Los científicos pensaban que estaban ante fósil de mamut más reciente de la historia, pero resultó ser algo completamente distinto

En 1950, el naturalista Otto Geist encontró dos grandes vértebras cerca de Faribanks en el interior de Alaska, en una región geográfica prehistórica conocida como Beringia. Por el tamaño de los huesos y el contexto, una región rica en restos de megafauna del Pleistoceno, Geist asumió que pertenecían al famoso mamut lanudo, Mammuthus primigenius, y así han permanecido etiquetados durante años, almacenados en el University of Alaska Museum of the North.

Hasta que, en 2022 se lanzó un programa Adopt-a-Mammoth (adopta un mamut), una iniciativa que consistía en que el público ayudara a financiar la datación por radiocarbono de fósiles del museo, ya que estas pruebas son muy costosas. Cuando llegó el turno de estas enormes vértebras en 2024 los resultados desconcertaron a los científicos.

Placas de epifisarias (vértebras). University of Alaska Museum of the North

Placas de epifisarias (vértebras). University of Alaska Museum of the North

Según un estudio reciente publicado en el Journal of Quaternary Science, las pruebas decían que los huesos eran mucho más recientes que cualquier otro fósil de mamut encontrado hasta la fecha, lo que suponía un hallazgo increíble que podría cambiar por completo la cronología de su extinción, pero algo no cuadraba.

Un mamut que no era un mamut

Los isótopos de carbono presentes en los huesos sugerían una antigüedad de entre 1.854 y 2.731 años. Se cree que los mamuts se extinguieron hace 13.000 años, sobreviviendo algunas poblaciones aisladas, como las de la Isla Wrangel, hasta hace 4.000 años, por lo que serían miles de años más jóvenes que cualquier mamut conocido.

«Los fósiles de mamut que datan del Holoceno tardío procedentes del interior de Alaska habrían sido un hallazgo asombroso, el fósil de mamut más joven jamás registrado», explicó el biogeoquímico Matthew Wooller de la Universidad de Alaska Fairbanks, quien realizó la prueba de radiocarbono, en un estudio publicado a finales de 2025.

Pero antes de cambiar la historia decidieron asegurarse de que la especie hubiera sido identificada correctamente. Los datos de radiocarbono y los datos de isótopos estables asociados fueron las primeras señales de que algo andaba mal, los huesos contenían niveles mucho más altos de isótopos de nitrógeno-15 y carbono-13 de lo que cabe esperar de un animal terrestre que se alimentaba de hierba como el mamut lanudo.

Ningún mamut del interior de Alaska había mostrado jamás este tipo de firma isotópica, estos marcadores químicos se acumulan en animales que consumen proteínas marinas, como el krill o el pescado, es decir, era una firma química exclusiva de los animales que se alimentan en el mar. Para resolver el enigma de una vez por todas, el equipo recurrió al análisis de ADN mitocondrial, ya que el ADN nuclear estaba demasiado degradado. Los resultados fueron definitivos: los supuestos fósiles de mamut pertenecían en realidad a dos ballenas de especies distintas.

Un nuevo misterio: cómo llegaron dos ballenas al interior de Alaska

Los dos huesos, que durante décadas se creyeron parte de un mismo animal, ni siquiera procedían de la misma especie, resultaron ser de una ballena franca del Pacífico Norte, Eubalaena japonica, una especie que hoy se encuentra amenazada, con apenas unas decenas de individuos en el mundo, y una ballena minke ,Balaenoptera acutorostrata. La pregunta que surgía ahora era ¿Qué hacían los restos de dos ballenas a más de 400 kilómetros de la costa más cercana? Los investigadores barajan varias hipótesis:

  • Incursiones tierra adentro: aunque es raro, se sabe que algunas ballenas minke se han aventurado cientos de kilómetros río arriba, podrían haberse desorientado y acabar en ríos como el Yukón o el Tanana, pero es muy improbable para una ballena franca, dado su tamaño.
  • Transporte humano: los antiguos habitantes de Alaska podrían haber transportado los huesos desde la costa para usarlos como herramientas, recipientes o en rituales. Aunque esto se ha visto en otras culturas árticas, no hay registros previos de transportes a semejante distancia en esa región.
  • Error de museo: la explicación más probable para los científicos es un simple error de registro en la década de 1950. Geist recolectaba fósiles por toda Alaska y es posible que huesos de ballena de una colección costera se mezclaran accidentalmente con el envío de mamuts del interior.

Un par de huesos mal etiquetados estuvo a punto de reescribir la historia de la extinción del mamut lanudo, aunque al final resultaron ser dos ballenas el esfuerzo del equipo liderado por Matthew Wooller ha servido para depurar los registros científicos y demostrar la importancia de no publicar inmediatamente, y que incluso lo que se lleva dando por sentado 70 años puede ofrecer nuevas sorpresas.

Para los amantes de los mamuts, la buena noticia es que el misterio sigue abierto, la Universidad de Alaska Fairbanks prevé abrir en verano de 2026 el primer laboratorio de datación por radiocarbono del estado. Hay muchos huesos en los museos de Alaska esperando que alguien los vuelva a mirar con ojos nuevos.

REFERENCIA

Adopted “mammoths” from Alaska turn out to be a whale’s tale