Si el primer bebé es una niña, puede cambiar las ideas políticas del padre

tener una niña

Un estudio en Japón confirma que los padres cuyo primer bebé es una niña desarrollan actitudes más igualitarias sobre el género que los padres de primogénitos varones

Japón es un país bastante conservador, muy conocido por la persistencia del machismo en su sociedad. Pero incluso en este ambiente, tener una niña tiene el potencial de cambiar las posturas de los padres.

En política, los padres influyen en los hijos. Eso es lo que todos los modelos de socialización política dan por supuesto: los valores se transmiten de arriba abajo, de la generación adulta a la siguiente. Pero hay un fenómeno bien documentado en las democracias occidentales que invierte esa dirección: tener una hija como primogénita cambia las ideas de los padres sobre la igualdad de género. Un nuevo estudio publicado por Daina Chiba y Yoshikuni Ono, de la Universidad de Waseda, comprueba si ese fenómeno ocurre también en uno de los países desarrollados con mayor desigualdad de género del mundo.

Índice
  1. Por qué Japón es un caso especialmente relevante
  2. Qué cambió en los padres de primogénitas
  3. La socialización política también va de hijos a padres
  4. Lo que el estudio no puede responder
  5. Referencia

Por qué Japón es un caso especialmente relevante

Japón tiene un gobierno democrático estable, pero ocupa sistemáticamente los últimos puestos entre los países ricos en los índices de igualdad de género: brecha salarial persistente, escasa representación femenina en el parlamento y expectativas sociales muy arraigadas sobre el reparto de trabajo dentro del hogar. Es un contexto en el que, si el efecto de la primera hija aparece, resulta especialmente significativo, porque los cambios de actitud deben abrirse camino contra una cultura que refuerza activamente las ideas tradicionales sobre el papel de las mujeres.

Además, en Japón la proporción de nacimientos de niños y niñas ha permanecido perfectamente estable durante más de un siglo, sin las distorsiones que la preferencia cultural por los hijos ha producido en otros países de Asia Oriental. Esa estabilidad convierte el sexo del primogénito en un hecho esencialmente aleatorio, lo que permite a los investigadores comparar los dos grupos de padres, los de primera hija y los de primer hijo, como si procedieran de un experimento aleatorizado.

Qué cambió en los padres de primogénitas

Los investigadores analizaron respuestas de padres con al menos un hijo que participaron en la Encuesta Social General de Japón entre 2000 y 2018. Compararon a los que tenían una primera hija con los que tenían un primer hijo en una serie de preguntas sobre actitudes de género y preferencias de política pública.

Los padres de primogénitas se mostraron significativamente más dispuestos a rechazar la división tradicional de roles (marido trabaja, mujer cuida el hogar) y a apoyar una reforma legal que en Japón concentra desde hace décadas el debate sobre igualdad: la posibilidad de que las parejas casadas mantengan apellidos separados, frente a la norma actual que obliga a compartir uno, casi siempre el del marido. También apoyaron más firmemente que la línea de sucesión imperial pudiera transmitirse a través de la línea femenina, lo que representa una ruptura con siglos de tradición patrilineal. Y mostraron mayor apoyo a la redistribución del ingreso por parte del Estado y al gasto en seguridad pública, dos áreas en las que las mujeres japonesas se ven desproporcionadamente afectadas.

Para verificar que ese cambio fuera específico del género y no una deriva ideológica general, los investigadores comprobaron si los padres de primogénitas diferían de los de primogénitos varones en temas sin relación con el género: ideología general, apoyo al Partido Liberal Demócrata, posiciones sobre inmigración y política de seguridad nacional. En ninguno de esos ámbitos apareció diferencia. Tampoco en las actitudes hacia la homosexualidad. El efecto era nítidamente acotado a las políticas que afectan directamente a las mujeres.

La socialización política también va de hijos a padres

El hallazgo encaja en un patrón que los politólogos han ido documentando desde los estudios pioneros en Estados Unidos: los padres de hijas tienden a apoyar más las políticas que favorecen a las mujeres, de la conciliación laboral a la paridad en las candidaturas electorales. La explicación más aceptada es que criar a una hija hace más saliente la discriminación de género, tanto la que el padre observa en la vida de su hija como la que proyecta hacia el futuro de ella. Lo que el caso japonés añade es que ese mecanismo opera incluso en un entorno cultural que refuerza activamente las expectativas tradicionales.

"Muchos padres con hijas quizás no piensen conscientemente que sus hijas están cambiando sus opiniones políticas, pero nuestros resultados sugieren que la experiencia de criar a una hija puede aumentar la conciencia de los padres sobre la igualdad de género", señaló Ono.

Lo que el estudio no puede responder

Los autores son precisos sobre los límites de sus conclusiones. El estudio mide el efecto del sexo del primogénito, no el de tener múltiples hijas. El diseño no puede capturar si tener una segunda hija refuerza el cambio ni qué ocurre cuando el primer hijo es varón y el segundo es niña. Tampoco puede saber si los padres con actitudes más igualitarias votaron de forma diferente o participaron en política de manera distinta. La encuesta solo captura opiniones en un momento dado, no comportamientos.

Con esas cautelas, el patrón que describe el estudio tiene un interés que va más allá de la política comparada. La familia, con sus dinámicas cotidianas y sus experiencias concretas, es uno de los mecanismos por los que las actitudes sociales cambian de generación en generación. No solo de padres a hijos: también en la dirección contraria. Ese proceso, según los datos de Japón, no requiere un entorno culturalmente progresista para ponerse en marcha.

Referencia

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