Los titubeos en el habla cotidiana (pausas, uso de «eee», o dificultad para encontrar palabras) predicen el funcionamiento del cerebro mejor que los test estándar
Los «eee», los «mmmm». las pausas, los momentos en que uno busca una palabra que no llega. Durante décadas, esas irregularidades del habla se consideraron simples tics o muletillas sin significado clínico particular. Un nuevo estudio de la Universidad de Toronto y el Hospital Baycrest, publicado en el Journal of Speech, Language, and Hearing Research, muestra que esos momentos revelan mucho más que eso: son una ventana en tiempo real al estado de la función ejecutiva del cerebro, y su análisis sistemático predice el rendimiento cognitivo mejor que algunos tests neuropsicológicos estándar. Lo más significativo es que esta «ventana» es completamente accesible sin equipamiento especial, sin citas médicas y sin que el paciente sea consciente de estar siendo evaluado.
El experimento: 241 adultos entre 18 y 90 años
El equipo analizó el habla espontánea de 241 adultos de entre 18 y 90 años: 67 adultos mayores de 65-75 años y 174 distribuidos a lo largo del rango 18-90. Cada participante miraba dos ilustraciones y describía todo lo que veía durante 60 segundos por imagen. Un software especializado extrajo más de 700 características de esas grabaciones: velocidad del habla, duración y frecuencia de las pausas, frecuencia de palabras de relleno («um», «eeeh», «bueno»), velocidad de recuperación de palabras, complejidad sintáctica y riqueza de vocabulario. Paralelamente, todos los participantes completaron una batería de evaluaciones cognitivas estándar que medían función ejecutiva, memoria de trabajo, velocidad de procesamiento e inhibición.
Las pausas y los «ums» son la señal acústica de una función ejecutiva deteriorada y un mayor coste cognitivo
El resultado más importante fue que las características del habla relacionadas con la sincronización (frecuencia y duración de las pausas, velocidad de recuperación de palabras) mostraban correlaciones con la función ejecutiva que superaban las del Montreal Cognitive Assessment (MCA), el test de cribado de demencia más usado en atención primaria. Dicho de otro modo: el «um» en una frase cotidiana predice el estado cognitivo del hablante con más precisión que el test que el médico de cabecera usa habitualmente para detectar problemas cognitivos.
Por qué el habla refleja la función ejecutiva
Producir lenguaje espontáneo es uno de los procesos cognitivos más exigentes. Requiere buscar palabras en la memoria semántica, organizarlas en estructuras gramaticales, monitorizar el discurso para asegurarse de que tiene coherencia, y hacerlo todo en tiempo real mientras se presta atención al interlocutor.
Cuando la función ejecutiva (la capacidad del cerebro para planificar, inhibir respuestas automáticas, mantener información en la memoria de trabajo y cambiar de tarea) está deteriorada, ese proceso se vuelve más lento, más interrumpido y más irregular. Las pausas y los «ums» son la señal acústica de ese mayor coste cognitivo. En personas mayores en las que la función ejecutiva empieza a deteriorarse años antes de que aparezcan síntomas de demencia clínica, esa señal podría servir como biomarcador accesible para la detección temprana.
Las implicaciones prácticas apuntan hacia aplicaciones de análisis automático del habla que puedan usarse con cualquier teléfono inteligente: el usuario habla durante un minuto describiendo una imagen estándar, y el software analiza las características acústicas y lingüísticas para estimar su estado cognitivo. Varias empresas de neurotecnología trabajan en esa dirección, y este estudio proporciona la validación clínica más robusta hasta ahora de que el método tiene sentido.
REFERENCIA