Los bebés de dinosaurios, especialmente saurópodos, eran el menú habitual de los depredadores del Jurásico tardío, como allosaurios y torvosaurios, hace 150 millones de años.

En paleontología, reconstruir quién se comía a quién ayuda a entender por qué unas especies prosperan y otras cambian. Los yacimientos de la Formación Morrison en Norteamérica, famosa por sus diplodocus, braquiosaurios y estegosaurios, han permitido deducir las dietas de los dinosaurios comparando dientes, tamaños corporales y los contenidos estomacales fosilizados.

Pero las redes tróficas completas, con la cadena completa de plantas, herbívoros y depredadores, apenas se habían modelizado para los dinosaurios. Un equipo liderado por la University College London lo ha hecho ahora con datos del yacimiento Dry Mesa, en Colorado, y sus conclusiones son contundentes: los bebés de sauropodos eran presa fácil y, sobre todo, frecuente.

El trabajo, publicado en el Bulletin del New Mexico Museum of Natural History and Science, combina varias líneas de evidencia del Jurásico tardío. Los autores integraron tamaños y proporciones de los animales, marcas de desgaste en los dientes que delatan el tipo de alimento, firmas isotópicas en huesos y, cuando existían, restos de la última comida. Con el mismo software que se usa para ecosistemas modernos, levantaron una red trófica local de alto detalle con fósiles depositados a lo largo de unos 10 000 años.

Los bebés de dinosaurio estaban indefensos

Los sauropodos, gigantes de cuello y cola largos que de adultos superaban a una ballena azul, aportaban innumerables conexiones biológicas. Tenían muchos más vínculos con plantas y animales que los otros grandes herbívoros de la época, los ornitisquios, entre ellos el acorazado estegosaurio. Esa posición central del grupo no se debía solo al tamaño colosal de los adultos, sino al gran número de crías pequeñas, sin defensas y, según evidencias independientes, sin cuidados parentales.

Sus huevos medían alrededor de 30 centímetros, y las crías tardaban años en crecer. Supervisar los nidos habría sido difícil sin destruirlos por accidente. “La vida era barata en este ecosistema y las vidas de los depredadores como el Allosaurus probablemente se alimentaban del consumo de estos bebés saurópodos”, resume el autor principal, Cassius Morrison, de UCL Earth Sciences.

El alosauro, el depredador más común del Jurásico en Norteamérica

El alosauro, el depredador más común del Jurásico en Norteamérica

En Dry Mesa se han identificado al menos seis especies de sauropodos, como Diplodocus, Brachiosaurus y Apatosaurus, junto a varios terópodos, entre ellos Allosaurus y Torvosaurus. La abundancia de sauropodos juveniles encaja con otro dato incómodo para los grandes carnívoros: muchos restos de alosaurios muestran heridas graves, compatibles con el temible coletazo espinoso de un estegosaurio. La disponibilidad de presas fáciles, sostienen los investigadores, habría permitido que animales heridos sobrevivieran hasta sanar. “Algunos fósiles de Allosaurus muestran signos de lesiones bastante horribles… Pero la abundancia de presas fáciles en forma de jóvenes saurópodos pudo haber permitido que los allosaurios heridos sobrevivieran”, apunta el coautor William Hart, de Hofstra University.

El estudio también mira hacia el Cretácico tardío. Setenta millones de años después, cuando dominaba Tyrannosaurus rex, la escasez de sauropodos en Norteamérica pudo contribuir a otra dinámica evolutiva. Menos “presas baratas” habría favorecido depredadores con mordidas más potentes, mejor visión y mayor tamaño, capaces de abatir herbívoros peligrosos como Triceratops, armado con tres grandes cuernos.

Los autores subrayan que cuantificar redes tróficas en dinosaurios permite comparar ecosistemas a través del tiempo con criterios comunes y entender qué presiones selectivas actuaron sobre las distintas líneas. “La reconstrucción de las redes tróficas nos permite comparar más fácilmente los ecosistemas de dinosaurios de diferentes períodos. Nos ayuda a comprender las presiones evolutivas y por qué los dinosaurios pudieron haber evolucionado de la forma en que lo hicieron”, explica Morrison. En el Jurásico tardío de Colorado, la fuerza que movía a los depredadores no era solo el músculo de los gigantes, sino la fragilidad de sus crías.

REFERENCIA

Baby dinosaurs a common prey for Late Jurassic predators

Imagen: bebé de saurópodo, Walking with dinosaurs (1999)