Un estudio sugiere que ver actos claros de bondad en los «otros» cambia las reacciones automáticas de la polarización política

Imagina que hay una señora en la cola del súper y se le rompe una bolsa de naranjas. Antes de que te agaches, aparece una persona con una pulsera del partido que más detestas y se pone a recogerlas, se queda a comprobar que la señora está bien y se va sin más. Esa escena te descoloca, y hay un motivo.

Un estudio de los investigadores Tal Moran y Eva Walther, publicado en Social Psychological and Personality Science, plantea que ese tipo de episodio funciona como “aprendizaje moral” y puede reducir la polarización, que es el rechazo visceral hacia quienes votan distinto. El artículo parte de una idea que quizá no quieras aceptar: muchas de esas reacciones no se sostienen en argumentos lógicos, sino en asociaciones aprendidas y reacciones emocionales.

Los autores describen un mecanismo conocido en psicología como condicionamiento evaluativo. Es un aprendizaje por repetición. Si una cara, un símbolo o un partido aparecen una y otra vez junto a mensajes de amenaza, escándalo o daño, tu cerebro acaba reaccionando con repulsión antes de que hayas pensado nada. La respuesta se vuelve automática y difícil de discutir con datos en la mano. ¿Te suena? Es lo que hace tu medio de comunicación política favorito cada vez que lees algo y te produce indignación.

Cómo desactivar la polarización política

En ese contexto, el trabajo propone usar el mismo tipo de aprendizaje, pero al revés. En lugar de emparejar a «los otros» con conductas reprobables, se les asocia con acciones moralmente positivas. Los investigadores no se centraron en debates de políticas ni en discursos, sino en ejemplos de buena conducta.

Lo interesante es que, según el texto, el cambio no se quedó en lo que la gente decía en un cuestionario. También se tambalearon las preferencias más automáticas, menos conscientes. Es un matiz importante porque sugiere que el efecto no depende solo de que la persona quiera parecer razonable o de que se esfuerce por contestar bien.

El estudio habla también del “favoritismo hacia el propio grupo”, esa tendencia a preferir a los tuyos y desconfiar del resto. Tras el tratamiento de aprendizaje moral, esa preferencia bajó. Y el resultado se mantuvo incluso cuando se volvió a medir después de dos días, lo que indica que puede ser estable en el tiempo.

Según los autires, cuando ves a alguien del bando que has aprendido a odiar hacer algo claramente bueno, mantener la etiqueta de «mala persona» se vuelve más complicado. Se produce disonancia cognitiva, el choque entre lo que esperabas y lo que acabas de ver. Para reducir esa tensión, la evaluación se suaviza.

Mira a los otros realizar buenas acciones

Si la polarización afectiva se alimenta con asociaciones emocionales, aumentar el volumen de los argumentos lógicos no basta. En discusiones familiares o en redes sociales, presentar datos suele fracasar porque el rechazo ya estaba activado antes de entrar en la conversación.

Aquí entra el papel de los entornos digitales. El artículo sostiene que los algoritmos suelen premiar el conflicto porque genera atención. Si lo que te llega de forma constante es la versión más ofensiva del adversario, el condicionamiento se refuerza. Por el contrario, buscar y compartir «ejemplos morales» del otro lado tendría potencial para enfriar la reacción automática.

Los autores mencionan además que el estrés político sostenido y el aislamiento social tienen consecuencias reales sobre la salud, como el aumento de la presión arterial o la reducción de la esperanza de vida. En esa lectura, rebajar la hostilidad no es solo una cuestión de convivencia, también de desgaste fisiológico.

La propuesta final que deja el artículo es sencilla: si quieres salir del bucle de la polarización, tienes que exponerte a pruebas de decencia del otro grupo, aunque te moleste hacerlo. Eso empieza por prestar atención para verlas cuando ocurren.

REFERENCIA

Learning to Like the Enemy: Moral Learning Reduces Affective Polarization