¿Por qué los niños adoptados abandonan de adultos a su familia?
Una investigación da voz, con más detalle que nunca, a personas adoptadas que decidieron reducir el contacto con la familia que las crió.
Existe una pregunta que casi nadie formula en voz alta: qué ocurre cuando la persona a la que una familia adoptó, ya adulta, decide poner distancia con quienes la criaron. La sociedad tiene guiones muy elaborados para hablar de las adopciones cuando los niños son pequeños. Tiene muchos menos para lo que sucede 20 o 30 años después, cuando esa misma persona, convertida en adulta, empieza a decidir cuánto contacto quiere mantener con sus padres adoptivos. Buena parte de la ciencia sobre paternidad se ha concentrado en el otro extremo, en cómo afecta a la salud de quien cría convertirse en madre o padre, y ha dejado mucho más en la sombra qué ocurre cuando quien decide es el hijo ya adulto.
Por qué alejarse de una familia adoptiva no es como cualquier ruptura
Un equipo encabezado por Jae In Kim y Amanda L. Baden acaba de publicar en la revista Journal of Family Psychology un trabajo cualitativo, titulado "Family is a really complicated word for me" ("La familia es una palabra muy complicada para mí"), que ha optado por dejar hablar directamente a adultos adoptados. En entrevistas, estas personas describen con sus propias palabras cómo llegaron a distanciarse de su familia adoptiva y qué significa para ellas la propia palabra «familia». El planteamiento del estudio parte de una idea que el mismo equipo ya había apuntado antes: la dinámica de una familia adoptiva, con sus capas añadidas de identidad, pertenencia y una historia de origen que casi nunca se elige, puede no funcionar igual que la de una familia biológica cuando la relación se enfría.
Lo que ya sabían sobre el contacto y el malestar
Este grupo de investigación no parte de cero. En 2025 había publicado en The Family Journal un estudio con 205 adultos adoptados, una muestra buscada a propósito para incluir a muchas personas con una relación difícil con sus padres adoptivos. Los resultados mostraban dos vínculos claros.
Quienes mantenían un contacto más frecuente con su familia adoptiva describían, de media, una relación más positiva con ella. Quienes describían, a su vez, una relación más positiva presentaban niveles más bajos de ansiedad y de depresión. Contacto, calidad del vínculo y salud mental caminaban juntos.
Conviene leer esa cifra con matices. Al buscar deliberadamente a personas con vínculos complicados, la muestra no representa a la mayoría de los adultos adoptados, que suelen describir relaciones estables con quienes los criaron. Lo valioso de este programa de investigación es justo lo contrario: acercarse a la minoría que sí opta por distanciarse, un grupo del que la psicología de familia apenas tenía datos propios, distintos de los que existen sobre el distanciamiento entre padres e hijos biológicos.
Una decisión que también empieza a notarse en España
El estudio se hizo con población estadounidense, así que sus cifras no son extrapolables a España. Sin embargo, el fenómeno de fondo sí tiene aquí un correlato demográfico. España vivió entre finales de los noventa y mediados de la década de dos mil un auge de la adopción internacional que llegó a superar los 3.000 menores adoptados en el año 2000, según los datos del Observatorio de la Infancia.
Esa cifra se ha desplomado hasta los 183 menores en 2023. Quiere decir que buena parte de quienes fueron adoptados durante aquel auge son hoy adultos jóvenes, justo la edad en la que, según esta línea de investigación, empiezan a tomarse este tipo de decisiones sobre el contacto con la familia.
Otros trabajos han relacionado el tipo de apego construido en la infancia con decisiones vitales muy posteriores, como la de tener más hijos ya en la edad adulta, lo que refuerza la idea de que los primeros vínculos familiares dejan una huella que se prolonga durante décadas, mucho después de que el niño haya crecido y haya dejado de depender de sus padres.
El propio equipo de investigación advierte de que las dinámicas dentro de una familia adoptiva pueden diferir, de formas todavía poco exploradas, de las que se dan en el resto de las familias. Es una llamada de atención útil frente a la tentación de tratar cualquier alejamiento familiar, sea cual sea su origen, con la misma vara de medir.
Algo parecido ocurre con otros temas de familia que la ciencia solo empieza a mirar con detalle, como el trato distinto que reciben los hijos según su papel dentro de la casa, un asunto que también aparece al hablar de el hijo favorito en cualquier tipo de familia.
La conclusión práctica de este trabajo no apunta tanto a los adoptados como a quienes los acompañan. Buena parte del apoyo psicológico especializado en adopción se concentra en la infancia y desaparece justo cuando el hijo cumple la mayoría de edad, que es el momento en que estas decisiones sobre el contacto empiezan a tomar forma de verdad.
Extender ese acompañamiento hacia la vida adulta, con profesionales que entiendan las particularidades de un vínculo construido y no heredado por biología, parece una tarea pendiente tanto para los servicios de adopción como para la terapia familiar en general.
REFERENCIAS
Kim, J. I., Randall, R., Jasmin, M., Nova, S., Kobus, A., Holtz, M. N., Nsenkyire, K., Haywood, T., & Baden, A. L. (2026). "Family is a really complicated word for me": Adopted adults reflect on adoptive family distancing. Journal of Family Psychology, publicación anticipada online. PMID: 42721341.
Baden, A. L., Kim, A. Y., Randall, R., Jasmin, M., Kobus, A., Haywood, T., Nsenkyire, K., & Holtz, N. (2025). It's Complicated: Adult Adoptees' Relationship Quality and Contact Frequency in Estrangement. The Family Journal, 33(2), 270-279.
Ministerio de Juventud e Infancia / Observatorio de la Infancia. Estadísticas de adopción internacional, años 2019-2023.
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