Un estudio reconstruye los hábitats de neandertales y Homo sapiens durante el último ciclo glacial y concluye que la clave de la extinción de los neandertales fue la falta de redes sociales conectadas
Llevamos décadas debatiendo por qué los neandertales desaparecieron hace unos 40.000 años. Las teorías se acumulan: el cambio climático, la competencia directa con el Homo sapiens, las epidemias, el cruce reproductivo que diluyó su población. Un nuevo estudio publicado en Quaternary Science Reviews no elimina ninguna de esas hipótesis, pero añade un factor que probablemente fue decisivo: los sapiens tenían mejores redes sociales, y eso los salvó cuando los neandertales no pudieron salvarse a sí mismos.
Una ecología computacional de nuestros primos extintos
Ariane Burke, catedrática de antropología de la Universidad de Montreal, adaptó los modelos de distribución de especies que se usan en biología de la conservación (para predecir dónde puede sobrevivir un animal según las condiciones ambientales) y los aplicó a las poblaciones humanas del Paleolítico. En lugar de observaciones de campo modernas, usó yacimientos arqueológicos como «puntos de presencia» de neandertales y de sapiens en Europa entre hace 60.000 y 35.000 años, el período exacto de la coexistencia y posterior extinción de los primeros.
El resultado fue un mapa de las zonas habitables para cada especie bajo las condiciones climáticas de entonces, identificando las regiones «núcleo»: áreas lo suficientemente grandes y productivas para sostener poblaciones estables y, crucialmente, conectadas entre sí. La conectividad es el dato clave. Cuando los entornos habitables están conectados, las poblaciones pueden moverse entre grupos ante una crisis ambiental o demográfica, compartir información sobre recursos, establecer alianzas y recuperar efectivos. Cuando están aislados, una mala temporada puede ser fatal.
Los sapiens tenían una red de seguridad, los neandertales, no
Las áreas habitables de Homo sapiens tendían a estar significativamente más interconectadas que las de los neandertales. Las zonas adecuadas para los sapiens formaban una red más densa y ramificada, especialmente en Europa occidental. Los neandertales, en cambio, parecían estar divididos en dos grandes grupos (uno en el oeste y otro en el este) con conexiones más frágiles, especialmente en Europa central y oriental. «Estas redes actúan como una red de seguridad», explicó Burke. «Permiten el intercambio de información sobre recursos y migraciones de animales, el establecimiento de alianzas y el acceso temporal a otros territorios en caso de crisis».
Esto no significa que los neandertales fueran solitarios o incapaces de cooperar. La evidencia arqueológica, como el transporte de materiales a lo largo de cientos de kilómetros, demuestra que tenían contactos entre grupos. Pero esos contactos eran menos frecuentes y menos fiables que los de los sapiens, lo que los hacía más vulnerables cuando las condiciones climáticas cambiaban rápidamente.
Un espejo para el presente
Burke termina su artículo con una reflexión que va más allá de la prehistoria. «La migración humana siempre ha existido, facilitada por la movilidad y las redes sociales», señaló. «Incluso hoy, a pesar de las complejidades de las fronteras, las densidades de población y las desigualdades sociales, los humanos continúan migrando por las mismas razones fundamentales: encontrar áreas más favorables, reunirse con seres queridos y unirse a redes de ayuda mutua». La extinción de los neandertales, en este relato, no fue un fracaso de inteligencia ni de tecnología. Fue un fracaso de conexión.
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