Una revisión de estudios en China concluye que las células senescentes tienen un papel protector en la cicatrización, el desarrollo fetal y la supresión tumoral, y que no se deben eliminar indiscriminadamente
Las células senescentes, apodadas células zombie, están de moda, igual que las series de zombies. Estas células llevan más de una década siendo el villano favorito de la ciencia del envejecimiento y los influencers que quieren vivir para siempre. Son células que han dejado de dividirse pero no mueren: se quedan en el tejido secretando un cóctel de sustancias inflamatorias (el llamado SASP) que daña las células vecinas y se ha asociado con el cáncer, el alzhéimer, la diabetes, la artrosis y prácticamente todas las enfermedades del envejecimiento.
La respuesta lógica parecía eliminarlas con fármacos senotíticos, y varios están en ensayos clínicos. Una revisión publicada en la revista Aging por el equipo de Jian Deng y Dong Yang del Hospital West China de la Universidad de Sichuan pone freno a ese entusiasmo: las células senescentes no son siempre malas. Algunas son esenciales para funciones biológicas críticas, y eliminarlas podría ser contraproducente.
Los papeles protectores de la senescencia
La revisión cataloga sistemáticamente los contextos en que la senescencia celular es beneficiosa. El primero y más documentado es la cicatrización de heridas: inmediatamente después de una lesión tisular, una oleada de senescencia transitoria en las células del borde de la herida es necesaria para coordinar la respuesta reparadora. Las células senescentes en ese contexto secretan factores de crecimiento y de remodelación de la matriz extracelular que guían la reconstitución del tejido. Los ratones con senescencia suprimida cicatrizan peor, no mejor.
El segundo contexto es el desarrollo fetal: durante la embriogénesis, la senescencia programada de grupos específicos de células es necesaria para esculpir la morfología correcta de los órganos, especialmente del sistema nervioso y los miembros. El tercer papel protector es la supresión tumoral: la senescencia replicativa (el límite de divisiones que las células normales pueden hacer antes de entrar en senescencia) es uno de los principales frenos al crecimiento canceroso. Cuando esa barrera falla, las células pueden continuar dividiéndose indefinidamente.
El cuarto papel, más reciente y más sorprendente, está en la respuesta al daño en el ADN. Cuando una célula sufre daño grave en su ADN (por radiación, quimioterapia u otras causas), entrar en senescencia en lugar de morir por apoptosis puede ser una respuesta adaptativa que evita que esa célula dañada se divida y transmita sus errores genéticos. En el contexto de la quimioterapia contra el cáncer, la senescencia de las células tumorales inducida por el tratamiento puede ser un mecanismo anticancerígeno adicional al de la muerte celular directa. Eliminar esas células tumorales senescentes demasiado rápido con senotíticos podría reducir paradójicamente la eficacia de la quimioterapia.
Hacia la senoterapia de precisión
La conclusión de la revisión no es que los senotíticos sean malos o que la senescencia no contribuya al envejecimiento patológico. La evidencia de que las células senescentes dañinas contribuyen a múltiples enfermedades del envejecimiento es sólida. La conclusión es más matizada: no todas las células senescentes son iguales, y la estrategia de «eliminar todas las células senescentes» que subyace al desarrollo de los senotíticos actuales podría estar equivocada como planteamiento general.
Lo que hace falta es una «senoterapia de precisión»: identificar qué tipos de células senescentes en qué tejidos en qué contextos son dañinas, y dirigir los tratamientos específicamente a ellas. Para eso se necesitan biomarcadores que distingan las células senescentes dañinas de las protectoras, un campo de investigación todavía en sus inicios. En España, donde varios grupos del CNIO y el CNIC trabajan activamente en biología de la senescencia, el nuevo marco conceptual que propone la revisión orienta la investigación futura hacia una selectividad que los enfoques actuales no tienen.
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