Según un estudio reciente basta con ver 5 publicaciones en redes sociales sobre un mismo para moldear tus creencias, incluso si se trata de bulos o información errónea

Estás en el autobús, aburrido, deslizando el dedo por la pantalla de tu móvil, ves pasar un meme sobre una nueva teoría conspiranoica, dos publicaciones más abajo, un reel habla de lo mismo. Antes de llegar a tu parada, te cruzas con un par de comentarios sobre lo mismo. Sin darte cuenta, y en menos de cinco minutos, tu cerebro ya ha tomado una decisión: “Oye, pues algo de verdad habrá en esto”. Si sientes que te ha pasado algo parecido alguna vez, no te sientas mal, no es que seas una persona ingenua, es que tu cerebro acaba de ser hackeado por el diseño de las redes sociales.

Quizás creas que eres un consumidor crítico que evalúa cuidadosamente cada dato antes de integrarlo en su visión del mundo, sin embargo, un nuevo estudio publicado en la revista científica Information Systems Research sugiere que el proceso para hacernos formar una creencia u opinión sobre algo es mucho más rápido, automático y peligroso de lo que imaginamos.

La investigación, liderada por profesores de la Trinity Business School y NEOMA Business School, revela que bastan apenas cinco publicaciones “coherentes” sobre un tema desconocido para que un usuario comience a formar una opinión estable y duradera, aunque se trate de noticias falsas.

Primero creemos, después preguntamos

En las redes sociales, no decidimos si algo es real para luego formarnos una opinión, hacemos justamente lo contrario, nos formamos una opinión primero, de manera automática, y la verdad pasa a un segundo plano. Según Ashish Kumar Jha, coautor del estudio, tendemos a creer que nuestras opiniones se desarrollan mediante una evaluación deliberada, pero la realidad es que las impresiones iniciales se forman casi de manera automática, basándose en la repetición y la familiaridad más que en los hechos.

El equipo de investigadores realizó tres experimentos controlados usando publicaciones estilo Instagram diseñadas para simular el comportamiento habitual de hacer scroll en redes sociales. Los participantes se expusieron a información desconocida sobre distintos temas y se les pidió que interactuaran con el contenido en condiciones parecidas al uso real de las plataformas.

Después de aproximadamente cinco exposiciones, los cinco impactos, a contenido coherente surgió un patrón muy claro, las impresiones de los usuarios comenzaban a estabilizarse. A partir de ese momento, surgía lo que los autores llaman el «punto de información crítica» o PCI, por sus siglas en inglés. Una vez cruzado ese umbral las publicaciones que reforzaban la opinión emergente se volvían más fáciles de creer y más propensas a compartirse, la información contradictoria se volvía más fácil de descartar o ignorar, y se comprobó que el efecto se mantenía incluso cuando la información era falsa. Es decir, no hace falta que la información sea veraz para que empiece a construirse una opinión duradera.

Los bulos son más creíbles si los cuenta un “doctor”

El estudio también desveló un fallo alarmante en la forma en que evaluamos la autoridad en internet. La investigación descubrió que las señales de identidad profesional influyen drásticamente en la credibilidad. Por ejemplo, los perfiles que incluían títulos como «Dr.», “Dr. en ciencias” o “experto en mercados” en su descripción generaban un mayor nivel de confianza y compromiso, incluso aunque estas credenciales no estuvieran verificadas. Sorprendentemente, en muchos casos, los usuarios confiaban más en estas cuentas con títulos profesionales que en influencers con millones de seguidores que publicaban la misma información.

Cualquiera puede ponerse una bata digital y el cerebro picará el anzuelo si el algoritmo le ayuda a aparecer repetidamente en el inicio de los demás. Este descubrimiento pone en jaque las estrategias actuales de las redes sociales para combatir la desinformación como las que llevan a cabo actualmente plataformas como Meta, TikTok o X que colocan etiquetas de contenido falso o reducen el alcance de un bulo después de que este se ha vuelto viral.

El estudio demuestra que para entonces ya es demasiado tarde. Si la advertencia llega cuando el usuario ya ha visto sus cinco publicaciones iniciales, su opinión ya se ha transformado en una creencia arraigada, el usuario no pensará que el post original era mentira, pensará que la plataforma lo está censurando.

Cómo se muestra el contenido y cuántas veces se repite un contenido es un arma poderosa que moldea el comportamiento social a gran escala, especialmente en momentos críticos como elecciones o emergencias sanitarias.

REFERENCIA

Where the Ball Starts Rolling? An Empirical Investigation into Initial Opinion Formation on Social Media Platforms