¿La torre de Babel al revés? Así se extinguieron las lenguas de la humanidad, mucho antes del colonialismo
Un estudio con participación del ICREA en Barcelona estima que la diversidad lingüística alcanzó su cima hace unos 2.000 años, con quizá decenas de miles de lenguas, antes de desplomarse
Hoy se hablan o se signan alrededor de 7.500 lenguas en el mundo, una cifra que ya nos parece abrumadora y que, sin embargo, es solo la sombra de lo que llegó a existir. Un nuevo trabajo sugiere que la humanidad vivió una auténtica edad de oro lingüística, con muchas más lenguas de las que quedan hoy, y que la mayoría desapareció en un declive que empezó mucho antes de lo que solíamos pensar. El verdugo llegó de la mano de unos imperios bastante más antiguos que los colonizadores europeos.
Una edad de oro de las lenguas
El estudio, publicado en la revista Science, reconstruye cómo cambió el número de lenguas del planeta a lo largo del Holoceno, los últimos 12.000 años. Su conclusión es que la diversidad creció durante buena parte de ese periodo, tocó techo hace entre 1.000 y 3.000 años y después cayó en picado. En ese apogeo, que los autores bautizan como edad de oro, pudieron coexistir decenas de miles de lenguas, según algunas simulaciones del modelo entre 20.000 y 75.000, alrededor de diez veces más que al principio del Holoceno. Lo más sorprendente es lo reciente de esa cima, que llegó en plena era de los primeros estados y grandes imperios, y no en el Paleolítico remoto que uno imaginaría.
Cómo se cuenta lo que no dejó rastro
Contar lenguas prehistóricas parece imposible, porque no existen censos antiguos ni apenas registros. El equipo, dirigido por la lingüista Claire Bowern (Yale) y encabezado por Damián Blasi, investigador del ICREA en el Center for Brain and Cognition de la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona, lo resolvió con un modelo. Partieron de más de 170 sociedades actuales de cazadores-recolectores y pescadores para estimar el tamaño típico de un grupo humano, y con ello calcularon cuántas comunidades etnolingüísticas cabían en la población mundial de hace 12.000 años, que rondaba entre los 4,4 y los 7 millones de personas. Suponiendo que cada grupo hablaba una lengua distinta, salían entre 4.500 y 6.200 lenguas al arrancar el Holoceno, seguramente menos que hoy. A partir de ahí simularon miles de veces cómo esas lenguas se multiplicaban (al crecer y dispersarse las poblaciones con la agricultura) y cómo se fundían (al absorber las sociedades grandes a las pequeñas). El patrón se repetía una y otra vez: subida, pico hace unos 2.000 años y desplome.
El culpable fueron los imperios, no los colonos
Aquí está el hallazgo que rompe con la idea habitual. Solemos situar el gran exterminio de lenguas en los últimos 500 años, con la expansión colonial europea y el avance de idiomas gigantes como el inglés, el español o el mandarín. El modelo indica que el declive arrancó mucho antes, con la aparición de los estados y los imperios multinacionales, el Imperio romano entre ellos, que impusieron sus lenguas dominantes y arrinconaron las locales. Conviene una cautela importante, y los propios autores insisten en ella: esto es un modelo, no un censo. La trayectoria exacta es incierta, el trabajo no señala imperios ni regiones concretos, y hay factores locales (el momento en que llegó la agricultura a cada sitio, los grandes reemplazos de población) que la simulación no incluye. Aun así, todas las variantes del modelo dibujan la misma curva, y encaja con los casos de sustitución lingüística que sí conocemos por la historia.
Lo que esto cambia sobre el lenguaje
La consecuencia más profunda va más allá de la arqueología. Si las lenguas de hoy son las supervivientes de un cuello de botella, muchos de los rasgos que los lingüistas consideran universales o naturales podrían ser un espejismo. Cuando observamos que la mayoría de los idiomas colocan el sujeto al principio de la frase, tendemos a concluir que la mente humana prefiere que sea así. Blasi advierte de que quizá ese rasgo se haya vuelto el más común simplemente porque sobrevivieron las lenguas que lo tenían, no porque el cerebro lo prefiera. Dicho de otro modo, apelar a lo más frecuente o a lo natural deja de ser una guía fiable para entender cómo funciona de verdad el lenguaje.
El declive, por cierto, no ha terminado. Un estudio de 2022 calculaba que, sin medidas de protección, el ritmo de pérdida podría triplicarse y llevarse más de 1.500 lenguas antes de que acabe el siglo. La historia resuena con especial fuerza en la península ibérica, un mosaico lingüístico que Roma barrió casi por completo: el tartésico, el íbero, el celtíbero o el lusitano se apagaron bajo el latín, y solo el euskera sobrevivió como única lengua preindoeuropea de Europa occidental. La reciente aparición de la mano de Irulegi, una pieza de bronce con escritura vascónica hallada en Navarra, es uno de esos escasos susurros de aquel mundo perdido. La buena noticia, como recuerda Bowern, es que la desaparición de una lengua no es inevitable, y hoy disponemos de herramientas para protegerlas que hace 3.000 años ni existían.
REFERENCIA
- The rise and fall of language diversity through the Holocene (Blasi, Hamilton, Gray y Bowern, Science 393:387-391, 2026. DOI: 10.1126/science.adx4343)
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