Una nueva prueba de carga del enorme cohete de la misión Artemis a la Luna detecta fugas de hidrógeno y obliga a posponer, al menos un mes, el primer vuelo tripulado del programa lunar

El espacio no perdona errores y los cohetes criogénicos menos aún. ¿Por qué criogénicos? Porque los cohetes que se envían al espacio emplean combustibles líquidos, en este caso, hidrógeno, y además tienen que cargar con el comburente, oxígeno líquido. Como todo el mundo sabe, sin oxígeno no hay combustión, y en el espacio no hay atmósfera.

Desde los tiempos del Saturno V las pruebas “en mojado” sirven para ensayar, sin encender motores, una cuenta atrás real con propelentes ultrafríos. Es el examen que revela fallos donde más duelen, en las conexiones por donde circulan cientos de miles de litros de hidrógeno y oxígeno líquidos. Esta semana, ese examen ha vuelto a suspenderse para el megacohete del programa Artemis, que pretende devolver astronautas a la Luna por primera vez desde 1972.

La agencia espacial estadounidense NASA detuvo de madrugada una prueba crítica de carga de propelentes del cohete de Artemis II, el SLS por sus siglas en inglés, tras detectar fugas de hidrógeno en el conector de desconexión rápida del mástil de servicio de la plataforma. La operación, conocida como “wet dress rehearsal”, arrancó a finales de enero y se prolongó hasta la mañana del martes, con la idea de simular toda la cuenta atrás y cargar más de 700.000 galones de hidrógeno y oxígeno líquidos en el lanzador. Al inicio, el llenado avanzó sin incidentes. Horas después, las mediciones superaron los límites permitidos y el equipo pasó a modo diagnóstico. La consecuencia inmediata es un aplazamiento del despegue de, como mínimo, un mes.

La misión Artemis a la Luna sufre otro retraso

El déjà vu es inevitable. Artemis I sufrió fugas en el mismo punto durante su propio ensayo en 2022, lo que obligó a hasta tres regresos al edificio de ensamblaje, el VAB por sus siglas en inglés. Aun así, la misión inaugural voló en noviembre de 2022 y envió una nave Orion no tripulada alrededor de la Luna durante casi un mes. Ahora, Artemis II debe repetir la arquitectura, esta vez con tripulación, para validar que la cápsula puede sostener a cuatro personas en el espacio profundo. La tripulación la forman los astronautas Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen, que volarán unos 10 días alrededor de la cara oculta lunar antes de regresar.

“Aprendimos mucho con la misión Artemis I y aplicamos muchas de esas lecciones durante el ensayo de ayer”, afirmó Lori Glaze, administradora asociada en funciones de la Dirección de Desarrollo de Sistemas de Exploración, en la rueda de prensa posterior a la prueba. La frase resume la filosofía del programa, que asume las pruebas como parte del camino. Pero detrás de ese mensaje hay trabajo de fontanería criogénica de alta precisión. Los umbilicales del SLS, donde se detectó la fuga, gestionan el flujo y el venteo de hidrógeno a temperaturas cercanas a los −253 °C. A esas condiciones, pequeñas contracciones térmicas pueden abrir microrendijas en juntas y acoples. Por eso, detener la carga para inspección es la respuesta correcta, aunque descuadre el calendario.

Tras el corte del hidrógeno en la etapa central, el equipo mantuvo el oxígeno líquido y continuó el suministro de hidrógeno a la etapa superior, tal y como prevén los procedimientos de contingencia. El control de Kennedy Space Center en Florida evalúa ahora si puede reparar el conector en la propia plataforma o si conviene volver al hangar. Esa decisión pesará en la nueva fecha de lanzamiento, que ya no será a principios de febrero. Diversos comunicados oficiales apuntan a una ventana en marzo si la intervención se limita a la torre, pero cualquier retrabajo mayor, como un desmontaje, empujaría más el calendario. La prioridad declarada es la seguridad de la tripulación y del sistema.

El objetivo de Artemis II va más allá del gesto histórico. Si todo sale bien, será la primera vez desde Apollo 17 que humanos orbitan la cara oculta de la Luna. Validará sistemas de soporte vital de Orion, comunicaciones y navegación en el entorno cislunar, y allanará el terreno para Artemis III, la misión que debe volver a posar astronautas sobre el regolito. Entre tanto, las fugas recuerdan que el hidrógeno, el combustible más eficiente, también es el más escurridizo. Encontrarlo y domarlo es parte del oficio. Y en la exploración espacial, cada retraso que evita un fallo mayor es, en realidad, una victoria.

REFERENCIA

Artemis II Wet Dress Rehearsal Update