Un equipo de paleontólogos argentinos describe una nueva especie de tortuga meiolaniforme procedente de sedimentos de Patagonia, que vivió en los últimos millones de años antes de la extinción masiva del Cretácico
Imagen: Representación artística de la Patagoniaemys aeschyli. Crédito de la imagen: Nawel Vázquez / Museo Argentino de Ciencias Naturales «Bernardino Rivadavia» / CONICET.
Las tortugas meiolaniformes son uno de los grupos de reptiles más extraños que jamás hayan existido: tortugas terrestres de gran tamaño con cráneos ornamentados con cuernos óseos, colas con anillos de placas blindadas, y un aspecto que recuerda más a un dinosaurio acorazado en miniatura que a una tortuga moderna.
El grupo sobrevivió hasta tiempos sorprendentemente recientes: los meiolánidos de Australia y las islas del Pacífico sobrevivieron hasta hace solo unos pocos miles de años, posiblemente extinguidos por la llegada de los humanos. Pero sus orígenes se remontan al Cretácico, y el registro fósil de esa fase temprana del grupo es escaso, especialmente en Sudamérica. El nuevo hallazgo de Patagonia, descrito por el equipo de Agnolin en Acta Palaeontologica Polonica, añade una pieza importante a ese registro temprano y lo hace en un momento crucial: justo antes del cataclismo que cambió la historia de la vida en la Tierra.
El último capítulo antes del impacto
Patagoniaemys aeschyli procede de niveles sedimentarios datados en el Maastrichtiano, el último piso del Cretácico, que terminó hace 66 millones de años con el impacto del asteroide de Chicxulub. El material fósil incluye elementos del caparazón y del cráneo que muestran las proyecciones cornudas características de los meiolaniformes, aunque de menor tamaño y diferente disposición que en los representantes más tardíos y mejor conocidos del grupo en Australia y América del Sur del Cenozoico.
El análisis filogenético sitúa a Patagoniaemys en una posición basal dentro de los meiolaniformes, lo que sugiere que el grupo ya estaba diversificándose en Sudamérica antes del fin del Cretácico, con linajes que sobrevivirían la extinción masiva y se diversificarían posteriormente en el continente y, eventualmente, dispersarían hacia Australia y el Pacífico.
Sobrevivientes de un mundo que desapareció
Lo que hace especialmente interesante a Patagoniaemys es su posición temporal: es uno de los pocos vertebrados terrestres del Maastrichtiano de Sudamérica que se conoce con cierto detalle, en un período en que el registro fósil global está dominado por los grandes dinosaurios que pronto se extinguirían. Las tortugas, junto con los cocodrilos, los mamíferos pequeños y algunas aves, fueron de los grupos de vertebrados que mejor sobrevivieron la extinción del límite K-Pg, posiblemente gracias a su capacidad de refugiarse, su metabolismo más lento y su menor dependencia de cadenas tróficas complejas.
El linaje de los meiolaniformes, del que Patagoniaemys es un representante temprano, atravesaría la extinción masiva sin aparente disrupción mayor y seguiría diversificándose durante decenas de millones de años en el Cenozoico, llegando hasta Australia, donde sus últimos representantes (el género Meiolania) sobrevivirían hasta la llegada de los humanos hace pocos miles de años. La historia de Patagoniaemys es, en cierto sentido, la historia de un linaje que vio el fin de un mundo y siguió adelante.
Patagonia como refugio de linajes arcaicos
El sur de Sudamérica ha sido reconocido cada vez más como un refugio de linajes arcaicos durante el Cretácico tardío. Mientras que en el hemisferio norte la fauna de vertebrados terrestres estaba dominada por linajes de dinosaurios y mamíferos más derivados, Patagonia conservaba una mezcla peculiar de formas relictas junto con linajes en plena diversificación: titanosaurios gigantes, abelisáuridos, y ahora se suma esta tortuga meiolaniforme de morfología temprana.
Esa combinación de antigüedad y diversificación simultánea convierte a la Patagonia del Maastrichtiano en un laboratorio natural para entender cómo los ecosistemas terrestres del hemisferio sur respondieron a los cambios ambientales que precedieron a la extinción masiva, y por qué algunos linajes (como los meiolaniformes) sobrevivieron mientras que otros (los dinosaurios no avianos) no lo hicieron.
La respuesta probablemente tiene que ver con el tamaño corporal, la dieta generalista, los ciclos vitales más lentos y la capacidad de los reptiles ectotermos de sobrevivir períodos prolongados sin alimento, ventajas que los grandes dinosaurios herbívoros y carnívoros, con sus altas demandas metabólicas, no poseían.
REFERENCIA