Un aficionado ha realizado en Noruega un descubrimiento arqueológico sin precedentes perteneciente a la Edad de Bronce

Hay descubrimientos arqueológicos que llegan después de años de excavaciones, pero otros ocurren cuando menos se espera. Un padre y su hija, un paseo en coche y una colina que “parecía prometer algo”, así es como Tormod Fjeld, diseñador gráfico de profesión y buscador de grabados rupestres, ha realizado uno de los hallazgos más llamativos de la arqueología nórdica reciente: un panel de arte rupestre de unos 3.000 años de antigüedad, tallado en una roca que llevaba milenios esperando a ser encontrado. Las tallas representan barcos, pero no son barcos vikingos. Aún faltaban miles de años.

El descubridor tampoco es un aficionado cualquiera: Fjeld ha localizado hasta la fecha más de 70 escenas de grabados antiguos repartidas por el país gracias a su conocimiento del terreno y a una intuición afinada tras años de exploración.

Aquel día, mientras exploraba con su hija Ada por la zona de Kolsåstoppen, en el municipio de Bærum al este de Noruega, su ojo entrenado detectó algo inusual en una formación rocosa. Lo que encontraron no fue solo una marca en la piedra, sino un denso panel de grabados que datan de entre el año 1800 y el 500 a.C., un santuario de la Edad de Bronce oculto a plena vista durante tres milenios.

Las “huellas” del descubrimiento arqueológico

El descubrimiento, que ha captado la atención del Instituto Noruego para la Investigación del Patrimonio Cultural (NIKU), consiste en una serie de petroglifos, grabados antiguos en piedra, sorprendentemente bien conservados.

Entre las figuras talladas destacan varios barcos detallados, algunos representados en posición vertical y otros invertidos, que parecen transportar a personas con lo que parecen ser cascos, la presencia de este tipo de grabados en Noruega, Suecia y Dinamarca revela una tradición compartida entre sociedades que vivían conectadas por el mar.

Sin embargo, lo que hace de este descubrimiento excepcional no son los navíos, un tema común en el arte nórdico antiguo, sino las huellas de un pie y una mano humanas. Las manos y pies tallados son extremadamente raros en Noruega, pueden interpretarse como marcas de identidad, señales de presencia ritual o declaraciones simbólicas del tipo “yo estuve aquí”.

Huella del pie con calzado de 3.000 años

Huella del pie con calzado de 3.000 años. Crédito: Tormod Fjeld

En este caso, la huella del pie, con la planta completa, y la mano de cinco dedos gruesos añaden una dimensión íntima y humana al conjunto según los investigadores, un intento deliberado y profundamente humano de dejar una huella eterna en el mundo.

Una roca diferente

El material donde se encuentra el grabado también es sorprendente, la mayoría del arte rupestre noruego está tallado en granito, una roca dura que resiste bien el paso del tiempo, pero el panel encontrado estaba grabado en arenisca, un material más blando y poco habitual en este tipo de hallazgos, lo que permite ver con claridad cada golpe y cada incisión.

La elección de este tipo de soporte es inusual y hace que el descubrimiento cobre mayor importancia y complejidad a su estudio. Tormod Fjeld señaló que las tallas eran «increíblemente bellas», destacando el considerable esfuerzo que la comunidad de la Edad de Bronce debió dedicar a hacer estos grabados en esta colina con la esperanza de que su mensaje perdurara.

Durante la Edad del Bronce, muchas de estas rocas estaban junto al agua, visibles para quienes viajaban en barco. Hoy la vegetación, la erosión y los cambios del terreno las han ocultado, por ello hallazgos como este dependen en algunas ocasiones de la mirada experta de buscadores como Fjeld. La arqueóloga Reidun Marie Aasheim afirma que hay muchos sitios aún sin registrar y la colaboración entre profesionales y aficionados es crucial para documentarlos antes de que desaparezcan.