En la Cueva de Bender (Bender´s cave), en Texas, se han encontrado restos de “megafauna” del Pleistoceno Tardío, un descubrimiento arqueológico que nos obligan a reescribir lo que sabíamos sobre la vida en Norteamérica antes de la última gran glaciación. 

Texas hace 125.000 años no era el paisaje desierto que muchos se imaginan, era una sabana llena de vida donde los caballos salvajes galopaban cerca de elefantes lanudos y camellos que duplicaban el tamaño de los actuales. 

Parece el guion de una película de ciencia ficción, pero es una realidad que un reciente estudio, publicado en Quaternary Research, ha descubierto en las profundidades de Bender’s Cavesituada en la Meseta de Edwards en Texas. 

La cueva está formada por un sistema de conductos subterráneos y un arroyo activo que circula por pasajes estrechos, salas altas y zonas inundadas, arrastrando sedimentos y, ocasionalmente, restos animales que caen desde la superficie a través de sumideros naturales. 

Esta zona ha funcionado durante milenios como un depósito natural, donde animales de todos los tamaños caían o eran arrastrados por las corrientes de agua hacia su interior, y una vez dentro, sus huesos quedaban protegidos de la erosión y el paso del tiempo. 

Un descubrimiento arqueológico: el Último Interglaciar 

En el lecho del río subterráneo, los investigadores recuperaron fósiles mediante técnicas de buceo y snorkel. El estudio revela el hallazgo de fragmentos de mamuts, caballos antiguos (Equus), bisontes, camellos americanos (Camelops), dientes de sable y cuatro «invitados» inesperados, el pampaterio Holmesina septentrionalis (un pariente gigante del armadillo), una especie de tortuga gigante Hesperotestudo, el perezoso terrestre de Jefferson (Megalonyx jeffersonii) y restos de mastodontes. 

Pero la variedad de especies descubiertas no es lo único excepcional, sino también su antigüedad. Los científicos creen haber encontrado pruebas pertenecientes a un periodo anterior llamado el Último Interglaciar (MIS 5), conocido como el periodo Sangamoniano, o a un intervalo cálido intermedio (MIS 3). Este fue un momento de la historia de la Tierra donde el clima era tan cálido, o incluso más, que en la actualidad. 

Normalmente cuando pensamos en la Edad de Hielo imaginamos mamuts caminando sobre la nieve, sin embargo, el estudio de la Cueva de Bender nos muestra como estos gigantes sobrevivían durante un periodo cálido mientras los glaciares se derretían y el nivel del mar subía. 

La Meseta de Edwards actuó como un corredor biológico y un refugio. Mientras el resto del continente sufría cambios drásticos, este rincón de Texas ofrecía pasto y bosques que permitían que coexistieran animales de todo tipo creando una biodiversidad asombrosa. 

Lecciones desde el Pleistoceno 

Los investigadores analizaron no solo los huesos grandes, sino también la “microfauna”, como pequeños roedores o reptiles, para determinar el clima de la época, ya que estas criaturas son mucho más sensibles a los cambios de temperatura que un mamut. 

Además, la presencia de la tortuga gigante y el pampaterio fue especialmente reveladora, ya que estos animales requerían climas mucho más cálidos y húmedos que los que existían durante el pico de la última glaciación. 

Entender cómo respondieron el mamut o el camello americano a un calentamiento global hace 125.000 años puede darnos algunas pistas sobre cómo podría reaccionar nuestra fauna actual ante el cambio climático moderno. 

La Cueva de Bender es un recordatorio de que el paisaje y la fauna que nos rodea hoy puede cambiar totalmente en el futuro, que es solo un capítulo más es una historia mucho más larga. Cada hueso encontrado en esta cueva no es solo un vestigio del pasado, sino una pista para entender nuestro futuro. 

REFERENCIA 

Novel occurrences of Late pleistocene megafauna from Bende´s Cave on the Edwards Plateau of Texas may include evidence of the last interglacial