Sí, las verduras son buenas, pero solo porque tienes bacterias dentro
Investigadores suecos han identificado una reacción química por la que las bacterias del intestino combinan el nitrato y el hierro de verduras y legumbres para fabricar compuestos que mejoran la salud
Sabemos que comer verduras es bueno para la salud cardiovascular. Lo que no sabíamos, hasta ahora, es que parte de ese beneficio podría producirse en el intestino, donde las bacterias que viven allí transforman ingredientes corrientes de la dieta en algo nuevo. Un estudio del Instituto Karolinska acaba de identificar ese proceso con un nivel de detalle sin precedentes.
La reacción que nadie había visto
El punto de partida son dos nutrientes habituales en una dieta rica en plantas. El nitrato se encuentra en grandes cantidades en remolachas, espinacas, rúcula y lechuga. El hierro no hemo, la forma de hierro que contienen los alimentos vegetales, aparece en legumbres, cereales integrales y verduras de hoja verde.
El equipo, liderado por Andrei L. Kleschyov y los catedráticos Mattias Carlström y Jon Lundberg, descubrió que las bacterias intestinales pueden combinar ambos compuestos para fabricar unas moléculas llamadas complejos dinitrosilo-hierro (DNICs, por sus siglas en inglés). Esas moléculas son absorbidas por el intestino y se distribuyen por la sangre hasta los tejidos, con una presencia especialmente alta en el hígado y los riñones. Los resultados se publican en la revista Cell.
La microbiota, pieza indispensable
Para confirmar que eran las bacterias del intestino las responsables de fabricar los DNICs, los investigadores recurrieron a una comparación definitiva: ratones criados en condiciones de esterilidad absoluta, sin ningún microbio en su interior. En esos animales libres de gérmenes, los DNICs eran completamente indetectables.
En ratones normales, con su microbiota habitual, los compuestos aparecían con claridad en múltiples tejidos. La diferencia era total, lo que apunta de forma inequívoca a que las bacterias intestinales son el actor esencial en esta química. El hallazgo añade una nueva función al microbioma intestinal: además de ayudar a la digestión o regular el sistema inmunitario, también sintetiza señales biológicas a partir de lo que comemos.
Los efectos en modelos animales
Para comprobar si los DNICs tenían algún efecto medible en la salud, los investigadores elevaron sus niveles de dos maneras distintas en un modelo animal de enfermedad cardiovascular y metabólica: administrando suplementos dietéticos de nitrato y hierro, o inyectando DNICs fabricados en laboratorio.
Ambas estrategias se asociaron a mejoras en varios indicadores: menor presión arterial, mejor función vascular, mayor control del azúcar en sangre y reducción de la acumulación de grasa en el hígado. Como explica Carlström, los resultados ayudan a explicar por qué una dieta rica en verduras, que aportan tanto nitrato como hierro, se relaciona con menor riesgo de varias enfermedades. El mecanismo que une el tenedor con el corazón podría pasar, en parte, por estas moléculas fabricadas en el intestino.
El paso pendiente: confirmar en personas
El propio equipo subraya que la mayor parte de la evidencia procede de modelos experimentales (ratones, células, bacterias y muestras humanas analizadas en laboratorio), y que aún queda trabajo por hacer antes de saber cuánto importa este proceso en las personas. El siguiente reto es desarrollar métodos fiables para medir los DNICs en el ser humano, rastrear cómo se producen y se distribuyen por el organismo, e identificar si ciertos alimentos o cambios en la microbiota pueden alterar sus niveles de forma clínicamente útil. No hay, por tanto, una recomendación dietética que se derive directamente de este estudio: lo que ofrece es una explicación mecanística nueva, un eslabón antes desconocido en la cadena que va de la verdura en el plato a la salud del corazón.
El hallazgo encaja bien con lo que se sabe sobre la dieta mediterránea y otras dietas ricas en plantas, que combinan de forma natural alimentos con alto contenido en nitrato y en hierro vegetal. La ciencia llevaba tiempo sabiendo que esa combinación es protectora; ahora tiene una pista concreta sobre dónde y cómo ocurre parte de esa protección. Si los estudios en personas confirman el patrón, los DNICs podrían convertirse en un marcador relevante para entender cómo lo que comemos llega a influir en nuestros vasos y en nuestro metabolismo, con las bacterias intestinales como intermediarias insospechadas.
REFERENCIA
- Gut microbiota generate dinitrosyl iron complexes with cardiometabolic benefits (Kleschyov, Shimari, Boeder, Schiffer, Carlström, Lundberg et al., Cell, 2026. DOI: 10.1016/j.cell.2026.07.055)
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