El consumo de uvas durante 14 días redujo el daño en el ADN de la piel inducido por la radiación UV, disminuyó la mortalidad celular por reprogramó vías antiinflamatorias

La fotoproteción solar habitualmente se aplica sobre la piel. Un ensayo clínico publicado en el Journal of the American Academy of Dermatology por el equipo del Dr. Craig Elmets de la Universidad de Alabama sugiere que también puede comerse. El consumo de uvas, dos tazas y cuarto al día durante solo dos semanas, produjo cambios medibles a nivel genético en la piel de los voluntarios que la volvieron significativamente más resistente al daño ultravioleta. No es que el efecto sea comparable a un protector solar FPS 50: pero el mecanismo biológico identificado, que opera desde dentro del organismo a nivel de la expresión génica, es real y merece atención.

El ensayo con las uvas y lo que encontraron

El equipo de Elmets reclutó a adultos sanos y les administró durante 14 días polvo de uva entera equivalente a 2,25 tazas de uvas frescas al día. Antes y después del período de consumo, se midió la respuesta de la piel a dosis controladas de radiación UV mediante el llamado MED (Minimal Erythema Dose): la cantidad mínima de UV que produce enrojecimiento visible de la piel tras 24 horas. Los participantes que respondieron al consumo de uvas mostraron un MED un 74,8% mayor después de las dos semanas, lo que significa que necesitaban sustancialmente más radiación UV para quemarse.

Las biopsias de piel tomadas antes y después del tratamiento revelaron el mecanismo molecular: menor daño en el ADN inducido por UV (medido por dímeros de pirimidina ciclobutano, una huella del daño que produce la radiación), menos muerte de células cutáneas y reducción de marcadores inflamatorios que cuando no se controlan contribuyen al daño acumulativo que lleva al cáncer de piel.

El efecto no fue universal: solo 9 de los 29 voluntarios mostraron la respuesta protectora completa. Los 20 restantes no mostraron cambios significativos en su MED. El análisis del microbioma intestinal y el metaboloma de orina de los respondedores frente a los no respondedores reveló diferencias sistemáticas en ciertos metabolitos, lo que sugiere que la composición del microbioma puede determinar si el individuo puede metabolizar los polifenoles de las uvas de formas que produzcan los compuestos protectores activos en la piel.

«Vimos un efecto fotoprotector significativo con el consumo de uvas y pudimos identificar las vías moleculares mediante las cuales se produce ese beneficio: a través de la reparación del daño en el ADN y la regulación negativa de las vías proinflamatorias», señaló Elmets.

Los polifenoles y la conexión intestino-piel

Los componentes de las uvas que probablemente explican el efecto son los polifenoles: resveratrol, quercetina, catequinas y proantocianidinas, entre otros. Estos compuestos son procesados por las bacterias intestinales y convertidos en metabolitos que circulan por la sangre y llegan a la piel, donde pueden activar vías de reparación del ADN (particularmente la ruta de reparación por escisión de nucleótidos, NER) y suprimir la producción de citoquinas proinflamatorias inducida por la radiación UV.

La conexión entre el microbioma intestinal y la salud cutánea (el llamado «eje intestino-piel») está emergiendo como un campo de gran importancia en dermatología. El hecho de que solo un tercio de los voluntarios respondieran, y que esos respondedores tuvieran un microbioma distinto de los no respondedores, sugiere que la fotoproteción dietética con uvas podría ser personalizable: un análisis del microbioma podría predecir quién se beneficiará más.

REFERENCIA