La extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años hizo que los hongos tuvieran un resurgir en medio de la oscuridad y las cenizas, pero, en realidad, ya lo habían hecho antes
Cuando el asteroide de Chicxulub impactó en la Península de Yucatán hace 66 millones de años, no fue el primer golpe que sufrían los ecosistemas del planeta. Las Trampas del Decán, un episodio de vulcanismo colosal en lo que hoy es el noroeste de India, llevaban ya decenas de miles de años emitiendo enormes cantidades de CO₂, SO₂ y cenizas.
La combinación de ambos factores produjo la mayor extinción en masa de los últimos 250 millones de años, eliminando a los dinosaurios no avianos, los pterosaurios, los mosasaurios y el 75% de todas las especies del planeta. Ahora, un nuevo estudio de la Johns Hopkins University publicado en PNAS por Rosanna Baker y el Prof. Arturo Casadevall añade un nuevo marcador de ese cataclismo: los hongos. Y el marcador, inesperadamente, apareció dos veces.
El doble pico en el registro fósil de Colorado
La proliferación de hongos después de grandes catástrofes ecológicas es conocida en el registro geológico. Tras la extinción Pérmico-Triásico de hace 252 millones de años (la mayor extinción de todos los tiempos), el registro polínico en todo el mundo muestra un pico masivo de esporas fúngicas, interpretado como la respuesta de los hongos a una extraordinaria disponibilidad de materia orgánica muerta. Un pico similar se había documentado en la extinción K-Pg, pero únicamente en registros de Nueva Zelanda. E
l nuevo estudio analizó secciones de roca de varios yacimientos paleontológicos de la cuenca de Denver (Colorado), precisamente en el límite K-Pg, utilizando palinología (análisis de esporas y polen fósil). Los resultados revelaron un primer pico de esporas fúngicas bien definido inmediatamente después del impacto de Chicxulub, confirmando que el fenómeno de proliferación fúngica fue global y no limitado a Nueva Zelanda.
Pero la sorpresa fue el segundo pico. Los autores descubrieron que aproximadamente 30.000 a 10.000 años antes del impacto del asteroide (dentro del Cretácico tardío), ya había habido un episodio prolongado de proliferación fúngica que coincidía con un período de temperaturas relativamente bajas en la región, a su vez correlacionado con la intensificación del vulcanismo del Decán.
«Hay otras evidencias del registro fósil de que algunas especies estaban muriendo ya en ese momento. Es plausible que ese vulcanismo estuviera sometiendo a estrés a los ecosistemas de todo el mundo, preparando el terreno para el golpe final cuando el asteroide llegó», señaló Baker. También apareció un tercer episodio de proliferación fúngica, de unos 2.000 años de duración, unos 10.000 años después del impacto, de causa no identificada.
Las implicaciones: el Decán como primer estresante
El hallazgo refuerza la hipótesis de que la extinción K-Pg no fue un evento instantáneo desencadenado únicamente por el impacto, sino un proceso doble en el que el vulcanismo del Decán actuó como primer estresante que debilitó los ecosistemas globales antes de que el asteroide les diera el golpe de gracia.
Desde la perspectiva micológica, el estudio confirma que los hongos son un marcador fiable de perturbaciones ecosistémicas globales: cuando la materia orgánica muerta abunda y la luz escasea (exactamente lo que ocurre tras un impacto de asteroide o una erupción volcánica masiva), los hongos saprófitos explotan. La abundancia de esporas fúngicas en el registro sedimentario puede ser por tanto un indicador universal de perturbaciones catastróficas en la historia de la Tierra.
REFERENCIA