Un equipo de asiriólogos publica el análisis de unas tablillas cuneiformes del primer milenio a.e.c. que incluyen rituales contra la brujería, encantamientos de protección del hogar y textos sobre política y vida diaria

Imagen: Investigadores del Museo Nacional de Dinamarca y de la Universidad de Copenhague han analizado, identificado y digitalizado una amplia colección de tablillas cuneiformes. Crédito: Troels Pank Arbøll

Hace más de 3.000 años, en las ciudades de Mesopotamia (el territorio que hoy ocupa principalmente Irak), los escribas grababan en tablillas de arcilla con punzones de caña todo aquello que merecía ser registrado: contratos comerciales, listas de bienes, correspondencia administrativa, textos literarios y también, con una frecuencia que sorprende a los investigadores modernos, instrucciones para protegerse de las brujas.

El análisis de una nueva colección de tablillas cuneiformes publicado recientemente por un equipo de asiriólogos ilumina con detalle inusual cómo la magia, la política y la vida cotidiana se entretejían de forma inseparable en aquella civilización.

El Maqlû: el libro de los exorcistas

Entre las tablillas analizadas destacan varios fragmentos del Maqlû (que significa «quema» en acadio), una serie de nueve tablillas compuesta alrededor del año 700 antes de Cristo que es la obra de ritual anti-brujería más extensa conocida de la antigüedad. El Maqlû era el libro de los ashipu, los sacerdotes-exorcistas del antiguo Cercano Oriente que tenían el monopolio institucional de los rituales de protección.

Su función no era identificar a las brujas (la identidad de quien había lanzado un maleficio raramente se conocía) sino reemplazarlas por efigies en los rituales y confiar en que los dioses supieran a quién enviar el castigo. Es un sistema de magia notable en su pragmatismo: ante la imposibilidad de saber quién te ha hechizado, se construye un procedimiento que funciona sin esa información.

Los nuevos fragmentos incluyen variantes del ritual que no habían sido documentadas anteriormente, incluyendo versiones simplificadas para uso doméstico que sugieren que el Maqlû no era solo un texto especializado para los profesionales del culto sino que circulaba en versiones adaptadas para el ciudadano ordinario preocupado por la protección de su hogar. Las tablillas también incluyen rituales del Bīt mēseri (literalmente «casa de confinamiento»), encantamientos diseñados para crear una barrera protectora alrededor de un edificio, con instrucciones para enterrar figuras de arcilla en las esquinas de la casa y recitar fórmulas durante el proceso.

La magia como  historia social

Los textos mágicos son de los documentos más ricos que tiene la historia para entender la vida cotidiana de las civilizaciones antiguas, precisamente porque están escritos para uso práctico, no para audiencias futuras. En las tablillas del Maqlû aparecen oficios (el brujo puede ser un hombre, una mujer, un extranjero, un actor, un vendedor ambulante), relaciones sociales (el daño causado por la magia puede venir de un familiar, un vecino o un desconocido) y ansiedades cotidianas (la enfermedad, la mala suerte en el comercio, los problemas conyugales) que revelan las preocupaciones reales de los habitantes de las ciudades mesopotámicas.

Los textos políticos hallados junto a los mágicos en las mismas colecciones sugieren que los mismos escribas que copiaban contratos reales y correspondencia administrativa también copiaban los rituales de protección, integrando la magia en el mismo tejido burocrático que sostenía el Estado.

REFERENCIA

4,000-year-old tablets reveal magic spells, kings feared, and a beer receipt (Fuente: Science Daily)