Dieta Keto o dieta mediterránea, ¿quién gana? Tú hígado lo tiene claro

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En un ensayo clínico con 55 personas obesas y con hígado graso, las tres dietas mejoraron la salud metabólica, pero la cetogénica redujo más grasa visceral y produjo remisión de la prediabetes

Perder el mismo peso con distintas dietas no siempre produce los mismos efectos en el organismo. Eso es lo que sugiere un ensayo clínico publicado en la revista Cell Metabolism por investigadores de la Facultad de Medicina de la Universidad Washington en San Luis. El equipo no estaba interesado en cuál de las tres dietas adelgazaba más, sino en qué le pasaba al metabolismo cuando la pérdida de peso era equivalente en todas ellas.

Índice
  1. Misma pérdida de peso, distintas dietas
  2. Lo que mejora igual en las tres
  3. Lo que solo mejoró con la dieta cetogénica
  4. Lo que favoreció la dieta mediterránea
  5. Los resultados, con cautela
  6. REFERENCIA

Misma pérdida de peso, distintas dietas

Los 55 participantes del estudio compartían un perfil clínico concreto: obesidad, prediabetes e hígado graso, una combinación que la medicina conoce como obesidad metabólicamente no saludable y que afecta a millones de personas en todo el mundo. Todos recibieron el cien por cien de su comida preparada y se reunían semanalmente con una dietista, lo que garantizó un cumplimiento de la dieta muy superior al habitual en este tipo de estudios.

El objetivo era que cada participante perdiera alrededor del 10% de su peso inicial, una cifra que los tres grupos alcanzaron en cuatro o cinco meses. Solo entonces se compararon los parámetros de salud metabólica. Los tres regímenes tenían composiciones de macronutrientes muy distintas: la dieta cetogénica (keto) obtenía el 73% de las calorías de las grasas y era muy baja en carbohidratos; la mediterránea, asociada a la cocina tradicional del sur de Europa, equilibraba grasas, carbohidratos integrales y proteínas; y la dieta baja en grasa de base vegetal invertía la proporción cetogénica, con un 15% de calorías procedentes de grasas.

Lo que mejora igual en las tres

El primer resultado importante es que los tres enfoques funcionaron: todos los participantes mejoraron la sensibilidad de los músculos a la insulina y redujeron su masa grasa. Los perfiles de colesterol en sangre fueron similares entre los tres grupos, lo que desmintió el temor de que la dieta cetogénica, muy rica en grasas saturadas, pudiera empeorar el riesgo cardiovascular. El investigador principal, Max Petersen, destacó que el beneficio universal de perder un 10% del peso en personas con obesidad metabólicamente no saludable era ya en sí mismo un hallazgo relevante, independientemente de la dieta empleada.

Lo que solo mejoró con la dieta cetogénica

Las diferencias más notables aparecieron en el hígado. Las personas en el grupo cetogénico redujeron su grasa hepática en un 67%, frente al 45% del grupo mediterráneo. La producción de triglicéridos por parte del hígado, que en exceso se asocia a enfermedad hepática e inflamación, también disminuyó más en ese grupo, al igual que la sensibilidad a la insulina del propio hígado. El resultado más llamativo fue el de la prediabetes: la mitad de los participantes en la dieta cetogénica ya no cumplía los criterios diagnósticos al final del estudio, frente al 29% en el grupo mediterráneo y solo el 7% en el grupo de dieta vegetal baja en grasas. El autor sénior, Samuel Klein, señaló que reducir el consumo de carbohidratos, especialmente de azúcares, puede tener efectos terapéuticos en el metabolismo que van más allá de la simple pérdida de peso en personas con estas condiciones.

Lo que favoreció la dieta mediterránea

La imagen no es de victoria total de la dieta cetogénica. La dieta mediterránea mostró una ventaja propia que los autores destacan: los participantes en ese grupo perdieron más grasa y conservaron más masa libre de grasa, es decir, músculo y tejido no adiposo. Mantener la masa muscular es especialmente importante en el envejecimiento y en la recuperación de la salud metabólica a largo plazo, y ese matiz sugiere que la elección de la dieta puede depender de qué objetivo se priorice en cada caso clínico.

Los resultados, con cautela

El estudio tiene límites claros que sus propios autores reconocen. La muestra es pequeña (55 personas), el seguimiento es corto (cuatro o cinco meses), y la provisión de toda la comida preparada, aunque asegura el cumplimiento, no reproduce las condiciones reales de la vida cotidiana. Los resultados se refieren exclusivamente a personas con obesidad, prediabetes e hígado graso, de modo que no cabe extrapolarlos a la población general ni a personas sin esas condiciones.

Entre los expertos externos que comentaron el estudio cabe señalar que Jeff Volek, de la Universidad Estatal de Ohio, es un conocido defensor y divulgador de las dietas cetogénicas con intereses comerciales en ese ámbito, lo que conviene tener en cuenta al valorar sus comentarios favorables al estudio. Sai Das, de la Universidad de Tufts, ajena al trabajo, señaló que los resultados son prometedores para pacientes que necesiten reducir la grasa hepática antes de una cirugía, pero insistió en que hacen falta estudios a largo plazo. Klein mencionó su interés en combinar en el futuro estas dietas con los fármacos GLP-1 como la semaglutida, para entender cómo la alimentación y la medicación pueden actuar de forma complementaria en personas con obesidad metabólica.

La conclusión más honesta que permite el estudio es que la composición de la dieta importa más allá de la pérdida de peso en sí, al menos en personas con el perfil clínico estudiado. No hay una dieta universalmente mejor: hay dietas con ventajas específicas para condiciones concretas, y la elección más adecuada para cada persona sigue siendo una conversación con el profesional sanitario que la atiende.

REFERENCIA

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