Los conspiranóicos tienen un superpoder mental: así funciona
Los creyentes más convencidos en conspiraciones tienen una probabilidad del 91% de aceptar proposiciones incompatibles, pero ¿cómo lo hacen?
Una de las grandes teorías de la conspiración del siglo XX fue que que la princesa Diana de Inglaterra fue asesinada por el MI6, el servicio secreto británico. Otra teoría dice que la princesa Diana fingió su propia muerte, y vive feliz en alguna isla remota. Las dos versiones no pueden ser verdad al mismo tiempo: si la asesinaron, no pudo haberse escapado. La lógica es elemental y, sin embargo, muchas de las personas que rechazan la versión oficial de su muerte, un accidente fatal de coche, creen las dos teorías a la vez.
Lo mismo ocurre, por ejemplo, con las personas que creen que el virus causante del COVID se fabricó en un laboratorio y, al mismo tiempo, que el virus nunca existió. También quienes piensan que la misión Apolo que llegó a la Luna fue un fraude, y al mismo tiempo creen que hay bases lunares en la cara oculta, y así sucesivamente.
Un problema matemático, no solo psicológico
El nuevo estudio, firmado por Alessandro Miani (Universidades de Friburgo y Bristol), Nicole Cruz (Universidad de Potsdam) y Stephan Lewandowsky (Bristol y Potsdam), parte de una idea tomada de la teoría de la probabilidad. Cuando dos explicaciones de un mismo hecho son mutuamente excluyentes (una es incompatible con la otra), la suma de las probabilidades que le asignamos a ambas no puede superar el 100%.
La lógica es la misma que la de una pizza: si la repartes, el total no puede superar la que tienes. Si asignas un 90% de probabilidad a que Diana fue asesinada y otro 90% a que lo fingió, has repartido el 180% de una pizza de la que solo hay una, y eso viola un principio básico del pensamiento racional. Los autores llaman a esa violación incoherencia, y la cuantifican con una puntuación individual basada en cuánto se aleja cada persona de los límites de la coherencia. Publican sus resultados en la revista PNAS Nexus.
Del 3% al 91% según el nivel de conspiranoia
El primer estudio reanalizó los datos de ocho investigaciones previas que suman 8.590 participantes de Serbia, el Reino Unido, los Países Bajos y Estados Unidos, todos ellos confrontados con pares de explicaciones conspirativas incompatibles entre sí. Al aplicar la nueva medida probabilística en lugar de las correlaciones entre ítems que se habían usado hasta ahora (un método con varios problemas técnicos que el trabajo detalla), el patrón emergió con una nitidez que estudios anteriores habían difuminado.
En quienes puntuaban bajo en creencias conspirativas, la probabilidad de ser incoherente era del 3%. En quienes puntuaban en el extremo más alto del conspiracismo, esa probabilidad ascendía al 91%. Por cada punto de aumento en la escala de conspiracismo, las probabilidades de incoherencia se triplicaban. Los autores comprobaron además mediante simulaciones que este resultado no se debe a respuestas descuidadas o al azar, lo que lo convierte en un efecto sistemático y deliberado.
Contrarios frente a contradictorios: la distinción que importa
El trabajo introduce también una distinción lógica que en los estudios anteriores se había ignorado y que resulta crucial. Dos afirmaciones son contradictorias cuando no pueden ser ni las dos verdaderas ni las dos falsas: "Diana murió" y "Diana no murió" no admiten ninguna otra opción. En cambio, dos afirmaciones son contrarias cuando no pueden ser ambas verdaderas, pero sí pueden ser las dos falsas: "Diana fue asesinada por el MI6" y "Diana fingió su muerte" son contrarias, porque existe una tercera posibilidad (murió en un accidente de coche en París).
Al revisar todos los pares de teorías incompatibles usados en los estudios previos, los investigadores descubrieron que ninguno era técnicamente contradictorio: todos resultaron ser contrarios, y algunos eran incluso compatibles entre sí. Esta imprecisión había contaminado en parte las comparaciones entre trabajos anteriores.
Dos mecanismos, no uno
El segundo estudio, preregistrado, con 469 participantes estadounidenses, fue más allá de confirmar el patrón al intentar descomponerlo. Para evitar que la incoherencia fuera simplemente el resultado de haber estado expuesto antes a teorías incompatibles, los investigadores usaron viñetas de eventos ficticios que ningún participante podía haber leído de antemano. Los resultados apuntan a que la incoherencia tiene dos componentes distintos.
El primero es específico del contenido conspirativo: los creyentes más fuertes tienden a endosar cualquier explicación que encaje con su cosmovisión de "la versión oficial es mentira", sin calibrar si esas explicaciones son compatibles entre sí. El segundo es más general: los más creyentes en conspiraciones también cometen más errores lógicos ante pares de afirmaciones completamente neutrales, sin ningún contenido conspirativo, lo que sugiere una menor vigilancia lógica que trasciende el tema de las conspiraciones.
Por qué encaja la lógica aun así
El resultado podría interpretarse como que los conspiranoicos son simplemente irracionales, pero el trabajo matiza ese veredicto. La cosmovisión conspirativa opera como un marco de orden superior que da coherencia interna a afirmaciones que, vistas por separado, se excluyen: ambas versiones sobre Diana encajan con la idea de que "los poderosos mienten". El creyente resuelve la tensión lógica de las dos versiones incompatibles destacando el denominador común (la desconfianza en las autoridades) y restando importancia a los detalles que las hacen excluyentes. La incoherencia, en ese sentido, refleja una forma de pensar en la que el relato global prima sobre la consistencia interna de las piezas.
El trabajo resuelve también una controversia interna de la psicología de las conspiraciones. Un estudio de 2023 había argumentado que la incoherencia estaba sobreestimada, con menos del 3% de los participantes creyendo de verdad teorías incompatibles. Los autores demuestran que ese resultado se debía a que la correlación entre ítems, que es lo que midieron los estudios previos, no distingue entre quienes rechazan ambas teorías y quienes las creen: los incrédulos también generan correlaciones positivas al desestimar con igual energía las dos versiones. Al medir la incoherencia a nivel individual y con una métrica probabilística, el cuadro cambia por completo. La incoherencia conspirativa existe, es robusta y crece de forma marcada con el nivel de creencia. El 91% en el extremo más alto habla por sí solo.
REFERENCIA
- Still very much dead and alive: Incoherence in conspiracism as a departure from Bayesian rationality (Miani, Cruz y Lewandowsky, PNAS Nexus 5(8):pgag250, 2026. DOI: 10.1093/pnasnexus/pgag250)
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