El Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad se ha hecho famoso en TikTok, pero los vídeos que hablan de los síntomas de TDAH y otros trastornos dan una información errónea

La salud mental siempre ha tenido un enemigo silencioso: la confusión. Durante años, la gente ha intentado poner nombre a lo que le pasa con fragmentos de conversaciones, series, libros de autoayuda o el consejo de un amigo que “ha leído algo”. Las redes sociales han cambiado la historia, porque ahora esa búsqueda ocurre a toda velocidad, con vídeos que transmiten ideas virales. El lado bueno es que hablar de ansiedad, depresión o autismo ha hecho más visibles estas dolencias. El lado malo es igual de evidente, cuando lo que cuentan en los vídeos no tiene que ver con estos trastornos.

La Universidad de East Anglia ha revisado todo ese ruido de TikTok. En una revisión sistemática, el equipo analizó más de 5.000 publicaciones sobre temas que van desde el autismo y el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) hasta la esquizofrenia, el trastorno bipolar, la depresión, los trastornos alimentarios, el trastorno obsesivo compulsivo (TOC), la ansiedad y las fobias. Su conclusión: las redes están llenas de contenido engañoso o sin evidencia, y TikTok destaca como el peor sitio para informarse.

La tasa de desinformación llegó al 56%, según explicó la investigadora Eleanor Chatburn, de la Facultad de Medicina de Norwich. “Esto resalta lo fácil que vídeos atractivos pueden difundirse ampliamente online, incluso cuando la información no siempre es precisa”, dijo.

TikTok falla más que nadie al interpretar los síntomas de TDAH

En TikTok, el 52% de los vídeos sobre TDAH que evaluaron distintos estudios resultaron inexactos, y en autismo la cifra fue del 41%. En comparación, YouTube promedió un 22% de desinformación y Facebook se quedó justo por debajo del 15%.

El daño no se limita a creer un dato mal contado. Chatburn advierte que mucha gente joven usa estas plataformas para entender síntomas y posibles diagnósticos, y que TikTok se ha vinculado con un aumento de la creencia de “quizá tengo” un trastorno mental o del neurodesarrollo. Esa pregunta puede ser un primer paso útil, pero solo si termina en una evaluación clínica con un profesional.

El problema es que el algoritmo no trabaja como una biblioteca, trabaja como una máquina tragaperras. Si un usuario muestra interés, recibe una lluvia de vídeos parecidos que refuerzan las mismas ideas, formando cámaras de eco. Según el equipo, ese diseño premia lo que engancha rápido, y eso empuja la desinformación con ventaja. “Es una tormenta perfecta para que la desinformación se haga viral más rápido de lo que los hechos pueden alcanzarla”, señaló la doctoranda Alice Carter.

El peligro del autodiagnóstico

También importa quién habla. La revisión encontró que el contenido creado por profesionales sanitarios fue, de forma consistente, más preciso. En el caso del TDAH en TikTok, solo el 3% de los vídeos de profesionales contenía desinformación, frente al 55% en vídeos de no profesionales. La experiencia personal puede ayudar a sentirse comprendido y a visibilizar, pero necesita convivir con información basada en evidencia.

Entre tanta mala hierba, apareció una rareza luminosa. YouTube Kids no mostró desinformación en ansiedad y depresión, y registró solo un 8,9% en TDAH, algo que el equipo atribuye a reglas de moderación más estrictas. En cambio, el YouTube estándar fue descrito como “altamente inconsistente”, con calidad muy variable según tema, canal e influencer.

La receta final del trabajo es incómoda, pero clara. Las organizaciones de salud mental y neurodivergencia deberían crear y difundir más contenido fiable, y los clínicos necesitan apoyo para convertirse también en creadores. Además, piden mejor moderación, herramientas estandarizadas para evaluar la información y definiciones más claras de qué significa exactamente “desinformación” en este terreno.

REFERENCIA

The Quality of Mental Health and Neurodivergence-Related Information on Social Media: A Systematic Review