Hay pocas dudas ya, los estudios confirman que tener hijos no da felicidad ni mejora el bienestar de las personas, al contrario, pueden afectar gravemente a la relación de pareja

Los hijos te cambian la vida dicen, y la promesa es que es un cambio para mejor, que es duro, pero el resultado final es una especie de éxtasis. Si criar descendencia es la vía principal para que tus genes lleguen al futuro, el cerebro debería premiarte con buenas sensaciones, como quien recibe una descarga de dopamina cuando haces algo importante. El problema es que, cuando en los estudios científicos se pregunta por la felicidad de forma sistemática, las estadísticas no registran éxtasis, sino más bien decepción.

Un nuevo artículo publicado en Evolutionary Psychology revisa la «paradoja de la neutralidad”, la idea de que, aunque la gente espera que tener hijos cambie mucho el bienestar emocional, en promedio los padres no reportan ser más (ni menos) felices que quienes no los tienen.

Los autores parten de una distinción clave entre bienestar hedónico y eudaimónico. El bienestar hedónico es el de andar más contento (o más harto) en el día a día, con emociones agradables y desagradables como termómetro. El bienestar eudaimónico es el que se experimenta al sentir que la vida tiene sentido, un propósito y una dirección.

Tener hijos no da la felicidad, pero puede dar un sentido a la vida

Los investigadores analizaron datos de 5.556 personas de 10 países: China, Grecia, Japón, Perú, Polonia, Rusia, España, Turquía, Reino Unido y Ucrania. El diseño era transversal, tomando una foto a la vez en varios lugares, y comparando a quienes tenían hijos con quienes no. Además, intentaron evitar un error típico: confundir el efecto de tener hijos con el efecto de estar en pareja, porque las personas sin pareja tienen menos probabilidad de tener hijos y, a la vez, suelen puntuar más bajo en bienestar.

En el estudio midieron satisfacción con la vida, felicidad y estados emocionales con escalas psicológicas usadas habitualmente en investigación. Incluyeron también optimismo, “sentido de la vida” y satisfacción con la relación de pareja, que se evaluó solo entre quienes estaban en una relación o casados. Luego aplicaron modelos estadísticos, agrupando participantes dentro de países, y limpiaron los datos para eliminar otros factores que podían influir.

El resultado principal es que casi no hay diferencias entre padres y no padres en bienestar hedónico ni en satisfacción con la vida. En la mayoría de medidas, las diferencias fueron diminutas. En otras palabras, tener hijos no te “sube” de forma consistente el marcador de felicidad diaria, si se elimina la influencia de otras variables, como la situación sentimental.

Donde sí apareció una señal clara fue en el bienestar eudaimónico, es decir, el sentido vital. En el conjunto de la muestra, las personas con hijos puntuaron un poco más, y ese efecto fue más pronunciado en mujeres. Aun así, el propio análisis muestra que el efecto fue pequeño y que, al mirar país por país, destacó sobre todo en la muestra griega, mientras en otros contextos se quedaba cerca de cero.

La relación de pareja sufre con los hijos

¿Y la pareja? Ahí hubo una pequeña penalización: quienes tenían hijos tuvieron menor satisfacción con la relación. La diferencia también fue modesta y, de nuevo, el detrimento más apareció más claramente en Grecia, lo que sugiere que el contexto cultural y las condiciones de la crianza importan mucho más de lo que permiten ver los promedios globales.

Según los autores, la “paradoja de la neutralidad” nace porque muchos padres, cuando hablan de sus hijos, dicen sentir amor, orgullo y un gran propósito vital. En otras palabras, están exagerando lo positivo, quizá para convencerse a sí mismos. Los investigadores explican que los hijos producen emociones muy intensas, buenas y malas, pero más en momentos concretos, como grandes alegrías o sustos, no como una constante en sus vidas ni en su estado de ánimo en general. Es decir, lo que cuentan habla de los picos y los valles de su vida, pero nunca de las insatisfacciones del día a día.

REFERENCIA

Is Parenthood Contributing to Emotional Wellbeing? The Neutrality Paradox and a Possible Resolution