silphium, una hierba que revela vida íntima, el comercio y la ciencia de la época
Existieron leyendas de un condimento tan valioso que el propio Julio César guardaba más de media tonelada en las arcas del tesoro público junto al oro y la plata. Se trataba del silfio, una planta que durante siglos fue uno de los pilares de la economía de Cirene, la actual Libia.
Un medicamento milagroso que, según los textos de Plinio, su resina, llamada laser o laserpicium, era capaz de curar desde un dolor de garganta hasta una indigestión, pero su beneficio más importante residía en las alcobas de las antiguas Grecia y Roma.
Aunque el silfio era apreciado en la cocina para sazonar platos como el puré de lentejas, ganó gran fama por sus supuestas propiedades afrodisíacas y anticonceptivas, en un mundo sin píldoras de ningún tipo, el silfio era el medicamento más efectivo ante el embarazo.
Antiguos médicos como Sorano de Éfeso en su tratado de ginecología del siglo I-II d.C. describieron sus propiedades como regulador hormonal y abortivo temprano. Se recomendaba a las mujeres beber disolver una cantidad del tamaño de un garbanzo en agua una vez al mes, para “provocar la menstruación”, un eufemismo que los médicos utilizaban para referirse a interrumpir un posible embarazo.
Según las fuentes de la época, se utilizaba la resina de esta planta porque actuaba como un alimento que provocaba gases, lo que asociaban con la eliminación de obstrucciones del cuerpo, funcionando tanto de forma oral como a través de supositorios “preventivos”.
El silphium como símbolo del amor
La conexión histórica entre el silfio y el romance era tan profunda que algunos historiadores sugieren que el símbolo del corazón que usamos actualmente nació a raíz de esta planta, ya que sus semillas tenían una forma de corazón casi perfecta. Esta forma aparecía grabada en las monedas de la época, demostrando la importancia que tuvo la planta a nivel tanto social como económico.
Ejemplos de monedas cirenaicas con la representación fálica de la planta silfión
Los romanos entendían que el vigor sexual era un pilar de la salud y el estatus, un hombre o una mujer que no disfrutara de su vida sexual, eran vistos como alguien cuyo fuego interno se estaba apagando, un signo de enfermedad que debía tratarse con botánica.
Además, en este mundo donde se mezclaban ciencia, tradición y supersticiones, una planta que prometía controlar la fertilidad tenía un enorme valor social, ya que permitiría regular los nacimientos, lo que influía en herencias, linajes y estructuras familiares.
Era, literalmente, la planta del amor y el sexo, pero esa obsesión tuvo un precio fatal. Griegos y romanos lo importaban de Cirene, donde se utilizaba como tributo a las tribus locales. El problema era que su demanda superaba la oferta y no se podía cultivar, crecía salvaje y resistía los intentos de siembra.
Un afrodisíaco natural extinto por exceso de uso
El silfio era caprichoso, solo crecía de forma silvestre en una estrecha franja de la costa de Libia y se resistía y se cultivado por el ser humano, todos los intentos por plantarlo en otros lugares fracasaron sistemáticamente. El éxito del silfio fue también su condena, fue un recurso limitado y muy explotado, hasta que su desmedida demanda acabó por borrar esta planta de la faz de la Tierra.
La codicia y el exceso de pastoreo sellaron su destino, el aumento del comercio mediterráneo, la creencia de que la carne de oveja alimentada con esta planta era exquisita o la desertificación son algunas de las posibles causas de su desaparición en el siglo I, aunque pudo usarse localmente hasta el V. Sin embargo, los historiadores consideran que la causa principal fue el exceso de consumo humano, considerándose uno de los primeros casos registrados de extinción de una especie causada por el hombre.
Plinio el Viejo, escritor y militar romano del siglo I, relataba con tristeza, que en su tiempo solo se pudo encontrar un tallo, el cual fue enviado al emperador Nerón como curiosidad botánica.
Durante dos milenios, el silfio ha sido considerado un mito perdido, hasta que un estudio reciente del profesor Mahmut Miski ha reabierto el caso, al identificar en Anatolia, Turquía, una especie llamada Ferula drudeana que coincide casi exactamente con las descripciones antiguas del silfio.
Esta planta tiene la misma disposición de hojas, así como las semillas con forma de corazón, además sus análisis químicos han revelado compuestos que tienen propiedades antiinflamatorias, antioxidantes e incluso afrodisíacas. Pero, aunque se asemeja a lo que sabemos sobre esta planta milagrosa, no hay ninguna prueba arqueológica directa que pueda relacionarlas.
Pero si la Ferula drudeana fuera realmente el silphion, su historia sería un ejemplo extraordinario de falsa extinción, donde una especie es dada por perdida, pero en realidad, sobrevivió en refugios discretos, lejos de los intereses del ser humano.
REFERENCIAS
When foods become remedies in ancient Greece: The curious case of garlic and other substances
Pliny the Elder´s silphium: First recorded species extinction