Un estudio confirma que tocar un instrumento es, probablemente, el entrenamiento más completo que existe para el cerebro humano, que incluso puede llegar a prevenir el envejecimiento cerebral. 

Aprender a tocar un instrumento musical no es solo una actividad muy placentera, sino que además moldea cerebro, especialmente en la infancia, pero también en la vida adulta, haciendo que el cerebro se mantenga joven.

La investigación ha analizado cómo el entrenamiento musical mejora funciones cognitivas esenciales como la atención, la memoria de trabajo y la empatía, ayudando a crear nuevas conexiones neuronales incluso en personas adultas. 

Cuando vemos a un músico absorto tocando un instrumento, como si estuviera en “su propio mundo”, en realidad está más presente que nunca. Su cerebro está reorganizándose y creando nuevas conexiones en respuesta a la experiencia. Este concepto se conoce como neuroplasticidad. 

Más allá de las notas: ventajas de tocar un instrumento 

Al escuchar música disfrutamos de las sensaciones que nos produce, el cerebro recibe una serie de estímulos positivos, pero cuando eres tú quien toca esa música el cerebro se ilumina como una ciudad en plena fiesta. Para ejecutar una simple melodía los dos hemisferios tienen que comunicarse a una velocidad de vértigo a través del cuerpo calloso, que es un puente de fibras que conecta ambos lados del cerebro. 

El estudio destaca que, en los músicos, este puente es más ancho y más fuerte, permitiendo así que la lógica y la creatividad trabajen al unísono de forma mucho más eficiente. 

Tocar un instrumento es una tarea de una complejidad asombrosa, ya que requiere de la interacción simultánea del oído, la vista, el tacto y la motricidad, además de otras funciones cognitivas y todo en cuestión de milisegundos. 

La música además es una herramienta emocional muy poderosa. Los investigadores indican que la percepción y expresión musical activan el sistema de neuronas espejo, el cual nos permite registrar y procesar las acciones y emociones de los demás de manera automática. De esta forma mejoran la empatía y las habilidades socioemocionales. 

Se ha comprobado que la práctica musical ayuda a regular las emociones y a reducir los niveles de ansiedad y estrés, activando el sistema de recompensa del cerebro tanto en niños como en adultos. Incluso se ha llegado a utilizar la música como práctica complementaria en algunas terapias. 

La capacidad de atención y de aislar sonidos también se ven mejoradas. El estudio muestra que las personas con formación musical presentan mejores niveles de atención sostenida y selectiva, ya que están acostumbrados a tener que centrarse en sonidos concretos ignorando las distracciones. 

Frenar el envejecimiento cerebral: nunca es tarde para aprender

Uno de los hallazgos más esperanzadores de esta investigación es que, aunque el mejor momento para aprender sigue siendo en la infancia, cuando el cerebro el más moldeable, el cerebro nunca pierde su capacidad de ser moldeado por la música, aunque ya seamos adultos. 

Incluso en personas mayores sin experiencia previa, aprender a tocar un instrumento durante unos meses puede producir cambios medibles en el cerebro, como aumentos de la materia gris y mejoras en la conectividad neuronal. El estudio mostró que el cerebro envejecía más despacio y nunca dejaba de aprender. Cuantas más redes neuronales y conexiones desarrolla una persona a lo largo de su vida, más resistente es su cerebro frente al deterioro o a enfermedades como la demencia. 

No hace falta convertirse en un virtuoso de la música ni llenar estadios para obtener beneficios de aprender a tocar un instrumento. El entrenamiento musical actúa como una protección del frente al paso del tiempo. El simple hecho de empezar a coordinar los dedos para sacar una melodía sencilla ya es una inversión en salud mental. 

REFERENCIA 

Music trainig and brain plasticity during development and adulthood