Así pueden los microplásticos atravesar la placenta y cambiar las hormonas del feto

placenta

Con un modelo de una placenta humana en miniatura con tres capas de células se comprobó que casi todos los microplásticos probados la atravesaban y alteraban la producción de hormonas

Los diminutos fragmentos de plástico aparecen ya en casi cualquier rincón donde los buscamos, y nuestro cuerpo no es una excepción. Se han detectado en la sangre, en la placenta, en el líquido amniótico e incluso en las primeras heces de los recién nacidos. La gran pregunta, la de si esos plásticos llegan de verdad hasta el feto y si le hacen algo, seguía sin respuesta clara. Un nuevo trabajo se acerca a ella con un ingenioso truco de laboratorio, aunque conviene decir de entrada que sus conclusiones no deben sembrar el pánico entre las embarazadas.

Índice
  1. Plástico hasta en la placenta
  2. Una placenta de tres capas en una placa
  3. Casi todos la cruzaron
  4. También movieron las hormonas
  5. Por qué no hay que asustarse todavía
  6. REFERENCIA

Plástico hasta en la placenta

La preocupación tiene una base real. Un estudio previo halló microplásticos en las 30 placentas humanas que analizó, en todas y cada una. La presencia de estas partículas alrededor de un feto inquieta porque las primeras etapas del desarrollo, cuando se traza el plano del futuro organismo, son especialmente sensibles a cualquier interferencia. Los experimentos con ratones habían dado señales preocupantes, pero la placenta de un roedor y la humana se parecen poco, así que sus resultados no se pueden trasladar sin más. Los modelos celulares que existían hasta ahora, además, eran demasiado simples para reproducir la complejidad de la frontera entre madre y feto.

Una placenta de tres capas en una placa

Para salvar ese obstáculo, el equipo liderado por Jeske van Boxel, de la Universidad Libre de Ámsterdam, construyó una réplica en miniatura de la barrera placentaria con tres capas de células humanas vivas, según describe en la revista Molecular and Cellular Endocrinology. La primera capa imita el tejido que recubre la superficie de la placenta; la segunda procede de la vena de un cordón umbilical; y la tercera, de la glándula suprarrenal, hace las veces de la principal fábrica de hormonas del conjunto, la llamada suprarrenal fetal. Sobre esa estructura fueron depositando distintos tipos de micro y nanoplásticos para ver dos cosas: cuáles lograban atravesarla y cómo afectaban a las hormonas que producían las células.

Casi todos la cruzaron

El primer resultado fue llamativo. A lo largo de 72 horas, la mayoría de los plásticos ensayados (poliestireno, PVC, PET y otro polímero llamado PMMA) atravesaron todas las capas de la membrana y aparecieron al otro lado. El único que no se detectó en cantidades medibles fue la poliamida. Las imágenes de microscopía mostraron, además, buena parte de las partículas incrustadas en las dos primeras capas de células, aunque no en la tercera. La barrera, en este modelo, resultó ser bastante permeable a los plásticos más pequeños.

También movieron las hormonas

La segunda parte del experimento entra en un terreno más delicado, el hormonal. Antes de añadir ningún plástico, el modelo ya fabricaba 19 hormonas esteroideas distintas por vías muy parecidas a las que operan en un embarazo humano. Al introducir los polímeros, algunas de esas hormonas se movieron: varios plásticos redujeron los niveles de una llamada etiocolanolona, mientras que el poliestireno alteró los de estrógenos. Dado el papel decisivo que tienen las hormonas esteroideas durante la gestación, los autores subrayan que hará falta mucha más investigación para entender por qué ocurre esto y qué significa.

Por qué no hay que asustarse todavía

Aquí es donde toca poner las cosas en su sitio con calma. Todo esto ha ocurrido en una placa de laboratorio, en un modelo de células, no en el cuerpo de una embarazada ni siquiera en una placenta completa. Lo que demuestra es que existe una vía plausible y un posible efecto, no que los plásticos estén dañando a los bebés. La propia van Boxel lo dice sin rodeos: que estas partículas puedan cruzar un modelo de placenta e influir en sus hormonas no implica de forma directa que causen un perjuicio durante el embarazo.

Los niveles hormonales del modelo, de hecho, difieren de los de una gestación real, y los mecanismos siguen sin conocerse. Ninguna embarazada debería alarmarse por esto, entre otras cosas porque evitar el plástico por completo hoy resulta imposible y sus efectos sobre la salud continúan siendo una incógnita. El valor del estudio está en orientar la investigación futura y, con el tiempo, la regulación.

Los modelos como este son, precisamente, la manera de ir respondiendo poco a poco a la pregunta de fondo sin experimentar con embarazos reales. El estado honesto de la cuestión, por ahora, es que sabemos que los microplásticos entran en nuestro cuerpo, que en el laboratorio son capaces de atravesar una barrera parecida a la placentaria y de tocar el sistema hormonal, y que ignoramos si eso tiene consecuencias reales. La ciencia española está en el centro de esa búsqueda, ya que el proyecto europeo AURORA, del que forma parte este trabajo, cuenta con investigadores del ISGlobal de Barcelona. Reducir la exposición innecesaria al plástico es sensato por muchos motivos, aunque este estudio, por sí solo, invita más a seguir investigando con cabeza que a tener miedo.

REFERENCIA

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