El actor Dick Van Dyke tiene 100 años: este es el secreto de su larga vida, según él, pero también la ciencia
El actor Dick Van Dyke, que cumplió 100 años en diciembre de 2025, atribuye su longevidad a no despertarse nunca de mal humor, la ciencia lo respalda
"Nunca me levanto de mal humor." Dick Van Dyke lo dijo a la revista People en la víspera de su centésimo cumpleaños, en diciembre de 2025, cuando publicó su libro 100 Rules for Living to 100: An Optimist's Guide to a Happy Life. Para alguien que ha bailado claqué durante nueve décadas con el mismo entusiasmo visible con el que empezó, la afirmación suena a algo más que filosofía de vida. Y los investigadores que llevan décadas estudiando la longevidad dirían que probablemente lo es.
El estudio de las monjas y diez años de diferencia
Uno de los experimentos naturales más citados sobre emoción positiva y longevidad comenzó en la década de 1930, cuando una congregación de monjas católicas fue pedida a escribir breves autobiografías al ingresar en la orden. Seis décadas después, investigadores de la Universidad de Kentucky analizaron el contenido emocional de esos textos y lo cruzaron con los registros de mortalidad. El resultado fue llamativo: las monjas que habían expresado mayor emoción positiva en sus escritos juveniles vivieron en promedio diez años más que las que habían usado un lenguaje más neutro o negativo. El estilo de vida era prácticamente idéntico entre todas ellas: misma dieta, mismo entorno, mismos horarios, misma atención médica. Lo que variaba era la disposición emocional, capturada en unas pocas páginas escritas a los veinte años.
El optimismo y los 85 años: el paper de 2019
Un estudio más reciente y de mayor escala, publicado en 2019 en las Proceedings of the National Academy of Sciences por Lewina Lee y Nancy Koehn, de la Universidad de Boston y Harvard respectivamente, siguió a dos cohortes grandes (mujeres del Nurses' Health Study y veteranos del Vietnam Era Twin Study) durante décadas y midió su nivel de optimismo con cuestionarios validados. Las personas más optimistas tenían una esperanza de vida entre un 11% y un 15% más larga y, críticamente, mayores probabilidades de alcanzar lo que los investigadores llaman "longevidad excepcional": llegar a los 85 años o más. El efecto se mantuvo tras controlar por estado de salud basal, comportamientos de salud como el tabaquismo, y variables sociodemográficas.
Por qué funciona: las hipótesis
Los mecanismos por los que el optimismo podría extender la vida no están completamente establecidos, pero hay varias vías plausibles que la investigación ha ido documentando. Las personas optimistas tienden a manejar el estrés de forma más efectiva, lo que reduce la carga alostática (el desgaste acumulado del organismo por la activación crónica del sistema de estrés). Son más propensas a buscar atención médica, a adherirse a los tratamientos y a mantener comportamientos de salud como el ejercicio y la dieta equilibrada. Y tienden a construir y mantener redes sociales más ricas.
Ese último punto conecta con el hallazgo más robusto del estudio de longevidad más largo de la historia: el Harvard Study of Adult Development, que lleva en marcha desde 1938, ha seguido a más de 700 hombres y sus descendientes durante casi nueve décadas. Su conclusión central es que el mejor predictor de una vida larga y feliz no son los genes ni el dinero ni la dieta, sino la calidad de las relaciones personales. Los participantes que estaban más satisfechos con su comunidad de amigos y familia a los 50 años eran los más sanos a los 80, y menos propensos a desarrollar enfermedades graves o deterioro cognitivo.
El propósito como factor independiente
Junto al optimismo, el sentido de propósito aparece repetidamente en la literatura como predictor de longevidad. Un estudio publicado en JAMA Network Open en 2019 encontró que los adultos mayores de 50 con un fuerte sentido de propósito vital tenían mejores resultados físicos y mentales. El New England Centenarian Study de la Universidad de Boston, el mayor estudio del mundo sobre centenarios y sus familias, añade un dato particular: los hijos de centenarios son más propensos a tener un fuerte sentido de propósito que la población general, lo que se asocia con menores tasas de enfermedad, discapacidad y deterioro cognitivo.
Van Dyke y David Attenborough, que también cumplió 100 años este año y que sigue trabajando activamente, comparten ese rasgo además del optimismo: ninguno de los dos ha mostrado el menor interés en retirarse. Attenborough ha dicho repetidamente que detesta la idea del retiro. Van Dyke sigue bailando. No son anécdotas: son casos que encajan con precisión en lo que la ciencia de la longevidad predice sobre las personas que llegan a esas edades en buen estado.
Lo que la genética explica y lo que no
Las estimaciones actuales sitúan el componente genético de llegar a los 90 años en torno al 30%, dejando el 70% restante en el territorio de los comportamientos y el entorno. Eso no significa que el optimismo sea un botón que cualquiera pueda pulsar a voluntad: tiene raíces temperamentales que son parcialmente heredadas y se desarrolla en contextos biográficos que no siempre se eligen. Pero también es, en cierta medida, un hábito cognitivo y relacional que puede cultivarse: la terapia cognitivo-conductual, las prácticas de gratitud y el mantenimiento activo de vínculos sociales tienen todos ellos evidencia de efectos sobre el bienestar subjetivo y, de forma más indirecta, sobre los marcadores biológicos del envejecimiento.
Van Dyke, que no es investigador sino un centenario con buen humor y décadas de observación sobre su propia vida, lo formula de forma más directa: "La vejez es en parte un hecho, en parte un estado de mente, en parte suerte." La ciencia, sin la misma economía de palabras, llega a conclusiones bastante similares.
Referencia
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