Un modelo con datos históricos calcula cuál es la máxima población que la Tierra puede alimentar con el modelo actual y descubre que vivimos de las rentas, y el crédito ecológico está venciendo

Imagina que tienes dinero en tu cuenta corriente porque, además de tu sueldo, llevas años tirando de una tarjeta de crédito, y no miras su saldo. Pagas la compra, el alquiler y hasta algún capricho. Todo parece normal, hasta que un día llegas al límite. Con el planeta ocurre algo parecido: no solo vivimos de lo que produce la Tierra cada año, también de reservas acumuladas y atajos energéticos que hemos ido quemando.

La capacidad de carga del planeta

La idea clave se llama capacidad de carga (carrying capacity). En ecología, es el tamaño máximo de una población que un entorno puede sostener sin degradarse. En humanos, la cosa se complica porque somos los grandes ingenieros del ecosistema: cambiamos ríos, sembramos desiertos, levantamos ciudades y, sobre todo, convertimos energía fósil en fertilizantes, transporte y alimentos. Esa trampa nos ha permitido crecer por encima de la capacidad de carga del planeta. Por ejemplo, el 50% de las cosechas del mundo usan fertilizantes sintéticos, que se obtienen quemando petróleo. Sin esa fuente adicional de energía, habría sido imposible alimentar al mundo.

Un trabajo publicado en Environmental Research Letters (marzo de 2026) echa las cuentas usando un enfoque demográfico clásico. Los autores analizan cómo cambia la tasa de crecimiento de la población a medida que aumenta el tamaño total, buscando señales de “facilitación” (cuando crecer hace más fácil crecer) y de “retroalimentación negativa” (cuando el propio tamaño empieza a frenar). En sus datos globales aparece un giro: a partir de 1962, la relación pasa a una fase donde crecer resulta cada vez menos “gratis”.

Cuál es la máxima población que la Tierra puede alimentar con el modelo actual

Ese cambio llega antes de otro hito conocido: 1970, el año en que la huella ecológica global habría superado la biocapacidad del planeta, es decir, cuando empezamos a pedirle a la Tierra más de lo que puede regenerar cada año. El estudio sugiere que el frenazo demográfico detecta, con retraso y ruido, un límite que ya se estaba dibujando en el fondo del sistema.

Con un modelo logístico tipo Ricker, los autores estiman una capacidad de carga en la que el crecimiento neto sería cero, alrededor de 11.660 a 12.400 millones de personas, y sitúan ese punto entre 2067 y 2076 si no cambia la relación observada. Ese número no es una población viviendo en situación de bienestar, sino un mundo que aguanta a base de agotar existencias, como cuando hay que quemar los muebles porque no se puede pagar la calefacción.

Solo 2.300 millones de personas podrían vivir bien

Por eso introducen otra idea: la capacidad sostenible, más baja que ese techo “máximo”. Usando la etapa histórica de facilitación previa (1800–1949), calcularon una capacidad asociada a ese régimen de crecimiento de unos 2.470 millones. También comparan con estimaciones previas de unos 3.300 millones para que toda la población viva con comodidad económica.

El contraste más punzante llega con la contabilidad de “planetas”. Si hoy consumimos el equivalente a 1,7 Tierras y quisiéramos bajar a 0,5 Tierras para evitar la sobreexplotación, el ajuste no es pequeño: implicaría que, a consumo medio actual, la población sería unas 3,4 veces demasiado grande. Traducido a una cifra, eso daría una capacidad sostenible de 2.350 millones con el reparto y el nivel material medios de hoy.

El artículo también remarca que el mundo no se mueve al mismo ritmo. Algunas regiones entraron en esa fase “negativa” a finales de los 50 o principios de los 60, mientras que África subsahariana aparece como la última en hacerlo, alrededor de 2010, con gran incertidumbre. Más que catastrofismo, es una simple predicción: cuando el soporte vital depende de reservas finitas, el crecimiento se termina el algún momento.

REFERENCIA

Global human population has surpassed Earth’s sustainable carrying capacity: