Las centrales eléctricas de carbón son una fuente de mercurio que las personas pueden ingerir al comer pescado.
Gabriel Filippelli, Indiana University
Durante años, las personas que pescaban en las orillas del río White que serpentea por Indianápolis se encontraban con ominosas señales que advertían sobre comer los peces que capturaban.
Uno de esos riesgos era la intoxicación por mercurio.
El mercurio es un metal neurotóxico que puede causar daños irreparables en la salud humana, especialmente en el desarrollo cerebral de los niños pequeños. Está vinculado a un menor coeficiente intelectual y se traduce en una menor capacidad de ingresos, así como en mayores costes sanitarios. La pérdida de productividad debida únicamente al mercurio se calculó en 2005 en casi 9.000 millones de dólares al año.
Una de las formas en que el mercurio llega a los peces es a través de los gases que ascienden por las chimeneas de las centrales eléctricas cercanas que queman carbón.
La Agencia de Protección Ambiental estableció una norma en 2012 que limitaba las emisiones de mercurio de las centrales eléctricas de carbón con el objetivo de mejorar la calidad del aire y la salud pública. La primera administración de Trump intentó debilitar la norma en 2020, argumentando que los costes para la industria superaban los beneficios para la salud pública. Posteriormente, la administración de Biden endureció las regulaciones unos años más tarde.
Ahora, la administración Trump afirma que ha finalizado un nuevo debilitamiento de las regulaciones, volviendo al estándar de 2012 y también relajando los límites de emisiones de arsénico, cadmio, cromo, plomo y níquel, además de eliminar los requisitos de monitorización continua de las emisiones de las chimeneas, medidas con las que la administración espera impulsar la producción de energía a partir del carbón.
Estudio el mercurio y sus fuentes como biogeoquímico en la Universidad de Indiana. Antes de que entrara en vigor la norma original de la EPA sobre el mercurio, mis estudiantes y yo pusimos en marcha un proyecto para seguir cómo las centrales eléctricas del área de Indianápolis estaban aumentando el mercurio en los ríos y los suelos.
El mercurio se bioacumula en la cadena alimentaria
Los riesgos de comer un pez de un río situado a sotavento de una central eléctrica de carbón dependen del tipo de pez capturado y de la edad y condición de la persona que lo consume.
El mercurio es una toxina bioacumulativa, lo que significa que se concentra cada vez más en la carne de los organismos a medida que avanza por la cadena alimentaria.

El mercurio se acumula a medida que avanza por la cadena alimentaria.
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El mercurio emitido por las centrales eléctricas de carbón cae sobre los suelos y es arrastrado hacia las vías fluviales. Allí, el mercurio relativamente benigno es transformado por bacterias en una forma orgánica tóxica llamada metilmercurio.
Cada bacteria puede contener solo una unidad de metilmercurio tóxico, pero un gusano que se alimenta de sedimentos y consume 1.000 de esas bacterias contiene ahora 1.000 dosis de mercurio. El siluro que se come al gusano recibe aún más dosis, y así sucesivamente a lo largo de la cadena alimentaria hasta llegar a los humanos.
De este modo, los peces depredadores de nivel superior, como el black bass de boca pequeña, el lucioperca, el black bass de boca grande, la trucha de lago y el lucio del norte, suelen contener las mayores cantidades de mercurio en los ecosistemas fluviales y lacustres. Estos peces pueden contener suficiente mercurio como para ser considerados peligrosos para los fetos en desarrollo de las mujeres embarazadas y para los niños.
Cómo el mercurio de las centrales de carbón cae del cielo
En nuestro estudio queríamos responder a una pregunta sencilla: ¿tenían las centrales eléctricas locales que quemaban carbón, conocidas por ser grandes emisoras de mercurio tóxico, un impacto en el medio ambiente local?
La respuesta obvia parece ser que sí. Pero en realidad, bastantes investigaciones —y la publicidad de la industria del carbón— señalaban que el mercurio es un «contaminante global» y que no necesariamente podía atribuirse a una fuente local. Un argumento recurrente es que el mercurio depositado en el paisaje procedía de centrales eléctricas de carbón en China, así que ¿por qué regular las emisiones locales si otros seguían quemando carbón?
Esa justificación se basaba en la química única de este elemento. Es el único metal que es líquido a temperatura ambiente y, cuando se calienta solo a un nivel moderado, se evapora en forma de vapor de mercurio. Así, cuando el carbón se quema en una central eléctrica, el mercurio presente en él se libera por las chimeneas como gas y se diluye a medida que se desplaza. Niveles bajos de mercurio también se producen de forma natural.
Aunque este argumento era técnicamente cierto, descubrimos que ocultaba el panorama general.

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Descubrimos que la fuente abrumadora de mercurio estaba a la vista de los pescadores del río White: una gran central eléctrica de carbón en las afueras de la ciudad.
En aquel momento, esta central emitía mercurio en forma de vapor, aunque desde entonces ha cambiado al gas natural.
Comprobamos que gran parte del mercurio de la planta reaccionaba rápidamente con otros componentes atmosféricos y con el vapor de agua para «lavarse» sobre la ciudad. Estaba lloviendo mercurio sobre el paisaje.
Viajar por aire y por agua, a kilómetros de la fuente
El mercurio emitido por las chimeneas de las centrales eléctricas de carbón puede caer de la atmósfera con la lluvia, la niebla o mediante reacciones químicas. Varios estudios han mostrado niveles elevados de mercurio en suelos y plantas cerca de las centrales, con gran parte del mercurio depositándose en un radio de unos 15 kilómetros de la chimenea.
Cuando analizamos cientos de suelos superficiales a distancias de entre unos 2 y 50 kilómetros de la central eléctrica de carbón —entonces la mayor emisora de mercurio del centro de Indiana— nos quedamos sorprendidos. Encontramos una clara «pluma» de mercurio elevado en Indianápolis, con valores mucho más altos cerca de la central que descendían hasta casi niveles de fondo a 50 kilómetros a sotavento.
El río White fluye de noreste a suroeste a través de Indianápolis, en dirección opuesta a los patrones de viento. Cuando tomamos muestras de sedimentos en la mayor parte de su recorrido por el centro de Indiana, encontramos que los niveles de mercurio comenzaban bajos muy río arriba de la ciudad, pero aumentaban sustancialmente a medida que el río atravesaba el centro urbano, aparentemente acumulando el mercurio depositado a lo largo de su trayectoria.
También encontramos niveles altos mucho más río abajo de la ciudad. Así, un pescador en el campo, lejos del núcleo urbano, seguía corriendo un riesgo significativo de capturar y comer peces con alto contenido en mercurio.
La norma MATS
La EPA creó la norma sobre Mercurio y Tóxicos del Aire, o MATS, para abordar este riesgo para la salud.
La norma original estipulaba que las fuentes de mercurio debían reducirse de forma drástica. Para las centrales eléctricas de carbón, esto significaba instalar costosos filtros de captura de mercurio en las chimeneas o cambiar a otra fuente de energía. Muchas se pasaron al gas natural, lo que reduce el riesgo de mercurio pero sigue contribuyendo a problemas de salud y al calentamiento global.
La norma MATS logró reducir las emisiones de mercurio de las centrales eléctricas en un 90% estimado. También ayudó a inclinar el panorama energético nacional lejos del carbón.
El anuncio de la administración Trump del 20 de febrero de 2026 de que había derogado las actualizaciones de 2024 de la MATS sin duda será impugnado ante los tribunales.
Algunos economistas calcularon inicialmente que el coste neto de la norma MATS de 2012 para el sector eléctrico estadounidense era de unos 9.600 millones de dólares al año en dólares de 2012. Esto era aproximadamente equivalente a las estimaciones de pérdida de productividad únicamente por los daños causados por las emisiones de mercurio. Se estimó que los beneficios globales de la norma eran mayores.
Para un experto en salud pública, este cálculo es evidente. Proteger la salud de las generaciones de estadounidenses de hoy y del futuro importa.
Este artículo, publicado originalmente el 15 de febrero de 2022, se ha actualizado con el cambio normativo finalizado.![]()
Gabriel Filippelli, Profesor de Ciencias de la Tierra y director ejecutivo del Environmental Resilience Institute, Indiana University
Este artículo se republica de The Conversation bajo una licencia Creative Commons. Lea el artículo original.