Creemos que llorar hace que te sientas mejor después, pero a veces, en lugar de aliviar el dolor, las lágrimas lo fijan en el cerebro
¿Lloras para desahogarte? ¿Para pasarlo mal un rato y luego sentir alivio? Culturalmente seguimos asociando llorar a la idea de catarsis, una crisis después de la cual llega la calma, quizá porque encaja con esa sensación física de soltar tensión en la cara y el pecho.
Como todo, el llanto se ha estudiado en laboratorio. Hay personas que se contienen y, cuando lloran por una película, no siempre se sienten mejor. En las encuestas retrospectivas, en cambio, la gente suele decir que sí, que llorar alivia. Para salir de dudas, un nuevo estudio decidió perseguir las lágrimas donde realmente ocurren, en el día a día, con el móvil como testigo.
“Llorar es un comportamiento humano básico. Me asombró que se haya investigado tan poco el llanto en entornos parecidos al mundo real”, explicó el autor del trabajo, Stefan Stieger, profesor y jefe del Departamento de Metodología Psicológica en la Karl Landsteiner University.
Llorar hace que te sientas mejor, a veces
El estudio siguió a 106 adultos durante cuatro semanas, sobre todo mujeres de Austria y Alemania, con una edad media cercana a los 29 años. Cada participante instaló una app personalizada y, cada vez que lloraba, registraba al momento qué lo había provocado, cuánto duró, la intensidad y cómo se sentía. Luego el teléfono les preguntaba otra vez a los 15, 30 y 60 minutos, para ver si el ánimo subía o bajaba con el tiempo.
Para no perder ningún episodio de llanto, también completaban un cuestionario al final del día. Ese cierre servía para medir el tono emocional general de la jornada, creando una línea base de cómo se sentían los días sin llanto. Es un detalle importante, porque el humor del día no empieza en cero cada mañana.
Los resultados del estudio dicen que llorar es frecuente: casi el 87% lloró al menos una vez. En total registraron 315 episodios “en caliente” y otros 300 que aparecieron después, en el repaso nocturno. Las mujeres lloraron más, más tiempo y con más intensidad que los hombres, y los motivos también cambiaron entre unos y otras.
Dramas personales o películas: no todas las lágrimas son iguales
El desencadenante más habitual fue el consumo de medios, como películas o vídeos. Las lágrimas por sentirse desbordado o solo fueron las más intensas y largas, alrededor de 11 a 13 minutos de media. Aquí es donde los investigadores no encontraron pruebas de que llorar, por sí mismo, ofrezca alivio inmediato.
La clave fue el motivo. Cuando el llanto nacía de luchas personales, como la soledad o sentirse sobrepasado, las emociones positivas caían en picado y las negativas subían con fuerza. En quienes lloraban por estar desbordados, una hora después seguían por debajo de su nivel normal de emociones positivas, y quedaban «tocados» para el resto del día quedaba, aunque a la mañana siguiente volvían a su punto de partida.
Con las lágrimas por ficción, al principio bajaban tanto las emociones positivas como las negativas, como si el cuerpo pulsara un botón de “modo avión” afectivo, es decir, menos euforia pero también menos tormenta. En la hora siguiente, lo negativo seguía disminuyendo, lo que encaja con la idea de que llorar con una película puede acabar calmando, quizá porque el problema no es tuyo y el cerebro puede darle un final a la historia.
Hubo otra categoría curiosa: las lágrimas de armonía, por ejemplo al ver un gesto de bondad. No cambiaron el estado emocional de inmediato, pero unos 15 minutos después apareció una caída marcada de lo negativo. Cuando el motivo era la indefensión, se veía una bajada rápida de lo positivo, con recuperación al nivel habitual en unos 15 minutos.
No sabemos si el cambio lo causa llorar o la situación que te hace llorar, porque en la vida real ambos hechos vienen pegados. “No hay más estudios sobre este tema planificados ahora mismo”, dijo Stieger, aunque añadió que repetir mediciones diarias con móviles es muy prometedor para entender conductas con alta validez ecológica.
REFERENCIA
Effects of Crying on Affect: An Event-based Experience Sampling Study of Adult Emotional Crying