Las plantas carnívoras siempre han sido consideradas devoradoras de insectos, pero ¿y si su relación con las avispas fuera más complicada?
Normalmente imaginamos la naturaleza como un campo de batalla donde los roles están bien definidos como depredadores y presas: la planta carnívora es una trampa mortal y el insecto la víctima. Con sus hojas que se cierran de golpe o sus jarros llenos de ácido, parecen los depredadores definitivos del mundo vegetal, sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista Ecology ha descubierto que las avispas que visitan plantas carnívoras no siempre acaban devoradas, estas plantas están alimentando a sus supuestas presas más de lo que las consumen.
El profesor David Armitage, del Instituto de Ciencia y Tecnología de Okinawa (OIST), junto con su equipo, decidió investigar la Darlingtonia californica, una planta carnívora conocida popularmente como «planta cobra» por su peculiar forma de jarra y sus «colmillos» de salida. Estas plantas viven en pantanos de California donde los nutrientes en el suelo son escasos, por lo que han evolucionado para obtener nitrógeno digiriendo insectos.
Los científicos notaron algo extraño, la gran mayoría de los insectos que visitan la planta escapan sin un rasguño y con el estómago lleno de néctar. La tasa de captura es asombrosamente baja, menos del 2% de las avispas que visitan la planta terminan siendo atrapadas y digeridas. La gran mayoría aterriza, se da un festín con el néctar dulce que produce la planta y se va volando tranquilamente.
Este comportamiento planteaba varias preguntas ¿por qué una planta gastaría tanta energía produciendo néctar para atraer insectos para no devorarlos? ¿es la planta cobra una cazadora muy torpe o hay algo más en la relación entre las avispas y estas plantas?
Las plantas carnívoras que alimentaban a las avispas
Para demostrar que las avispas estaban obteniendo un beneficio real de las plantas, los científicos recurrieron al análisis de isótopos de nitrógeno en estos insectos, mediante una técnica llamada espectrometría de masas. Las plantas carnívoras al digerir otros insectos acumulan niveles elevados de un isótopo pesado llamado nitrógeno-15.
Los científicos midieron esos isótopos en tres niveles: en las propias jarras, en otras plantas cercanas y, sobre todo, en las avispas. Y encontraron que las avispas que vivían cerca de las plantas carnívoras tenían niveles significativamente más altos de nitrógeno pesado que las que vivían en otras zonas, es decir, mostraban la “firma química” del néctar de las jarras. Lo que significa que estas avispas se alimentan de un recurso que, en parte, proviene de otros insectos que ya se han convertido en el menú de la planta.
Esto prueba que el néctar de la planta carnívora no es solo un cebo ocasional, sino una fuente fundamental de la alimentación de la población de avispas local. La planta se dedica a alimentar a las avispas más que a comérselas, de manera que las avispas no solo sobreviven a la visita, sino que se benefician de ella.
Pero, qué beneficio obtiene la planta. Aunque atrapar presas puede aportarles nutrientes, mantener una comunidad de insectos visitantes también puede favorecer la circulación de esos nutrientes en el ecosistema y atraer a otros organismos que si son inmediatamente atrapados en la trampa. Estamos ante un mutualismo disfrazado, una relación donde ambos bandos se benefician.
Plantas carnívoras ¿depredadoras o agricultoras?
Este descubrimiento cambia la visión que se tenía de las plantas carnívoras, en lugar de ser simples trampas mortales, podrían considerarse «especies fundadoras», parecidas a los arrecifes de coral. Al proporcionar un suministro constante de néctar en entornos que áridos y pobres en recursos, la planta sostiene a las comunidades de insectos.
Al no ser demasiado eficiente capturando presas, la planta asegura que siempre haya una población de vecinos zumbando cerca, garantizando su propio suministro de alimento a largo plazo sin agotar el recurso. La planta sacrifica parte de su néctar para mantener a una población saludable de avispas a su alrededor, alimentándose ocasionalmente de alguna desafortunada que proporciona a la planta el nitrógeno vital que necesita para sobrevivir y alimentar al resto de avispas.
“Es casi como si la planta estuviera cultivando a los insectos que luego se comerá” bromea Armitage.
Este estudio prueba que la ecología no es siempre una cuestión de comer o ser comido, las interacciones ecológicas son fluidas y dependen del contexto. Dejar libre una presa hoy puede asegurar el alimento mañana, desdibujando la línea entre invitar a cenar y ser la cena.
REFERENCIA