Durante miles de años, los perros han sido compañeros inseparables del ser humano, pero ¿Cuándo empezó esta relación? un nuevo estudio revela que ya convivíamos con perros en la Edad de Hielo.
Hace mucho que se sabe que los perros que nos acompañan hoy descienden de los lobos, y durante décadas la ciencia ha apoyado la idea de que estos animales fueron domesticados a raíz de acercarse a asentamientos humanos atraídos por restos de comida, dando lugar a la domesticación de la especie.
Sin embargo, un nuevo estudio genético publicado en la revista Nature ha concluido que nuestra amistad con los perros se forjó mucho antes de los que imaginábamos, en las cavernas y entre glaciares, en la Edad de Hielo.
¿Cómo se sabe que había perros en la Edad de Hielo?
La investigación, liderada por William Marsh y un equipo internacional de genetistas y arqueólogos, ha analizado restos óseos que datan de hace 15.800 años, casi 5.000 años antes de lo que confirmaban los registros genéticos anteriores más relevantes.
Este hallazgo no solo adelanta la presencia de perros en el continente, sino que revela una historia fascinante de movilidad, intercambio cultural y convivencia entre humanos y perros en plena Edad de Hielo. No se trataba de casos aislados, mientras los glaciares todavía cubrían gran parte del hemisferio norte, los perros ya estaban distribuido por toda Eurasia occidental, desde las cuevas de Reino Unido, en la cueva de Gough hasta las llanuras de Anatolia, en Pınarbaşı en la actual Turquía.
Al secuenciar el ADN de los restos encontrados, los científicos pensaron que quizás pertenecían a lobos perdidos o confundidos, pero se trataba de auténticos perros con una estructura ya diferenciada y estabilizada. Hasta ahora, los científicos tenían dificultades para distinguir los restos de lobos de los de los primeros «protoperros» basándose solo en la forma de sus huesos.
Lo que significa que cuando el ser humano vestía pieles y cazaba renos para sobrevivir al frío extremo del Paleolítico, el perro ya era una especie distinta y completamente integrada en nuestra sociedad nómada.
Compañeros de supervivencia
Estos canes paleolíticos no eran simplemente mascotas dóciles que hacían compañía a nuestros antecesores. Eran aliados estratégicos en un mundo hostil, ayudaban a rastrear presas, protegían los campamentos de depredadores más grandes y, probablemente, ofrecían calor en las gélidas noches de la Edad de Hielo.
El estudio sugiere que, a medida que los glaciares retrocedían y los humanos migraban para colonizar nuevas tierras, sus perros los acompañaban. En Pınarbaşı, por ejemplo, se han encontrado entierros de cachorros y perros jóvenes en las mismas áreas que las tumbas humanas, lo que demuestra un vínculo simbólico y afectivo. Incluso su dieta nos habla de esta cercanía. El análisis de isótopos estables en los huesos reveló que los humanos de Anatolia compartían su comida con sus perros.
Según la investigación, los perros modernos son descendientes directos de los que nos acompañaban a estas poblaciones paleolíticas, haciendo que las estimaciones de la separación evolutiva entre el perro y el lobo ocurriera, miles de años antes de lo que indicaban las estimaciones previas.
Esto no solo cambia las fechas de algunos libros de texto, cambia también nuestra compresión de la evolución humana, ya que, como el estudio sugiere, la domesticación del perro fue uno de los hitos tecnológicos y sociales más importantes de nuestra especie. Sin la ayuda de estos primeros perros, nuestra capacidad para adaptarnos y sobrevivir en un mundo crudo y hostil podría haber sido muy distinta.
La próxima vez que mires a tu perro, recuerda que su linaje se forjó en el hielo y la necesidad. No es solo un animal de compañía, es el descendiente de una estirpe de supervivientes que eligió caminar a nuestro lado cuando el mundo era un lugar mucho más salvaje.
REFERENCIAS
Dogs were widely distributed across wetern Eurasia during the Palaeolithic