La pesadilla de los nazis: hasta hace solo 3.000 años, los europeos eran todos negros
Un estudio con 348 genomas antiguos concluye que la mayoría de los europeos tuvo la piel oscura hasta hace unos 3.000 años, y que la piel clara solo se impuso ya entrada la Edad del Hierro
En 1938, Heinrich Himmler, jefe de las SS y arquitecto del Holocausto, envió una expedición de cinco científicos al Tíbet bajo el auspicio de la Ahnenerbe, la sociedad de investigación nazi dedicada a demostrar la superioridad de la raza aria. Liderados por el zoólogo Ernst Schäfer, los miembros de la expedición, incluido el antropólogo Bruno Beger, realizaron un viaje científico a Lhasa, Tibet, en 1939, donde se dedicaron a medir cráneos, tomar huellas dactilares y realizar moldes faciales de la población tibetana, especialmente de la aristocracia, en busca de pruebas que confirmaran la teoría pseudocientífica de que los antepasados de la raza aria habían encontrado refugio en el Himalaya.
La idea detrás de esta extravagancia es que la raza aria no compartía el origen común de la humanidad en África, desde donde nuestros antepasados Homo sapiens llegaron a Europa hace unos 54.000 años. En su lugar, deseaban fervientemente probar que los arios descendían de una especie superior, más blanca, claro.
Pero, en realidad, el europeo prehistórico pálido, de ojos claros y melena rubia, es una invención moderna. Durante la inmensa mayoría del tiempo que nuestra especie lleva habitando el continente, sus pobladores tuvieron la piel oscura, y esa apariencia se mantuvo hasta hace apenas unos milenios. Así lo concluye un análisis de ADN antiguo que reconstruye, con más cuidado que nunca, el color de la piel, el pelo y los ojos de los europeos de los últimos 45.000 años.
Lo que dicen 45.000 años de genomas europeos
El trabajo, publicado en la revista PNAS por un equipo de la Universidad de Ferrara que lideran Silvia Ghirotto y Guido Barbujani, examinó los genomas de 348 personas que vivieron entre hace 45.000 y 1.700 años en Europa y el oeste de Asia. Los números son elocuentes. A lo largo de ese enorme periodo, alrededor del 63% de los individuos analizados tenían la piel oscura, frente a apenas un 8% de piel clara, con el resto en tonos intermedios. La piel clara, el rasgo que hoy asociamos casi automáticamente a la ascendencia europea, no llegó a dominar hasta hace unos 3.000 años, ya metidos en la Edad del Hierro. Durante decenas de milenios anteriores, la piel, el pelo y los ojos oscuros fueron sencillamente lo normal.
Por qué es tan difícil leer un color de la piel en un hueso
Deducir el color de la piel a partir de un esqueleto de miles de años suena sencillo y no lo es en absoluto. El ADN antiguo llega roto y químicamente dañado, en fragmentos incompletos. Durante años los investigadores han usado una herramienta forense llamada HIrisPlex-S, que predice la pigmentación a partir de 41 posiciones concretas del genoma y funciona muy bien con muestras modernas y limpias. El ADN antiguo rara vez ofrece esa calidad, así que muchos recurrían a un atajo, la imputación, que rellena los huecos copiando patrones de bases de datos actuales.
El equipo de Ferrara puso a prueba ese atajo y comprobó que producía errores con frecuencia, sobre todo con el color de la piel. En su lugar aplicaron un método probabilístico que, en vez de dar una única respuesta por individuo, calcula miles de combinaciones posibles y solo acepta un rasgo cuando aparece de forma consistente. Esa cautela estadística es la que da valor a sus estimaciones, y también la que obliga a mirar con escepticismo muchas reconstrucciones anteriores.
Un cambio lento, desigual y sin línea recta
El relato clásico decía que, al llegar a Europa hace unos 45.000 años, los humanos modernos aclararon su piel bastante rápido para fabricar mejor la vitamina D con la luz más débil del norte. Los datos dibujan algo mucho menos ordenado. Los primeros genes asociados a una piel más clara asoman hace unos 14.000 años, pero se quedan raros y dispersos durante muchísimo tiempo. Curiosamente, los ojos claros se adelantaron a la piel y vivieron un pequeño auge ya en el Mesolítico, señal de que ambos rasgos no viajaban en el mismo paquete.
El gran empujón llegó con los agricultores neolíticos procedentes de Anatolia hace unos 10.000 años, que portaban variantes de piel clara, aunque ni siquiera entonces el cambio fue inmediato. La mitad de los individuos seguían mostrando tonos oscuros o intermedios bien entradas las edades del Cobre y del Hierro. Fue un proceso gradual, geográficamente irregular y moldeado por las migraciones, no una marcha limpia hacia la palidez.
De Cheddar Man al hombre de La Braña
Estos resultados encajan con varios hallazgos concretos que ya sorprendieron al público. El llamado Cheddar Man, un esqueleto inglés de unos 10.000 años, resultó tener piel oscura y ojos azules cuando se analizó su ADN en 2018, en contra de lo que todos daban por supuesto. La momia del glaciar, Ötzi, de hace unos 5.300 años, también era de piel notablemente oscura.
España tiene además su propio ejemplo de manual: el hombre de La Braña, un cazador-recolector de hace unos 7.000 años hallado en un yacimiento de León y analizado por un equipo del CSIC en Barcelona, combinaba igualmente piel oscura con ojos azules. Esa mezcla, hoy tan poco intuitiva, era perfectamente posible entonces, y demuestra que el color de los ojos y el de la piel siguieron caminos genéticos en parte separados.
Más allá de la curiosidad, el estudio deja una idea que conviene subrayar con calma. La apariencia que asociamos a un europeo es una capa muy fina y muy reciente sobre una historia larguísima, y varió enormemente de una persona a otra incluso dentro de una misma época y región. El color de la piel resulta, a la luz de estos datos, un indicador pésimo de la ascendencia o de la identidad de nadie, porque las poblaciones humanas nunca han dejado de moverse, mezclarse y cambiar. La próxima vez que imagines a un europeo de hace 20.000 años, quizá convenga sustituir la estatua de mármol pálido por alguien de piel oscura y ojos claros, mucho más parecido a nuestros ancestros africanos comunes.
REFERENCIA
- Inference of human pigmentation from ancient DNA by genotype likelihoods (Perretti, Santos, Vizzari, Tassani, Benazzo, Ghirotto y Barbujani, PNAS 122(29):e2502158122, 2025. DOI: 10.1073/pnas.2502158122)
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