Un conjunto pequeño de elementos reguladores del genoma neandertal heredado por las poblaciones modernas tienen diferencias respecto a sus equivalentes en chimpancés y gorilas y podrían haber contribuido a las capacidades lingüísticas de los humanos modernos.
¿Por qué los humanos podemos hablar con un lenguaje estructurado y otros primates como gorilas y chimpancés no? Parece que esta capacidad depende de un pequeño grupo de genes. El gen FOXP2 tiene una historia fascinante en la neurobiología del lenguaje. En los años 1990, la identificación de mutaciones en FOXP2 en una familia con severos déficits de habla y lenguaje lo convirtió en el primer gen claramente asociado con el lenguaje humano.
Los análisis evolutivos subsiguientes mostraron que FOXP2 sufrió dos cambios específicos en la línea que lleva a los humanos modernos, después de la separación de los chimpancés, que alteran su función como factor de transcripción. Estudios en ratones humanizados (con la versión humana de FOXP2) mostraron que esos cambios afectan el aprendizaje vocal y la plasticidad de los circuitos cerebrales. Pero FOXP2 por sí solo no explica la complejidad del lenguaje humano: es el director de orquesta que regula docenas de otros genes, y su efecto depende tanto de las variantes del propio gen como de los elementos reguladores que controlan cuándo y dónde se expresa. El nuevo estudio se centra en esos elementos reguladores.
Los interruptores genéticos de los neandertales
Los neandertales compartían la misma versión de FOXP2 que los humanos modernos (lo que ya sugería que tenían capacidades vocales desarrolladas), pero diferían en algunos de los elementos reguladores que controlan su expresión en distintos tejidos y momentos del desarrollo. El nuevo análisis comparó los elementos reguladores conocidos de FOXP2 y otros genes del sistema del lenguaje entre el genoma de referencia humano, el genoma de neandertal (disponible gracias al trabajo de Svante Pääbo), y los genomas de chimpancés y gorilas. Identificó un pequeño conjunto de elementos reguladores que: están presentes en humanos modernos y neandertales pero no en otros grandes simios, muestran diferencias funcionales entre humanos/neandertales y chimpancés en ensayos de actividad reguladora en células neurales, y se expresan preferentemente en regiones del córtex motor y el área de Broca, las regiones más directamente implicadas en la producción del habla.
Esos elementos reguladores son «heredados» de los neandertales en las poblaciones euroasiáticas modernas, que llevan entre un 1 y un 4% de su genoma de origen neandertal: la mayoría de los individuos euroasiáticos llevan alguna versión neandertal de estos elementos reguladores. La interpretación más parsimoniosa es que esos elementos reguladores ya estaban presentes en el ancestro común de humanos modernos y neandertales y se perdieron en la línea que lleva a los chimpancés (o nunca evolucionaron en ella), pero la posibilidad de que hayan sido introducidos en las poblaciones modernas a través del cruzamiento con neandertales no puede descartarse.
Lo que queda por responder sobre el habla humana
El hallazgo no prueba exactamente que los elementos reguladores de origen neandertal sean la causa del lenguaje humano moderno: la capacidad lingüística es el resultado de cambios en decenas o centenares de genes que actuaron a lo largo de millones de años de evolución homínida. Tampoco prueba que los neandertales tuvieran lenguaje articulado equivalente al nuestro: los elementos reguladores identificados modulan la expresión de genes relacionados con la coordinación motora oral, lo que es un prerequisito para el habla, pero no es suficiente.
Lo que el estudio sí prueba es que la hibridación entre humanos modernos y neandertales dejó en las poblaciones euroasiáticas actuales una firma funcional detectable en los circuitos cerebrales relacionados con el lenguaje, y que esos elementos reguladores difieren funcionalmente de sus equivalentes en los grandes simios no hablantes. Eso hace del genoma neandertal una fuente de pistas sobre la biología molecular del lenguaje que las comparaciones entre humanos modernos y chimpancés solos nunca hubieran podido proporcionar.
REFERENCIA